sexhistorias

StartSpace.com

Your homepage - Add to favorites - Own website

Live webcams

» Meer webcams

Register

Check your subdomain name for availability:

.startspace.com

Overview

Loli aprende a conducir (VII)

Moni y yo teníamos sexo y Carlos más bien estaba observando. Pero quería participar. Webcam porno
Soy Loli, la profesora de secundaria que aprovechó el verano para sacarse el carné de conducir. Mi buen amigo Carlos, profe como yo, estaba una temporada en mi casa. Estábamos en el coche de prácticas, desnudos, Moni la profesora de autoescuela, Carlos y yo. Moni y yo teníamos sexo y Carlos más bien estaba observando. Pero quería participar. Carlos nos tocaba y pellizcaba con una mano y con la otra le daba a su manubrio, venga, dale que te pego, arriba y abajo, su pene estaba para reventar. -Loli, cariño, me voy a correr, chúpame la polla, por favor, hazme una mamada. Incliné mi cabeza mientras Moni me tenía cogida por un pezón, amasandome la teta izquierda y seguía follando con la palanca de cambios. Metí su pene en mi boca, lo chupé lo mejor que pude, acariciando sus testículos con una mano y corriendo su pellejo con la otra, Carlitos duró muy poco, se corrió enseguida en mi cara, me separé y la mayor parte calló en mis tetas, por el canalillo y junto a los pezones. Moni se acercó a chupar semen, chupaba un pezón, luego el otro, yo estaba a reventar de excitación, me apetecía ser penetrada en ese momento ya que teníamos dos penes a nuestra disposición. Como el de Carlitos estaba un poco caído, como los pechazos de Moni, mordí en su orejilla que me dejase follar con la palanca un poco, Moni había tenido ya dos o tres orgasmos, la palanca estaba cholleando de sus jugos. Chupé la palanca y saboree el interior de Moni, era indudable hubiera adivinado que se trataba de los jugos de Moni, creo que ahora podría adivinar con los ojos cerrados quien eran mis pasadas amantes solo chupandoles su coñito. Poco a poco me fui metiendo la palanca de cambios en mi interior, rozaba en mi clítoris y eso me calentaba un montón (estoy súper mojada solo de pensar en aquel momento y ponerlo por escrito). Ahhh, estaba chorreando, poniendo mi jugo sobre el de ella. Moni no me dejaba sola en ese momento de placer sino que me acariciaba con mucha ternura los pechitos en la zona más sensible y me besaba tiernamente y con pasión la boca, mientras sus caderas se rozaban suavemente con las mías y nuestros peludos coños se entrelazaban dandonos miles de sensaciones gratificantes. Carlitos estaba recuperando el tamaño de su pene, le ayudaba con sus frotamientos. Realmente le hacíamos poco caso, su papel era más de voyeur que otra cosa, nos acariciaba pero nosotras no a él. En eso que Carlos se coloca detrás de mí, y me mete un dedito en el culo, mi coño estaba frotándose deliciosamente con la palanca. Su dedito entraba y salía, mojado en los flujos que ambas desprendíamos y en su misma saliva, fue penetrándome, uno dedo, luego dos, luego tres. Mi culo se iba adaptando, yo ya sabía lo que venía después, y me mojaba más de pensarlo y morreaba a Moni con más pasión y nuestras manos magreaban más a la compañera. Carlitos dirigió su pene a la entrada de mi ano, ya enrojecido, ya lubricado. Metió su cabecita, un poco, goteaba, un poco más, ya iba entrando a la mitad, yo seguía arriba y abajo con la palanca en mis entrañas, casi todo su tamaño, era el pene falso más largo que me había metido, casi 30 centímetros, dicen que los negros la tienen más grande, pero yo no he visto ninguna así. Carlitos quería coger el ritmo pero le costaba, cuando yo subía, él se quedaba fuera y eso no le gustaba nada. Yo seguía gimiendo, Moni también, nos besábamos, nos tocábamos, una a otra le metía un dedo cerca del clítoris, cerca de la rajita peluda, yo tocaba sus labios mayores que le colgaban como a ninguna mujer de las que he conocido intimamente, unos labios de los que se podían cortar un filetito de carne, era muy excitante acariciar toda esa carne calentita, ese pellejito lleno de terminaciones nerviosa y pelitos castaños y alguno rubito. Mi coñito era más oscuro y mis labios era menos prominente pero mi clítoris sobresalía como un pequeño pene sobre todo en esos momentos de intensa excitación que nos estabamos proporcionando. Carlos estaba cogiendo mi ritmo, cuando yo subía, él también, tenía medio pene dentro de mi culo, un poco más, ahora un poco más. -Ahhh, venga, joder, tío, métemela ya de una puta vez. Me estaba poniendo negra, el tío no era capaz de seguir mi ritmo. Puso sus manos en mis pechos y se pegó más a mí, era como cuando uno se monta a un caballito, me estaba montando por detrás y para no caerse se agarraba a mis pechos. Moni acariciaba mis cadera, mis cachetes, me los abría un poco para facilitar a Carlos que me penetrara mi culita virtuoso. Lo iba consiguiendo, ahora entraba cuando subía y se salía un poco al bajar. De repente dió una arremetida más fuerte, me metió toda su polla de golpe. Dí un grito enorme, me estaba rompiendo el culo -Ahhh, pedazo de maricón, eres un cerdo, qué crees que soy una puta barata?? -Eso es lo que eres una puta, pedazo de putón verbenero, y encima una cerda lesbiana. -Oye, cabrón, sin ofender a mi amiga Loli, somos bisexuales a mucha honra y no vamos a permitir a un maricón pajero que nos insulte, así que si no te gustamos te largas con la mierda de polla que tienes entre las piernas. No te necesitamos, hasta una simple palanca de cambios nos da más placer que tu ridícula polla de mierda. -Ahhh, mmm, tranquila, cariño, que me estás poniendo a cien con esas palabras, anda ponte detrás de mí, y acaríciame el culo, cielo, anda Moni. Hice un gesto a Moni para que accediese, a fin de cuentas, esas palabras subidas de tono me estaban excitando mucho y quería que Carlos siguiera penetrandome el culo. Esta doble penetración era lo más caliente que experimentaba en días. Moni se puso detrás de Carlos y le sacudió una bofetada en el culo, que se le enrojeció rápidamente. No pareció importarle mucho sino que la sorpresa que le produjo hizo que me penetrase más profundo y golpease con sus huevos en mi culo al intentar atravesarme más. Moni se acariciaba la pepita ardiente y sus labios colgantes de su coño y luego subía su mano a sus pezones dandose pellizcos para sentirse sensible y excitada a la vez que nosotros lo estábamos. Sacudió otra vez a Carlos en el culo, otra bofetada. -Sí, pégame, más, que me corro, ahhhh, sigue putita, eres fantástica. Moni dejó de pegarle no fuera a ser que le gustara demasiado y nos oyeran en toda la calle, aunque realmente eso nos dejó de importar hace tiempo porque con las respiraciones de los tres los cristales estaban empañados y nadie podía ver nuestros cuerpos desnudos. Únicamente tal vez los saltitos que los amortiguadores del coche daban podían desde fuera hacer pensar en algo sospechoso. Moni empezó a acariciar alrededor del ano a Carlos, despacio, mojando su dedo con saliva, haciendo un círculo, como solo la caricia de una mujer sabe hacer, con cariño y ternura, ahora penetrando un poquito, hasta oir a Carlitos un susurro, una exclamación, como cuando estás escocida. Un dedito, un poco más, en círculo, más, casi todo el dedo. -Ahhh, cariño, me vuelves loco, sigue, no me habían metido nada como eso por el culo. Sigue que me corro, no puedo más. Yo indirectamente lo estaba disfrutando porque los gemidos electrizantes que Moni le estaba provocando a Carlos me llegaban a mí en forma de una acometida del pene de Carlos en mi culo mucho más potente, un cambio de ritmo y una presión y pellizco en mis pechos y pezones que tras más de una hora de sexo ya estaban bastante doloridos. Moni mantenía un dedo entero en el culo de Carlos y le agarraba con una mano por su pecho y pellizcando sus pezones. Luego esa mano libre la llevo hacia sus huevos que estaban cerca de mi culo, arriba y abajo, entrando y saliendo de mi culo. Le acariciaba, pellizcaba, y al final arañaba los huevos, hasta que por fin Carlos no pudo aguantar más y con un grito que se pudo oír en toda la calle se corrió dentro de mis entrañas, a la vez que esa calentura tan bestia me provocó el enésimo orgasmo y hasta Moni, entonces la menos favorecida por las acometidas se corrió. Caímos exhaustos, sonrientes, agotados, relajados, estuvimos abrazados como diez minutos hasta que notamos que alguien estaba cerca del coche y golpeaba los cristales que afortunadamente seguían empañados, con lo que no nos podían distinguir, de lo contrario nos hubiera dado mucha vergüenza ser reconocidos como gente del barrio. Arranqué el coche y me dirigí a otro lugar menos concurrido, debajo de un puente abandonado, donde nos vestimos y decidimos volver a casa, y tal vez repetirlo cuando se tercie o probar otras cosas. Un beso a todas. Saludos para todas las mujeres que hayan tenido experiencias parecidas o que se hayan calentado con esta, por favor, sólo mujeres.

Tenia que disfrazarme

Tenia que disfrazarme Mi vida definitivamente estaba en peligro, tenía que hacer algo, aunque para ello me debiera de vestir y comportar como una mujer. Todo comenzó como un juego, entre una bella joven que conocí dentro de una discoteca, a los pocos segundos de estar charlando "inocentemente" con ella, hasta que aparecieron dos guardaespaldas, de casi dos metros de alto cada uno, trajes oscuros con gafas de sol dentro de un club nocturno, casi de inmediato me invitaron a que la dejase tranquila, cada uno tenía una buena razón de peso para respaldar sus palabras, una de las razones era una 9 milímetros S & W, la otra un Colt 45 semiautomática. Mi nueva amiga de inmediato intercedió por mí, y los mandó de paseo, luego ella me comentó que eran los empleados de un pariente de ella. Durante el resto de la noche no los volví a ver, aunque no les niego que eso me preocupó por un rato, pero mientras tanto Lourdes, que es como se llama la joven, y yo nos divertíamos a nuestro gusto y gana, ella realmente no era algo del otro mundo, delgada de baja estatura, de piel blanca, senos pequeños, cabellos rubios (luego me di cuenta que era pintado), ojos verdes, y como de unos veinte a veinticinco años de edad. Físicamente no era una cosa del otro mundo, pero tiene una personalidad tremenda, sabe muy bien como seducir a cualquiera, y yo en esos momentos no fui la excepción, su tono de vos, su manera de moverse, de hablar, de mirar, en fin toda ella es una bomba. Para mí en esos momentos era estar en la gloria, recién llegado a la capital, y con deseos de pegarme a la primera chica que me abriese las piernas, Lourdes resulto el cumplimiento de mis más locas fantasías. Mientras bailábamos nos fuimos conociendo más íntimamente, yo acariciaba su cuerpo y ella el mío, además desde un principio mi amiga resulto ser mucho mas atrevida que yo. Cuando regresábamos a la mesa no hacíamos otra cosa que besarnos desesperadamente. Yo aprovechaba la ocasión, para pasar mis manos por sobre sus piernas, hasta donde ella me dejase, que para gusto mío fue bien arriba, con la yema de mis dedos bajo su corta mini falda, podía palpar su vellos y acariciar superficialmente su coño. Ya cerca de la hora de cerrar el local, Lourdes me invitó a su casa, en una de las áreas residenciales más finas de la ciudad. Como yo estaba recién llegado, aun no tenía auto por lo que nos fuimos en el de ella, y a corta distancia nos seguían los guardaespaldas. Al llegar a la casa, ella despachó rápidamente a los tipos esos. Ya dentro desde la entrada a la sala, nos fuimos besando y acariciando mutuamente, poco faltó para que se lo metiera en la misma puerta. Ya dentro de la lujosa casa, ella se me echó encima y fuimos a para sobre un gran sofá de color rojo, en él continuamos besándonos y acariciándonos, a que ella me comenzaba soltar los botones de mi camisa, mientras que yo continuaba acariciando su cuerpo y desprendiendo las pocas prendas de vestir que ella llevaba puestas. Entre beso y beso, la tumbé sobre el sofá y ella casi de manera automática, abrió sus delgadas piernas. En ese momento me di cuenta que Lourdes no era rubia natural, la mata de pelos negros que rodeaba todo su coño, contrastaba con el pálido color de su piel. Traté de concentrarme para no correr el riesgo de vaciarme muy rápido, a medida que se lo enterraba dentro de su coño, ella gemía de placer. Mientras que yo apretaba suavemente, los pequeños pezones de sus pequeñas tetas. Lourdes me pidió que se la mamase, yo les voy a ser franco, jamás se la había mamado a una chica, mis experiencias se limitaban acostarme con la mujer de mi mejor amigo, razón por la que tuve que salir de mi pueblo, y aunque los dos disfrutábamos a más y no poder, nunca se nos ocurrió hacerlo con la boca, para que si estaba su coño que para mi era lo mejor del mundo hasta esos momentos, aunque ella pesara unos cincuenta Kilos más que yo. Pero cuando Lourdes me pidió que se la chupase, no supe como decir que no. En verdad lo hice en principio como con cierta repulsión, de tan solo imaginarme que otro tipo había metido su verga en el coño de ella, así fuera el año pasado, no me agradaba mucho, pero continué. A medida que tímidamente pasaba mi lengua por sobre la piel de su coño, la chica gemía más y más, al punto que eso me comenzó a excitar de manera única. A medida que se la estaba mamando, me gustaba más, y comenzaba a introducir mis dedos dentro de su coño y su culo. Lourdes definitivamente no era nada egoísta, ya que se las arregló para alcanzar mi verga, y para gran sorpresa mía se la introdujo casi toda dentro de su pequeña boca. En cierto momento pensé, que nada más por eso me casaría con ella. Entre mamada y mamada, la escuchaba gemir de placer, contrario a lo que hacía Vilma "la mujer de mi mejor amigo", que daba unos ronquidos como una cochina, cuando yo se lo metía a ella y estábamos disfrutando del sexo. Llegó el momento en que no pude contenerme más y me vine dentro de la boquita de Lourdes, la muy putona lejos de molestarse, me dio una clase de chupada, que casi me traga con todo y leche. Para ser mi primera vez con ella, la pase o mejor dicho la pasamos de maravilla. Lourdes entró a la ducha y se dio un baño, luego me llamó y nuevamente bajo el chorro de agua comenzó a mamármelo hasta que se me puso como una estaca de duro. Ella me dio la espalda, y se inclinó ligeramente, dejando su coño a mí alcancé, la verdad que también esa fue mi primera vez de esa manera, con la mujer de Antonio "mi amigo" siempre era de frente, es decir ella se acostaba boca arriba, y yo me le tiraba encima. Desde la posición que teníamos bajo la ducha podía ver mi verga como se perdía dentro de los pliegues de su coño, era algo único para mí, ver como le entraba y salía. Con mi mano izquierda le alcancé el coño por delante y comencé apretar su clítoris, mientras que ella me pedía que le diera más y más duro. Lo que yo procuraba hacer con todas mis ganas, para complacerla. Ese segundo polvo fue algo tan especial, que ya me veía casado con ella teniendo sexo en todo momento y en cada rincón de esa gran casa. Tanto sus gritos como los míos, creo que los podían escuchar hasta en la China. Además Lourdes tenía la extraña facultad, de apretar mi verga con su coño como si fuera una mano dentro de ella la que me lo agarrase, era de veras divina, esa flaca. Cuando salimos de la ducha, ella me condujo a su cama, prendió un cigarrillo de los ilegales que compartió conmigo, y finalmente nos quedamos dormidos. Al despertarme sentí mi verga dura como todas las mañanas y a mi lado estaba ella, dormida todavía, así que no lo pensé mucho y comencé acomodarme sobre su espalda, por lo que se despertó. Dio una clase de grito que del susto la verga se me encogió, con sus saltones ojos extremadamente abiertos me preguntó casi llorando realmente asustada, quien era yo. Procuré calmarla, tratando de que recordase donde y como nos habíamos conocido, de manera extremadamente pudorosa se envolvió en una de las sabanas y se levantó de la cama, mirándome con mucha desconfianza, me preguntó por los guardaespaldas y le dije que ella misma los había despachado la noche anterior, al usar esa palabra, me preguntó asustada, ¿Cómo? ¡Los he matado! A lo que le aclaré que les había dicho que se fueran, sencillamente. Ya más calmada Lourdes, recogió su ropa y me pidió que me vistiese y me largase de su casa, yo pensaba hacerlo, pero a medida que recogía mi ropa, me puse hablar con ella, realmente daba la impresión de no acordarse de nada, y repetía una y otra vez, si mi marido se entera nos mata a los dos. En ese preciso instante sonó el timbre de la puerta externa de la casa, asustada me dijo que era su marido, se puso más pálida de lo que realmente era. En pocas palabras me dijo que su esposo era una persona muy especial, y que encontrarme en la casa de seguro me mataba, él mismo. Solo se me ocurrió decirle que me escondería en uno de las habitaciones, y esperaría a que se fuera para yo marcharme. Ella hizo un mohín de desagrado diciendo, se ve que no conoces al viejo, el husmea todo, sobre todo cuando llega de alguno de sus viajes de negocio. Pero sus ojos brillaron, ya se quítate la ropa y sígueme, se dirigió a uno de los armarios del otra habitación y me dijo ponte esto dándome ropa de mujer, yo la miré extrañado, y ella me dijo. No pierdas tiempo, le diré que eres una ex-compañera de clases que pasaste la noche en la casa, será mejor que te depiles los brazos y piernas en el baño. En esos momentos me dio la impresión, que su marido era uno de esos señores de la mafia de los que tanto uno escucha hablar, guardaespaldas armados, y los comentarios que ella me hizo no me dejaron espacio para pensar otra cosa, luego me enteré que era algo mucho más peligroso que un mafioso, un alto dirigente político del partido de gobierno. Así que en el baño me depilé parcialmente, mientras ella escondía mi ropa y posteriormente recibía a su esposo, que para colmo de males no estaba solo, otros dos guardaespaldas lo acompañaban. Yo me había metido en la ducha, de esa otra habitación y parcialmente me depile los pocos pelos que tenía en los brazos y piernas, luego me puse una gran bata de baño, y al salir sobre la cama encontré una gran peluca de color negro y un par de aretes de presión, sin perder tiempo me puse tanto la peluca como los aretes, al verme en el espejo de inmediato me acordé de mi madre y hermanas mayores, era como si les estuviera viendo el rostro a ellas en esos momentos. Estaba sorprendido al ver mi semejanza con ellas que, cuando se abrió la puerta me asusté. Cuando Lourdes comentó que su marido era viejo, pensé en un hombre de unos cuarenta y tantos en comparación con ella, pero cuando lo vi, más que su padre parecía su abuelo. El señor franqueó la puerta seguido de un guardaespaldas, y se me presentó, yo estaba petrificado, pero procuré controlarme, él usaba unas grandes gafas de color negro, lo que no permitía que sus ojos se vieran. Durante los pocos momentos que estuvo dentro de la habitación, les juro que sentí que me comía con la mirada, aunque no le pudiera ver los ojos. Durante ese corto instante, me dijo que era una lastima que hubiera quedado viuda tan joven, realmente no sabía que cosas le había contado Lourdes, así que procuré no hablar. Luego el señor salió de la habitación, pero antes de retirarse le dijo a su mujer, que me esa noche me invitaba a su finca en las afueras de la ciudad. Tras lo cual se marchó con uno de sus guardaespaldas, dejando al otro en el auto de Lourdes para que le sirviera de chofer. Al él retirarse, Lourdes entró a la habitación, yo comenzaba a ponerme mi propia ropa, con la intención de marcharme por la puerta trasera, y que le dijese a su marido que yo me había tenido que ir, a lo que ella me respondió, ni loca que estuviera, tú te terminas de vestir como chica, o llamo al guardaespaldas. Ante ese chantaje y por temor a que ella cumpliera con su amenaza, accedí a sus órdenes, de vestirme con la ropa que ella me había sacado, previamente me terminó de depilar todo el cuerpo, luego de vestirme adecuadamente para dicha ocasión procedió depilarme las cejas y a maquillarme, el cambio fue del cielo a la tierra. El verme vestido con ropa de mujer, era algo en lo que jamás había pasado por mi mente, pero hay me encontraba yo usando falda y todo lo que acostumbran a llevar las mujeres, bajo ella. Rápidamente dominé el andar con zapatos de tacón, eso hacía que mis nalgas quedasen algo más levantadas pienso yo. Durante el trayecto yo usaba unos lentes oscuros y no dije ni una sola palabra, Lourdes era la única que hablaba, si me daba cuenta que el chofer, no me quitaba sus ojos, por medio del espejo retrovisor mientras conducía. La idea era que yo acompañase a Lourdes a la finca, y luego con cualquier pretexto me retirase. En teoría ese era el plan, no contaba con que esa tarde comenzara a llover tan y tan fuerte que el conducir era realmente peligroso, por lo que me tuve que quedar en la finca del marido de Lourdes. Esa noche, durante la cena Pedro el marido de Lourdes me colmaba de atenciones, cosa que a ella parecía causarle mucha gracia, de cuando en cuando ella se me acercaba y me decía en voz baja, si él supiera... , mi plan era irme a dormir lo más pronto posible, para no llamar más la atención. Pedro nos sirvió personalmente un aguardiente que preparan en su finca, y entre trago y trago puso a tocar algo de música, sacando a bailar primero a su mujer, pero al rato se antojó de sacarme a bailar a mí. El hombre aunque tenía un rostro de viejo, era corpulento y hasta se puede decir que mucho más atlético que yo, trate de dar mil excusas pero finalmente cedí ante su empeño, mientras bailábamos me comencé a sentir algo relajado, me supongo que fue el efecto directo del aguardiente, estaba definitivamente muy tranquilo, al punto que cuando Pedro me comenzó a manosear las nalgas, yo me sorprendí pero no mucho, le hice señas a Lourdes para que se diese cuenta de lo que su marido me hacía, digo si me gustó que lo hiciera, pero temí que fuera a continuar y se diera cuenta de la realidad, fue cuando Lourdes se levantó y dijo, Leila mejor le decimos a mi marido la verdad. Eso me paralizó, Pedro dejó de bailar y Lourdes acercó su rostro al de él, y le dijo aunque en voz baja, como para que yo la oyese, lo siguiente. Pedro ella no es ella, ella es él. Pedro dio un paso para atrás soltando mi cuerpo, de verdad que él estaba sorprendido. Lourdes continuó diciéndole, Leila realmente se llama Ricardo, pero desde que lo o mejor dicho desde que la conozco, siempre se ha vestido y actuado como una chica. En ese momento comenzó a atacarlo diciéndole. Pero como tu no respetas, ni tan siquiera a mis amigas, no te había dicho nada, pero me doy cuenta de que la pobre Leila se encuentra incomoda por lo sucedido, antes de que él dijese algo, me retiré dando gracias a Dios por la salida tan ingeniosa de Lourdes, mientras que Pedro le pedía mil disculpas a Lourdes, yo me desaparecí del panorama. Ya había pasado lo peor pensaba yo, su marido sabía que yo era un "hombre" pero del que no debía preocuparse, que anduviera con su mujer. Me dirigí a la habitación con la idea de acostarme, pero cuando iba pasando por el pasillo, me encontré a Juan, el chofer que nos trajo, me detuvo y me buscó conversación, pensé que lo mejor sería que le dijese lo mismo que Lourdes le había dicho a su marido, a fin de que me dejase tranquilo. Tras lo cual pensé que me dejaría tranquilo, pero no fue así. Tratando de ser cortes, me dijo que eso no tenía la menor importancia, que solo deseaba platicar un rato antes de irse a dormir. Al ver en su rostro la desilusión, no pensé que hubiera algo de malo en también ser cortes, sobre todo si Juan estaba al tanto de mi verdadera condición. Caminamos por el largo corredor y me condujo a uno de los balcones de la casa, en el cual había un cómodo sofá, y en una pequeña mesa cercana otra botella de aguardiente con dos pequeñas copas. Se esmeró en servirme un trago, y luego que tomamos asiento comenzamos hablar de cosas sin importancia, sobre lo bella que estaba la noche a pesar de la lluvia, de lo agradable que se estaba en ese lugar en mi compañía, y cosas así por el estilo. Lentamente Juan se fue acercando a mí mientras charlábamos, y en cierto momento sentí su mano sobre mi rodilla, una especie de corriente eléctrica subió por todo mi cuerpo, pero lejos de molestarme me agradó. Él continúo hablando, y a medida que lo hacía su cuerpo se acercaba más y más al mío, nuevamente me sirvió otro trago, que apuré rápidamente, en ese instante en el fondo supe lo que Juan estaba buscando, su manera de mirarme y de tocar mi piel eran una clara señal de sus intenciones, en ese momento debí detenerlo, cortarlo y levantarme, debí regresar a mi habitación, pero no lo hice, no se que me estaba pasando, el estar vestido de esa manera, las innumerables atenciones hacía mi persona, a pesar de que estaba bien conciente de que le había dicho a él que yo no era una mujer, pero era evidente que yo me seguía comportando como tal, en mi manera de hablar y de moverme cuando caminábamos por el corredor, sentí sus ojos clavados sobre mis nalgas, lo que no me molesto para nada. Como ya dije debí cortarlo en ese momento pero no fue así, aparte de lo que estaba bebiendo, creo que se me nubló el entendimiento, y cuando menos lo pensé Juan me tenía entre sus fuertes brazos dándome un sabroso beso de lengua. Realmente no opuse ningún tipo de resistencia, todo lo contrario, en otras palabras me entregue en sus brazos. Él me besaba desesperadamente, y me acariciaba parte de mis muslos y nalgas, mientras que yo lo dejaba y disfrutaba de su total atención. Un impulso me llevó a buscar su verga, caliente y dura bajo la tela de su pantalón, por unos momentos pasé mi mano sobre el montículo que destacaba en su pantalón, sin perder mucho tiempo mis manos bajaron la cremallera, y saqué su erecta verga con mis manos, él me dejó de besar, y como si estuviera preprogramado de inmediato me lancé sobre su colorado glande, sin pensarlo me lo he llevado a la boca y comencé a succionarlo como si en ello me fuera la vida, de cuando en cuando lo sacaba totalmente de mi boca y le daba una caliente lamidas con mi propia lengua, mientras que Juan se mantenía con sus piernas y brazos completamente abiertos, me dirigía una mirada en algunos momentos, pero casi de inmediato tiraba su cabeza para atrás, mientras que disfrutaba de la soberana mamada que le estaba dando. Juan bajo una de sus manos y comenzó a tocar mi espalda en clara señal que deseaba continuar acariciándome las nalgas, por lo que mientras se lo continuaba mamando, me las arregle para que con los dedos de su mano derecha, me continuase tocando el culo. Sentí sus dedos meterse debajo de las panti que Lourdes me había facilitado, era como ya les dije una especie de corriente que recorría mi piel, cuando sus dedos rozaban mis nalgas buscando mi esfínter. A medida que yo se lo mamaba él comenzó a meter sus dedos dentro de mi hueco, era una sensación que jamás había sentido, única para mí. Yo hasta ese momento pensé que estábamos completamente a solas, pero no fue así. Sentí unas fuertes manos sobre mis nalgas, y eso me sorprendió, la risa que escuche era inconfundible, se trataba de Pedro. En medio de todo, era como si lo estuviera esperando en ciertos aspectos, Pedro comentó, pero que culito más lindo tienes maricón, tras lo cual me bajó las pequeñas bragas y vio como los dedos de Juan le abrían camino, cuando sus manos se posaron nuevamente sobre mi culo, Juan retiró sus dedos. Pedro sin perder tiempo comenzó a pasar sus propios dedos llenos de su saliva por sobre mi esfínter. A cada envestida de sus dedos me hacía temblar de placer, y deseaba intensamente ser penetrado por cualquiera de ellos dos. Como pude nuevamente me acomodé sobre el sofá dejando mi culo completamente al aire, y a los pocos segundos me fue invadiendo esa fuerte sensación de ser penetrado por otro hombre, mi corazón latía intensamente, sentí una dolorosa sensación, realmente al principio pensé que me estaba desgarrando el hueco del culo, hasta que sus bolas comenzaron a dar repetidas veces contra mis nalgas, a medida que lo hacía esa sensación extremadamente placentera, fue apoderándose de todo mi ser. Por lo que casi de inmediato comencé a mover el culo con fuerza de lado a lado, mientras que Pedro me lo sacaba y metía una y otra vez al tiempo que me preguntaba, Leila te gustan los machos perra, de no haber sido por Lourdes te hubiera clavado en medio de la sala, luego quiero que me lo mames como se lo estas haciendo a Juan. Tras lo cual me dio una fuerte y sabrosa nalgada. Yo continuaba sabrosamente manándole su verga a Juan, hasta que este se vino dentro de mi boca, ese extraño sabor para mi en esos momentos, el olor, su textura, no se que pero algo me impulsaba a seguir chupando esa verga, tragándome todo lo que de ella salía. Pedro por su parte continuaba dándome daga por el culo, de verdad que tanto él como yo lo estábamos disfrutando completamente, Juan apenas terminó, discretamente se levantó. Dejándome a solas con su jefe, mientras este me sodomisaba a gusto y gana. Yo continué disfrutando de esa soberana cogida por el culo que Pedro me estaba propinando, cuando levanto nuevamente el rostro y me encuentro frente a frente la cara de Lourdes, su expresión era de incredulidad, al parecer no podía dar crédito lo que sus ojos veían. No fue hasta que Pedro se dio cuenta de su presencia que ella cambió de actitud, él estiró los brazos hasta que la agarró y la atrajo hasta su cuerpo al tiempo que continuaba culeándome sabrosamente, ella tomó asiento a mi lado abrió sus piernas y frente a su marido y a mi se quitó las panti, colocó su oscuro coño frente a mi boca, y una sabrosa nalgada que me dio Pedro, fue como una autorización para que yo me pegase a chuparle el coño a su mujer, mientras que él me daba por el culo, ambos se besaban y yo disfrutaba todo ese pedazo de carne dentro de mi. Yo por mi parte me comencé a masturbar como un loco, Lourdes alcanzó un fuerte orgasmo, al principio creí que se había orinado en mi rostro, pero luego me enteré que ella, cuando esta sumamente excitada logra algo poco común, y es que puede expulsar con cierta fuerza un chorro de sus fluidos vaginales. Pedro aceleró el ritmo de sus embestidas cuando escucho a su mujer gritar de placer, haciendo que me apretase bien duro contra su propio cuerpo, era algo increíble quizás yo exagere un poco pero podría jurar que al momento en que yo mismo me venía, sentí su chorro de leche siendo descargado dentro de mi. Al rato él se levantó diciéndome, Leila tienes el culo más sabroso que me haya comido, aparte del tuyo Lourdes, gracias por el regalo de cumpleaños. Yo me quedé sumamente cansado, Pedro y su mujer se retiraron caminando abrazados, dejándome en ese balcón a solas, algo adolorido me levanté, y sentí una gran necesidad de ir al baño donde solté todo lo que Pedro había dejado dentro de mi, en esos momentos me cuestionaba que era lo que me había pasado, como era posible que le hubiera mamado a otro hombre su verga, para colmo un perfecto desconocido como Juan, y como para rematar que hubiera disfrutado tanto el que Pedro me lo enterrase hasta esos momentos en mi virginal culo. Realmente no me rompí mucho la cabeza con eso, lo principal era que me había gustado todo, desde estar vestido y ser tratado como una mujer, hasta el que me dieran tan sabrosamente por el culo. Al día siguiente Lourdes me ayudó a vestir, me dio algo de vergüenza el que ella me hubiera visto en tales condiciones, en cierto momento traté de darle una explicación, pero ella me dio un beso en el cachete y me dijo. No tienes por que disculparte, da gracias a Dios que hiciste lo que hiciste, de lo contrario quizás estarías muerto a esta hora. El escuchar esas palabras, aparte de asustarme, me tranquilizó. Juan me llevó de vuelta a la ciudad, debimos pasar por la casa de Lourdes a buscar mi ropa, cuando me encontraba en la habitación, él entró y se disculpo por haberme dejado con su jefe a solas, yo todavía vestía de mujer, pero al escucharlo ese extraño sentimiento se apoderó nuevamente de mi, y sin pensarlo dos veces me tiré en sus brazos, Juan me beso intensamente, mientras que me subía la falda, y acariciaba con sus fuertes manos mi culo, en ese instante desee tener su verga dentro de mi, lentamente nos acomodamos en la cama, mientras que yo me coloqué boca arriba y me quitaba las pantis, subí mis piernas sobre sus hombros, él agarró su verga con la mano derecha y la apuntó directamente contra mi hueco, previamente me había pasado sus dedos embadurnando mi hueco con algo que debió ser vaselina. A medida que él me lo enterraba yo comencé a masturbarme, no se cuanto tiempo permanecimos así, pero cuando llegamos a la casa era cerca del medio día, cuando salimos ya casi eran las seis de la tarde. Hoy en día en ocasiones visitó a Lourdes y a su marido, en otras, Juan me visita a mí, pero de un tiempo a esta fecha casi siempre procuró vestir de mujer, una se siente tan y tan bien. Esta narración me la contaron con lujo de detalles, Lourdes y Ricardo. Yo únicamente lo que hecho es transcribirla.

Loli aprende a conducir (VI)

Loli aprende a conducir (VI) Decidí a ir a la autoescuela anhelando que mi profesora inicial Mónica estuviera recuperada y me diera la clase. Soy Loli, la profesora de secundaria que aprovechó el verano para sacarse el carné de conducir. Mi buen amigo Carlos, profe como yo, estaba una temporada en mi casa. Tras todas esas excitantes experiencias que os he contado habían pasado algunos días sin practicar con el coche, así que me decidí a ir a la autoescuela anhelando que mi profesora inicial Mónica estuviera recuperada y me diera la clase. Tuve suerte y Mónica me recibió con una gran sonrisa, noté como su cuerpo se alteraba un poco, se excitaba y ponía nerviosa pensando en la posibilidad que se le había ese día. Yo no estaba sola, me acompañó Carlos que estaba muy pesadito queriendo verme conducir y sobre todo porque yo le hablaba a todas horas de Mónica tenía una curiosidad morbosa por conocer a mi profa. Venía muy guapa, con sus enormes pechos enfundados en su suje de encaje más bien pequeño para sus dimensiones. La blusa era transparente y dejaba entrever todas estos detalles que desde luego ni a mi ni a Carlos nos pasaron desapercibidos. Llevaba una minifalda muy corta, negra y de seda, que se pegaba mucho a su tanguita también negro y minúsculo, iba super atractiva. -Caramba qué tía, me susurraba Carlos a medida que nos acercábamos a ella. Se ve que esperaba que yo volviera a dar mis clases y quería retomar donde lo dejamos pendiente. Yo iba como siempre muy atractiva, ajustada y con lencería muy fina. Mis dimensiones no son tampoco pequeñas y mis curvas hacen que hombres y mujeres las admiren. -Me alegro un montón de verte, Mónica, no quería dar más clases hasta que vinieras. Con los hombres es muy diferente, no nos entienden, ja,ja. Realmente no estaba siendo sincera porque mis experiencias desde que ella se fue no habían sido nada aburridas pero ya echaba de menos echar el guante a una chica. -Bueno, cariño, pues ya estoy de vuelta y completamente en forma. Te gusta mi nuevo look, me he modernizado un poco, ¿qué te parece? Me decía esto mientras nos dimos nos besos y nuestras manos tocaban en blando poco más abajo de los pechos una de la otra. -Señorita, permita que me presente, soy Carlos, un amigo para todo de Loli, no conozco su look antiguo pero le aseguro que el nuevo es muy excitante. -Gracias, soy Mónica. Así que tienes un amigo para todo, ja, ja. -No le hagas caso, es un guasón, es un compañero que se ha quedado unos días en mi casa, se empeña en verme conducir, si no te importa que nos acompañe. -No, por mí, no hay problema. Además si me dice esas cosas que levantan el ánimo soy capaz de invitarle a tomar un café a mi casa. Nos fuimos hacia el coche de prácticas, Mónica y yo muy animadas rozándonos excitadas pero sin pasarnos porque nos veían desde la Autoescuela. Carlos iba detrás relamiéndose de las dos mujeronas que podía admirar. Sentarnos en el coche y subirse nuestras faldas para arriba dejando casi todos nuestros muslos al aire fueron todo uno. Carlos que iba detrás se puso en medio y se echaba adelante, decía que para ver mejor la carretera, yo creo que quería ver mejor otras cosas. Comenzamos a marchar, derecha, izquierda, era una zona un poco desierta, dimos unas vueltas. Creo que los tres estábamos babeando un poco, sabíamos lo que iba a pasar pero aún no sabíamos cuándo ni cómo. -Bueno Loli, tienes que practicar el aparcamiento, allí, junto a esos árboles. Era la zona más alejada, más desierta. Al echar el coche para atrás, me giré, miraba para atrás, mi cuerpo torcido se ofrecía a Mónica, mi pecho derecho estaba casi en su hombro izquierdo, ya se rozaba, mis piernas estaban abiertas, Mónica podía ver perfectamente mi entrepierna peluda que salía entre mi tanguita negro pequeñísimo. Mi rodilla desnuda tocó la suya. Mónica no aguantó más y puso su mano sobre mi muslo. -Vamos, Loli, lo estás haciendo muy bien, así, sigue un poco más. Su cara se inclinó y se apoyó en mi pecho. Mordí mi labio notando que mi entrepierna se humedecía de mis flujos. Ella seguía acariciándome, ahora con ambas manos. Se me ponían los vellos de punta, y no sólo los vellos. Carlitos estaba viendo la escena en primer plano, se llevó la mano a su entrepierna que ya apuntaba al techo del coche. Se acarició y empezó a bajarse la cremallera. El coche estaba aparcado y quité el contacto para que mis manos quedaran completamente libre. -Bueno, chicos es momento de reclinar los asientos. Rápidamente aquel habitáculo se convirtió en una cama perfecta, salvo el pequeño detalle de la palanca de cambios. Pero la palanca no era un impedimento porque con una gran habilidad Mónica que quitó el mango dejando un pitorro de unos 30 centímetros, fantástico pene, si lo piensas y le puso una especie de condón endurecido. Nos ibamos desnudando enlazados los tres. Dejamos participar al chico porque nos daba pena y morbo a la vez aunque podíamos prescindir de sus ásperas caricias. Lo que las dos deseábamos eran lan gráciles manos de una mujer, las caricias sabias y aterciopeladas de una compañera comprensiva y cariñosa, no la rudeza y exigencia de un machista egoista y pretencioso. Bueno le dejamos participar, nos quitaba el sujetador, bajaba las cremalleras, soltaba nuestros botones, volaban nuestras blusas, pantalones, sujetadores y tangas de hilo dental, todo ello muy bonito y completamente mojado a estas alturas (me mojo solo de recordarlo y de escribirlo aquí). Intercambiamos en un primer momento lascivo toda esa ropa interior poniendo nuestra boca y chupando con nuestras lenguas los flujos que la compañera o compañero habían dejado en su tanguita o calzón. Olían de maravilla, muy característico y diferenciador de cada persona. Moni y yo nos besamos en la boca con mucha pasión, nuestras lenguas muy babosas se metían en la boca de la amante saboreando todos sus oquedades excitadas. Carlitos nos magreaba baboso, sus manos tenían tanto que tocar que ya no sabía donde acudir, una mollita, un culito, un bracito y mont veneris, un coñito peludo, un clítoris grande, uno mediano, un pezón enorme, una aureola oscura. Realmente estaba muy excitado y se notaba porque nos rozaba con frecuencia con su pene erguido y de buen tamaño, pene enrojecido y goteante. Pero nosotras seguíamos con nuestros morreos y nuestro magreos, los pezones se rozaban y crecían de modo notable, los de Mónica más gordos, los míos más largos, toda una escena para cualquiera que pasara por allí, felizmente a esas horas este sitio estaba super desierto. Noté que Moni se iba girando mientras tocaba mi culito y gemia y gemía, ahhhh, sí, sigue así, ahhh, me vas a matar... su coñito se iba colocando en el cambio de marchas, en la barra de 30 centímetros perfectamente enfundada, una vez colocada, se sentó encima y bajó y bajó, metiéndosela casi entera, mientra daba un gritito, ahhhhhh, ahhhh, Loli te quiero. Arriba y abajo, arriba y abajo, puse mi mano en la base y subí hacia su interior, la barra estaba chorreando de sus líquidos, muy pegajosos. Pero Carlitos quería su ración, no le iba el papel pasivo que estaba adoptando....pero esto se está haciendo demasiado largo Os lo cuento en el próximo capítulo, un poco de paciencia.... Me gustan mucho las relaciones entre mujeres, filiales y lencería bonita.

Loli aprende a conducir (V)

Loli aprende a conducir (V) ¿Qué pasaría el día siguiente a la impresionante orgía que tuvimos? Soy Loli, la profesora de secundaria que aprovechó el verano para sacarse el carné de conducir. Mi buen amigo Carlos, profe como yo, estaba una temporada en mi casa, cuando eso pasaba nos comportábamos como pareja. ¿Qué pasaría el día siguiente a la impresionante orgía que tuvimos? Este día nos despertamos, él antes que yo, y sin decir palabra alguna se fue a la biblioteca a preparar un trabajo. Yo me levante cuando se había ido, me aplique crema en los pechos, el coñito y el culo, muy castigados en la tarde anterior, y me dedique después a arreglar un poco la casa. Hacía bastante calor. Estábamos en el mes de julio que había venido con altas temperaturas. Para que nada rozara mis partes maltrechas no me vestí y anduve desnuda en mis quehaceres. Me llamó por teléfono una profesora para decirme que no me preocupara de los exámenes de septiembre que ella se encargaba de prepararlos pues sabía que yo estaba haciendo cursos y sacando el carné de conducir, se lo agradecí mucho. Seguí con mis tareas, limpiando, lavando, planchando, hasta que sonó de nuevo el teléfono. En esta ocasión era mi amiga Gabriela, una pintora soltera con la que mantenía una buena amistad. Tenía diez años mas que yo, pero se conservaba de maravilla. Morena, guapa, de ojos negros, lucía un espléndido cuerpo con unos senos enormes que la hacían siempre ser oscuro objeto del deseo de los hombres que la conocían. -Loli, ¿cómo estas?, me preguntó. Le conteste que bien y hablamos de temas triviales, que si el trabajo del insti, que si Carlos se quedó en mi casa una temporada y le marchaba estupendamente, que si ella estaba a punto de realizar una nueva exposición de sus cuadros,.. en fin, de cosas cotidianas que nos afectaban. En un momento de la conversación, me dijo, ¿quieres comer mañana conmigo? He descubierto un restaurante magnífico. Te encantara. Repasé mentalmente mi agenda, no encontré compromiso ni obligación alguna, y le respondí que sí. Quedamos en vernos al mediodía, en la puerta del restaurante, que estaba por la zona de Nuevos ministerios. Me apunte la dirección, el nombre, y nos despedimos. El día transcurrió sin incidencias dignas de contar. Mis orgías no me obsesionaron como antes. Me preocupó mas la inquietante relación personal con mi amigo que al acostarnos me obligó, cogiéndome la cabeza, a chuparle la polla. No se la había lavado, quiero que recuerdes el sabor de los tíos que te follas, puta, me musitó al oído. Olía y sabía a demonios, me dio bastante asco, pero hice mi papel de sumisa amiga, aparte de que me excitaba un poco me tratara así, y se la mamé con afán hasta que se derramó en mi boca, llenándola de semen. Me lo tragué todo pues no tenía ganas de levantarme e ir al lavabo, me limpié luego los restos que quedaron en la comisura de los labios con un pañuelo de papel, y después me dormí a su lado sin decir nada. Te noto distinta, Loli, me dijo Gabriela. Era ya el día siguiente, y tomábamos café, después de comer estupendamente juntas. El restaurante italiano que me había llevado valía la pena, ofrecía unas excelentes pastas bien cocinadas. Mira, Gaby, somos amigas y confío en ti. Tienes razón, no soy la misma, pero te voy a explicar el por qué, le expliqué. Ella era una mujer muy liberal, de las que no se escandalizan por nada. Sin omitir detalle, le conté mis dos frenéticas tardes de sexo. Ella escuchó atentamente, y cuando terminé me apuntó, lo que necesitas lo tengo en mi casa. Vamos allí a tomar una copa. Pagamos y nos levantamos para irnos. Los hombres nos miraron como habitualmente lo hacían, pues estábamos radiantes, yo, con mi pelo suelto, mi falda negra de cuero y mi blusa transparente, y Gaby con su ceñido vestido azul. Las dos éramos bastante altas y nuestros tipos eran de mujeres de bandera, como dicen los machistas. Llegamos a su casa, un dúplex en Arturo Soria con el estudio de pintura en la planta baja, al lado de un saloncito y de la cocina, y dos dormitorios y un aseo en la parte de arriba. Me senté en un sofá. Gaby trajo dos copas de un licor buenísimo, oriental me dijo que era, y se sentó a mi lado. Mirándome a los ojos me dijo, ¡ay, Lola, qué suerte han tenido los tipos de tus orgías!. Me sorprendió el comentario, pero pronto entendí el por qué del mismo. Mi amiga alargó una de sus manos hasta mi blusa, a la altura del pecho y me comenzó a acariciar suavemente las tetas. No hice nada, la dejé manosearme, me podía a cien. Siguió hablando, siempre he querido acostarme contigo, Lolita, pero te veía un poco conservadora, muy modosa, muy tradicional, muy profesora. Por eso nunca te propuse nada. Pero ahora veo que tienes alas, que vuelas alto en el sexo. Es hoy el día de pedir permiso para gozarte, para hacerte mía. No dijo nada mas, continuó toqueteándome, y se acercó con intención de besarme en la boca. Atónita por el descubrimiento de los deseos de Gaby, me limité a cerrar los ojos y abrir mis labios para recibir los suyos. Iniciamos un largo e intenso morreo. No era la primera vez que lo hacía con una mujer, y me excité una barbaridad como otras tantas veces. La humedad se adueñó rápidamente de mi escocido coño, mientras nuestras lenguas se cruzaban en un cálido beso entre mujeres. Gaby, al mismo tiempo que me morreaba, se dedicó a desabrochar mi blusa. Lo hizo con soltura y después sacó mis tetas por encima del sujetador. Entonces, dejó mi boca y pasó a lamer mis pezones. Debió ver lo magullados que estaban, así como las pequeñas heridas que se veían en mis pechos, producto de los febriles asaltos de los tíos del bar. Se afanó lamiéndolos delicadamente, pero con indudable oficio. Me alivió el ligero dolor que aún tenía en mis tetas, me calentó con la punta de su lengua pasándola por la punta de mis pezones, me puso a cien chupandolos con sus labios. Gaby, me gusta mucho lo qué me haces, le dije. Es a la vez excitante Pasó unos momentos disfrutando de los pechos de Gaby, hasta que ella me propuso tumbarme boca arriba en el sofá. Así lo hice y, entonces, se puso encima de mm en posición contraria. No nos quitemos las bragas. Es mas excitante tenerlas puestas y abrirse paso por ellas, me indicó. Comenzamos de esa manera un sesenta y nueve frenético. Su peludo coño lo descubrí apartando la tira de sus bragas. Metí mi lengua en él y lo lamí con ganas. Le mordí el clítoris, mientras con mis manos sobé y pellizqué sus formidables pechos. Gaby, por su parte, me lamió el clítoris, también apartando mis bragas, sorbió mis flujos, y metió su lengua en mi raja. Lo hizo con maestría, como una experta lesbiana capaz de llevar al éxtasis a su amante. Con su trabajo lingual en mi coño, pronto me corrí gritando como una loca. Ella, a su vez, cuando le metí dos dedos por el culo, mientras le mordía el clítoris, también alcanzó un importante orgasmo. Al menos, sus gemidos, así me lo hicieron saber. Después de este asalto, nos sentamos en el sofá. Sin decir palabra, nos besamos en la boca con ternura y pasión al mismo tiempo. Repetimos este sesenta y nueve un par de veces, nos corrimos juntas, y para terminar la sesión, nos pusimos una frente a la otra y nos meamos, lanzando los chorros de pipi cada una en las tetas de la otra. Después nos duchamos, nos vestimos y quedamos en volver a vernos. Ella me dijo que la próxima vez, cuando mis partes íntimas estuvieran curadas, tendríamos una tarde de sexo violento. Y que, cuando lo probara, nunca mas echaría de menos la brutalidad masculina. La femenina, ella lo sabía bien, podía alcanzar cotas mas altas. Como anticipo me enseñó una foto en la que estaba abierta de piernas con una tía metiéndole dedos del pie por el culo. Sólo de verla me calenté y le pedí que me lamiera de nuevo el coño para poder correrme otra vez y llegar a casa desahogada. No le conté el largo historial que yo tenía en esta materia, pero me pareció que si me hacía la inocente Gaby lo disfrutaba mucho más y yo me calentaba igual. Un beso a todas. saludos para todas las mujeres que hayan tenido experiencias parecidas. Sé que no te gusta esto Travieza pero te lo dedico.

DESVENTURAS DE SUMISO12CM

DESVENTURAS DE SUMISO12CM Por fin cumpli mi sueño de intercambiar pareja, aunque solo fuese una amiga la que se hiciera pasar como mi mujer Todos los que ya habéis leído alguno de mis relatos ya me conocéis, soy el "anti-heroe" sexual español, gordito, vergonzoso, pollita pequeña y siempre preocupado de servir y agradar a mis "jefes" de juegos. Disfruto llevando a la realidad situaciones reales y morbosas que vosotros mismos me proponéis, para después contarlas aquí. Mi ultima hazaña llevaba bastante tiempo planeada, esperando con ansia el momento que me pudiese desplazar a Galicia con alguna excusa de trabajo. Tengo allí una buena amiga del chat, que está un poco cansada (como yo) de la monotonía del matrimonio y le encantan las situaciones morbosas. Habíamos planeado en hacernos pasar por un matrimonio para entrar en algún local de intercambio y allí ella poder disfrutar de la sensación de estar con varios hombres mientras su pareja ( O sea... yo) le miraba y se excitaba, pero era algo bastante fácil y común, así que decidimos darle más morbo intentándolo en algún local que no fuese de intercambio. Fuimos a una discoteca de una ciudad cercana a donde vive Nerea, mi amiga. La verdad es que al ser jueves había muy poca gente y casi todos resultaron ser chicos jóvenes de unos 20 a 30 años, por lo que casi mejor para nuestros planes. Nerea me comentó que había elegido esta discoteca por que dispone de una zona con sillones a modo de reservados, pero con vistas desde parte del local. Ella iba espectacular, con una faldita corta y una camiseta ajustada, marcando sus bonitas tetas. Entramos al local, pedimos unas bebidas y nos pusimos cerca de la pista, donde empezamos a bailar, yo tímidamente y Nerea provocativamente. Bromeábamos y nos reíamos al ver las miradas que le lanzaban algunos de los chicos que estaban cerca cuando ella se movía en plan sexy, meneando el culo y provocándome. También bromeaba con los camareros, me presentó como a su marido y les contaba que me encantaba verla bailar así, provocando a la gente, que me excitaba y cosas así que hicieron que ellos se rieran mientras yo asentía avergonzado. Los camareros, Pedro y Dani, que eran dos chicos muy agradables, guapos y cachitas, estaban alucinando con Nerea, que parecía empeñada en ponerme en ridículo a la vez que les calentaba a ellos. Me decía divertida: - Anda cariño, tócame, excita a tu mujercita para que baile aun mejor para todos estos chicos! Y me cojía la mano llevándosela a las tetas y al culo mientras seguí bailando y se reía junto a los chicos. - Pobrecito! Mirarle, tanto tocarme que se le pone durita enseguida, la tiene pequeñita pero juguetona! Jajaja, creo que nos vamos a ir al reservado un ratito, le tendré que bailar en privado a mi maridito... - Les dijo guiñándoles un ojo a los camareros. Acto seguido, mientras ellos seguían riendo divertidos, Nerea me pilló de la mano y me arrastró hacía la zona de reservados, que efectivamente no eran tal reservados... Había varios sofás, separados entre si con abundantes y grandes plantas artificiales y unas rejas tipo jardín que aunque parece que daban una sensación de aislamiento visual con el resto del local, no ocultaban para nada lo que allí se hacía. Nerea estaba muy excitada, ella sabía que antes o después los chicos se acercarían, aunque solo fuese a disfrutar del espectáculo. Comenzamos a enrollarnos y a meternos mano, yo también estaba muy cachondo, le tocaba las tetas y el coñito por debajo de la falda. Le quité es sujetador para tocarla mejor y pronto le subí la camiseta para chuparle los pezones a gusto. También le quité las bragas que estaban super mojadas, dejándole el coñito al aire debajo de la falda arremangada en la cintura. Entonces advertimos que ya había varios chicos espiando entre los huecos de las plantas, lo cual nos excitó aun más. Nerea se tumbó hacia arriba en el sofá, con las tetas fuera, abrió las piernas y me pidió que le comiese el coño. Yo no puse más impedimento y hundiendo mi cabeza en su entrepierna comencé a lamerle. Ella consciente de que afuera tenía expectación gemía, me acariciaba la cabeza, se acariciaba las tetas y arqueaba la espalda, nos estaba poniendo a todos a mil. De repente, entró Dani, uno de los camareros con un par de cubatas en las manos, con la excusa de invitarnos y se hizo el sorprendido y avergonzado. - Anda! Disculpar... esto... yo... solo quería invitaros a otra copa, no pensaba que... Yo levanté la cabeza de entre las piernas de Nerea asustado, pero ella sin inmutarse me empujó otra vez la cabeza abajo aplastándome contra su coñito y diciendo: - Tu a lo tuyo! - Y sonriendo al camarero le dijo - Dani cariño, eres un sol , no pasa nada, no te preocupes... No te dará vergüenza vernos asi ¿no? - No mujer, vergüenza no, pero no quiero interrumpir, os dejo las bebidas aquí y me voy... - No, no te vayas... quédate un poquito conmigo, ven siéntate aquí alado mío... Dani no se lo pensó mucho, y se sentó alado de donde estaba apoyada Nerea, que enseguida cogió sus manos y las llevo a sus tetas desnudas. Daniel se agachaba para besarle, comiéndole la boca y jugando con sus lenguas mientras le sobaba las tetas y le pellizcaba los pezones. Ella enseguida le pidió que se quitase los pantalones y los calzoncillos y rápidamente alargó sus manos para sobarle los huevos y menearle la polla. Tenía una polla bastante grande, nada que ver con la mía y eso que parecía que aun no estaba erecta del todo. Cuando el se volvió a agachar para comerle las tetas, pude oir como Nerea le decía casi susurrando: - Quiero que venga también tu compañero Pedro, quiero que me folleis fuerte entre los dos! - Y tu marido? No le importa? - Este es un cornudo! Le excita verme así, quiero que le enseñeis como disfruta su mujer con dos buenas pollas! Pedro también estaba mirando afuera, por que Dani no tuvo que salir del reservado, miró hacia fuera, hizo una señal y Pedro y otro de los chavales que había antes entraron con grandes bultos en sus pantalones que descubrían que no se habían perdido ningún detalle... A Nerea no pareció importarle los refuerzos porque quitándome de su entrepierna y mandándome al otro sillón se quitó la ropa mal puesta que le quedaba encima, se sentó en el sofá desnuda y comenzó a comerle la polla a Dani mientras los otros dos se desnudaban. Pedro y el otro chico no tardaron en estar frente a ella, con las pollas apuntándole a la cara y sobandole las tetas y todo lo que podían mientras ella les iba chupando y meneando la polla alternativamente a los tres. Yo no sabía que hacer y estaba sentado en el otro sofá, mirando como sobaban a la que se suponía que era mi mujer mientras esta les chupaba la polla como una loca. Pero ella me miró con lujuria y enseguida me sacó de atontamiento... - Has visto como hacen gozar a tu mujercita?? Si ya sabes lo que te digo siempre, soy demasiada mujer para ti solo, jajaja. ¡Vamos carnudo mío, enseñales tu cosita pequeñita a mis amigos! Yo baje la cabeza avergonzado y ella me gritó: - Vamos, rápido, he dicho que les enseñes tu mierda de polla a mis amigos y que te masturbes viendo como me follan! Me apresuré a bajarme los pantalones torpemente y los calzoncillos dejando al aire mi pollita, que aunque estaba en plena erección, ni se acercaba en tamaño a las pollas enormes de los otros chicos, ellos me miraron fijamente mientras se cachondeaban y me humillaban. - Jajajaa, no me extraña que tu mujer esté tan necesitada de macho, con esa cosita ni lo notará! Jajajaa - Ahora vas a ver lo que hacen las pollas de verdad, pequeñin. Tumbaron a Nerea, le abrieron las piernas, Dani se puso encima y le metió la polla hasta dentro, ella alargó su mano para coger la polla de Pedro y acercarsela a la boca, para lo que el se tuvo que poner a horcajadas encima del sillón, casi encima de su cabeza. Mientras Dani meneaba su culo con fuerza penetrando a mi "mujer" que incluso metía la cabeza debajo del culo de Pedro, lamiéndole los huevos y acercándose al ano. El otro chico se dedicaba a sobar a mi chica y a introducirle un dedo por el culo. Yo mientras tanto me masturbaba viendo la escena. Daniel no aguantó más y se corrió dentro de Nerea a la vez que ella también tenía un violento orgasmo, que produjo también que Pedro al verlos se corriese por encima de la cara y tetas de mi chica. El otro chico, que ya había dilatado el culo de Nerea de tanto meterle los dedos, la cogió en volandas y la puso a cuatro patas en el sofá, se puso detrás y enfiló su polla por el agujerito trasero. Ella al principio gritó un poquito, pero enseguida comenzó a mover su culo como una puta en busca de su ración de polla por detrás. Entonces ella me llamó. - Ven aquí cariño, quiero beber también tu lechecita. Tráeme tu cosita a mi boca. Yo fui y le coloqué mi polla delante de su cara mientras le cogía fuertemente las tetas que le colgaban, me encantaba verla así, moviendo el culo mientras la follaba un cachitas por detrás. Cada vez la follaban con más fuerza y más rápido, provocando que ella misma de los empujones se tragaba mi polla hasta dentro en cada metida. Yo ya no iba a aguantar mucho más. Empecé a correrme mientras ella seguía con mi polla dentro de su boca, tragando toda mi leche mientras el chico también se corría en su culo y ella se relajaba. En ese momento noté a alguien detrás de mí, buscándome el culo con algo que me pareció reconocer y me desconcertó un poco, pues los tres chicos estaban delante mía sobando a Nerea con las pollas flácidas recién descargados de leche. Entonces intenté girarme y ví a un hombre delgadito y mas bien pequeño, que desnudo de cintura para abajo intentaba penetrarme y refrotaba su polla en mi culo, incluso se había puesto ya un condón. Los chicos y Nerea se reían mirándonos y después me enteré que era el jefe del garito y que tampoco se había perdido ningún detalle de nuestra fiesta. Los chicos me decían que le dejase hacer al jefe y Nerea se reía divertida con ellos, hasta que de pronto se puso muy seria y me gritó: - Ya está bien de tanta tontería! El jefe te hará lo que le apetezca, haz el favor de agacharte y levantar tu culo para el, maldito cornudo! Sumiso asentí, y tal como me dijo agache mi pecho en los sillones e intenté abrir las piernas y levantar el culo hacia el jefe, este también se reía y se cachondeaba de mi. - Así me gusta, cornudo y bien mandado, ya verás como disfruta tu maridito, jajaja. A ver, maricón, menea el culo para mi. Yo intentaba mover el culo lo más sexy posible, a la vez que todos se reían a carcajadas y me decían muchas cosas y el jefe me daba palmadas en el culo y me escupía untándome de saliva y metiendo los dedos dentro de mi. Al principio me hacía daño, pero después comencé a disfrutar. Entonces apuntó su polla en mi culo y la metió poco a poco, menos mal que su polla era más pequeña y delgada que la de los chicos! Comenzó a bombear, primero despacio, pero después fuerte mientras me pedía que moviese el culo como una puta. Pedro se le había puesto dura de nuevo al vernos y se puso sentado delante de mí, ofreciéndome la polla delante de mi cara, Nerea excitada me ordenó que se la chupase mientras ella se masturbaba. No pude negarme, Pedro me pilló de los pelos y me obligó a meterme su polla en mi boca, yo intenté chuparsela lo mejor que pude, a la vez que el jefe me daba ya muy fuerte y me palmeaba el culo con sus manos, gritandome puta, maricon, mueve el culo y cosas así. Yo como veía que el jefe iba a terminar pronto, pillé con la mano la polla que tenía delante y comencé a masturbarla rápidamente a la vez que la chupaba hasta que por fin, el jefe se corrió dentro de mi culo y Pedro comenzó a soltar leche que impactó por toda mi cara. Estábamos todos cansados y yo algo avergonzado por todo lo que había pasado, me vestí, fui a lavarme a los servicios y ya con Nerea también vestida y aseada nos despedimos de nuestros amigos. Por supuesto nos hicieron prometer que volveríamos . Por cierto, este relato se lo dedico a una amiga de Barcelona que me da mucho morbo y que ambos esperamos que tenga oportunidad de escaparme por Barna para ser su perrito... Ojalá os lo pueda contar en mi próximo relato.

DE VUELTA AL RUEDO

DE VUELTA AL RUEDO Nos encontramos una tarde a las siete en punto, Ivana estaba vestida para matar, llevaba un vestido negro con un interesante escote, yo lleve uno de esos coches que a toda mujer enloquece Hola, mi nombre es joaquin, tengo 43 años y soy de argentina, después de un tiempo en el que estuve ausente atareado por demasiado trabajo y otros problemas, he vuelto a vivir algo que merece ser contado, si bien la cosa no comenzó del todo bien, puede decirse que de todo tipo de experiencias se aprende. Después de estar un año y pico casado con Mariela, terminamos separándonos, en fin, creo que esta bien, ella es muy joven (esta por cumplir 22) tiene toda su vida por delante. Nuestra relación no funcionaba mas, la culpa era de los dos, yo cada tanto me abocaba solo a mi trabajo y la descuidaba, cuando tenia el tiempo libre, alguna puta de turno me lo consumía, ella, pude saber tenia algún que otro amante y solía gasta mucho dinero en tonterías... en fin, la cosa es que entre los dos tomamos de común acuerdo la decisión de separarnos, y así lo hicimos, yo quede en pasarle un dinero por mes y ella acepto. El problema aparecio cuando su padre se entero de nuestra separación, el muy turro quiso sacarme plata, me amenazo con que si no le daba cierta suma de dinero su hija no firmaría el divorcio... Así fue como tuve que recurrir a un abogado, llame a uno de mi entera confianza, el problema y la historia que quiero contarles comenzó cuando mi abogado me dijo que tenia unos temas importantes que tratar en Nueva York y que solo podría encargarse de mi caso a su regreso. La otra opción era que llame a la doctora Ibañez, que era de su entera confianza y que además (según él) era especialista en el tema. Un viernes por la noche, llame al numero que mi abogado me había dado, del otro lado de la línea atendió una voz muy amable, lo malo, fue que esa voz tan agradable me informo que la doctora ya se había retira y que no volvería hasta el lunes, después de un buen rato de rogarle y de aclararle que era muy importante que pudiera contactar a la doctora logre que me diera su teléfono móvil. Minutos después llame al teléfono que esa agradable voz me proporciono, al principio la doctora Ibañez se enojo por la imprudencia de mi llamado, pero después que le ofrecí cierto dinero, todo cambio (como siempre ocurre en estos casos) pensaba gastarme una fortuna en el asunto, pero de ninguna manera le daría ni un centavo al turro de mi ex suegro. El sábado a la mañana me encontré con la doctora, tuvimos una reunión muy amable, Ivana Ibañez, resulto ser una mujer mas que interesante, tenia bastante experiencia a pesar de su corta edad, 29 años, y para completarla y hacerla perfecta tenia un cuerpo que ni les cuento... no era, uno de esos cuerpos perfectos, era.., digamos rellenita, rubia y muy generosa en cuanto a sus medidas, debo confesar que me costaba sacarle los ojos de sus tetas, lo bueno, fue que dijo que no había problema, pronto lo solucionaría, ya que ella tenia algunos contactos importantes, agradecí mucho su colaboración y añadí que para recompensarla, no me bastaría solo con abonarle sus honorarios. La invite a cenar, al principio dijo que no acostumbraba a cenar con sus clientes, pero después, la charla se fue haciendo cada vez mas amena, en un par de ocasiones me pregunto a que me dedicaba y ese tipo de cosas, pude ver ese brillo especial en sus ojos cuando le comentaba sobre mis negocios, en ese momento supe que ese cuerpo seria mío... Nos encontramos una tarde a las siete en punto, Ivana estaba vestida para matar, llevaba un vestido negro con un interesante escote, yo lleve uno de esos coches que a toda mujer enloquece, un hermoso jaguar descapotable, uno de mis favoritos, fuimos a cenar y después le propuse llevarla ir bailar a un lugar mas tranquilo y acepto. Estabamos bailando cuando mis manos comenzaron a hurgar en ese tremendo cuerpo, ella solo sonreía... y yo, aprovechaba para seguir ganando camino en ese precioso cuerpo. Entonces Ivana dijo: - I:Hiciste toda esta movida para llevarme a la cama?? - a vos que te parece? - I: que no hacia falta que hicieras tanto... Era maravilloso, por culpa de mi ex suegro, estaba bailando con esa maravillosa mujer, que al decir esa ultima frase, se mostró como a mi me gusta que se muestren las mujeres en esos momentos... sexys, sensuales, insinuando ser las mas putas de todas, pero a la vez , las mas mujeres. Después de besarnos durante un buen rato y de dejar crecer nuestras fantasías, la invite a un lugar mas intimo. Fuimos a un hotel muy lindo sobre la avenida Libertador. Llegamos, nos dieron una habitación con todos lo lujos posibles. Entramos a la habitación besándonos como dos amantes primerizos, ella se dejo caer en la cama, acostada sobre la cama, levanto su vestido negro dejando ver una tanguita preciosa, mi calentura estaba en el punto exacto, me tire lentamente sobre ella, la volví a besar, pero esta vez con mi mano, comencé a transitar por sobre tu tanguita, mientras la besaba, le acariciaba la conchita, lo hice durante unos cinco minutos, después, con un dedito, levante esa diminuta tanguita y busque su agujerito, estaba húmedo, lo moví lentamente. Ivana gemía suavemente en mi oreja, comencé a besarle el cuello, baje hasta sus tetas, le solté el bretel del vestido y quedaron ante mis ojos un precioso par de tetas, tenia unos pezones bien grandes, recorrí con mi lengua esas aureolas rosadas que fueron poniéndose cada vez mas duras. Ella, desde hacia unos minutos estaba masajeando mi bulto, me preguntaba si era grande el regalito que tenia para ella, le dije que ni se lo imaginaba, cuando con su mano izquierda, se las ingenio para sacar mi verga, su rostro dibujo un gesto de sorpresa, si que esta grande amor!!! Dijo asombrada, entonces le pedí que hiciera con ella lo que mas quisiera, Ivana me hizo poner de pie, ella quedo sentada sobre la cama, con las tetas colgando, la tanguita negra al aire, y el vestido enrollado en la cintura, tomo mi verga con las dos manos y comenzó a chupármela, lo hacia muy bien, primero amago con morder mi cabezota, con sus dientes rasgaba la cabeza de mi verga que a esa altura, estaba hinchada y casi bordo de tan caliente que me ponía, la chupaba de a poco, se la puso toda en la boca, cada tanto la sacaba de su boca y se la pasaba por algunos de sus pezones, mientras me la chupaba son su mano me masturbaba, era una sensación hermosa, a medida que pasaba el tiempo, Ivana parecía mas puta, mas caliente, se dedico a mi verga durante casi diez minutos, después, se levanto, se quito toda la ropa, yo hice lo propio, la recosté en la cama y me dedique a su conchita, primero con mis dedos, después con mi lengua, la verdad, me encanto chuparle la concha a esa puta, sabia deliciosa, lamí hasta que estuviera bien mojada, Ivana me pedía a gritos que se la pusiera, yo, haciendo rogar, le preguntaba si creía que podría aguantar toda mi pija ahí adentro... si amor, ponemela toda! Me puse un preservativo y se la metí bien hasta el fondo, suspiro entre aliviada y dolorida, después comenzamos un bombeo precioso a un ritmo cada vez superior, me la cogí durante un buen rato hasta que no aguante mas la leche en mis huevos, te voy a acabar mi amor... le dije con mi voz entrecortada, si, lléname de leche, dámela que te acabo yo también! Acabamos de una manera maravillosa, Ivana resulto bien gritona, gimió mucho y muy hermoso. Después descansamos durante veinte minutos, no se si son mis 43 años o que, pero necesitaba descansar... Ella pronto volvió a pedir mas..., supongo que habrá un poco mas de verga para esta abogada tan exitosa que tenes, no? Claro mi amor, entonces Ivana comenzó a trabajar en mi verga que estaba dormida a esa altura, la muy puta sabia como hacerlo, me tomo la verga con su mano, la apretó fuerte y comenzó a pajearla, mientras con su lengua chupaba lentamente mis huevos, mmmmm como me puso esa acción, enseguida mi verga comenzó a crecer entre sus manos, ella seguía ese leve movimiento de sube y baja sobre mi verga, después de chuparme bien los huevos, se volvió a encargar de mi pija que ya estaba en todo su esplendor, cuando la dejo bien dura y grande hizo el pedido..., ahora la quiero por el culo..., saco de su cartera un pote con lubricante, se puso en cuatro patas y se coloco vaselina en la entrada del culo..., era precioso verla en esa posición, con ese terrible culo todo a mi disposición, le puse la cabeza de mi pija en la puerta de su delicioso culo, puje un poco y gracias a la vaselina entro sin mayores problemas, ella emitió un grito de dolor que pronto se transformo en placer, comencé a moverme de poco pero firmemente, el culo de Ivana se iba abriendo rápidamente, se notaba que la perra era adicta al sexo anal, pronto estaba gozando a lo grande, mientras tenia mi verga en su culo, con su mano se tocaba las tetas y la concha alternándose entre una y otra. Adoro el sexo anal, la presión que se siente en la verga es maravillosa, nos dimos una buena panzada, cogimos de esa forma durante casi media hora, Ivana, preciosamente puta, pedía y pedía verga, hasta que de pronto, me advirtió, te voy a acabar!!! Grito tan fuerte esto que creo que se habrá escuchado hasta en la calle, acabo estruendosamente, como la mas puta de todas, estuvo genial, quedamos recostados en la cama, ella boca abajo y arriba, cuando se repuso, saque mi verga de ese precioso culo, Ivana la tomo entre sus manos y comenzó a pajeármela otra vez, alternaba el sube y baja de su mano con alguna lamida a mi pija, pronto estalle, derrame toda mi leche sobre sus tetas, fue sublime, mágico, único. Quedamos exhaustos, tirados en la cama, salimos del hotel cerca del amanecer, Ivana Ibañez, resolvió de maravillas el caso de mi divorcio y gracias a mi ex suegro, comencé con Ivana un relación sexual maravillosa. Ivana, se que vas a leer esto, espero que te guste el resumen que hice de lo maravillosamente vivido por los dos. Bueno, nada mas, hasta aquí lo sucedido, espero que hayan disfrutado de este relato tanto como yo disfrute con Ivana de esta experiencia. Saludos a todos aquellos que con sus mails me hacen pasar momentos maravillosos, y a todos aquellos que quieran escribir y/o comentar algo, no tienen mas que hacerlo a mi dirección de correo. Saludos y hasta el próximo relato.

TURISMO SEXUAL

TURISMO SEXUAL Habia comprado un consolador enorme de latex El año pasado por mayo tuve que ir a Madrid para una reunión de trabajo. Como la reunión acababa un viernes, aproveché y me fui a pasar el fin de semana a Barcelona. Tenía muchas ganas de visitar la ciudad. Además tenía un contacto sexual allí con el que follaba a menudo por la red y quería conocerlo en la realidad. Así que el viaje tenía un doble atractivo cultural y sexual. Tomé el vuelo MAD-BCN el viernes por la tarde. Él me fue a recibir al aeropuerto. Para la ocasión me había vestido con un traje vaquero ajustado y unas sandalias de tacón alto. En el avión me quité las bragas para ir bien preparada para el recibimiento. Yo ya le había advertido que aparcara el coche en el lugar más apartado del parking. En la terminal del aeropuerto, el recibimiento fue muy formal, un beso en la mejilla, apenas rozarnos las manos, unas sonrisas nerviosas y las palabras convencionales de cómo había ido el viaje. Cuando llegamos al coche, nos desmadramos, llevábamos un par de meses jugando a través de la webcam casi a diario y teníamos muchos deseos aguantados. Empezamos a besarnos con pasión, a jugar con las lenguas en nuestras bocas, a comernos a besos. Él metió su mano entre mis piernas y encontró mi coño mojado. Yo abrí su cremallera y saqué su polla bien dura y empecé a chupársela. Luego, él me apartó porque no quería correrse aún. Me dio un regalo que había comprado para mi, un consolador enorme de latex. Me pidió que me lo introdujera en mi vagina y lo llevara puesto durante el viaje en coche. Así lo hice y no paramos de meternos mano durante todo el trayecto. Él era un hombre casado, director de banco, tenía que ser prudente. Así que me llevó a una casa de citas donde no hacía falta inscribirse y reservaban habitaciones por horas. Accedimos al hotel en coche a través de una rampa de bajada al parking donde había una cortina roja que impedía el paso al aparcamiento. El lugar era bastante cutre, pero eso me daba aún más morbo. Allí esperaba el recepcionista de uniforme con chaleco rojo granate. Acordamos el número de horas y tomó las llaves del coche para aparcarlo. Luego vino un camarero que nos llevaría a la habitación. Entramos los tres al ascensor. Era una situación bastante cómica, el camarero franqueando la salida, nosotros a sus espaldas dándonos codazos y mirándonos con complicidad evitando que nos entrara la risa. Antes de salir del ascensor, el camarero se asomó a ambos lados del pasillo para asegurarse de que el paso estaba libre. Parecía uno de "los hombres de Harrelson". Después nos condujo al dormitorio, nos preguntó si queríamos algo de beber y nos cerró la puerta con llave. La habitación tenía un espejo muy grande frente a la cama, me imagino que para poder verse follar. Él me puso contra la pared, me agarró por mi culo y yo me abrí de piernas y las enlacé tras su espalda. Empezó a besarme y a embestirme haciendo chocar salvajemente su polla contra mi coño. Nos desnudamos y nos fuimos a la cama. Yo empecé a lamerle con mi lengua todo el cuerpo. Me detuve en su polla y le hice una buena mamada pero sin dejar que se corriera porque quería su polla dura para mi vagina. Luego me senté sobre él, con su polla dentro, y empecé a cabalgarle mientras me acariciaba mis tetas hasta que los dos nos corrimos. Nos abrazamos y nos dormimos un ratito para recobrar energías. Nos despertamos y empezamos a acariciarnos y a calentarnos de nuevo. Besó y chupó mis pezones. Cogimos el consolador y empezamos a jugar con él. Él lo chupaba y me lo pasaba por todo el cuerpo con su saliva. Me acariciaba el clítoris con su lengua y me follaba con el consolador. Luego me puso boca abajo e hizo que irguiera un poco mi culito. Me penetró la vagina desde atrás con su polla y me folló así, mientras me agarraba del pelo y me decía obscenidades al oído. Ya se había hecho tarde y él tenía que regresar a su casa. Así que nos duchamos y nos vestimos, él llamó por teléfono a recepción, el camarero vino a abrirnos la puerta y nos llevó al aparcamiento siguiendo las mismas reglas de sigilo y precaución que había tenido anteriormente. Cuando llegamos al parking, ya no pude contener la risa, fue demasiado para mi, allí estaban aparcados todos los coches de las parejas alojadas en el hotel con las matrículas ocultas con un cartón para proteger su confidencialidad. El sábado y domingo estuve de turismo por Barcelona, visitando sola la ciudad. No me podía quitar de la cabeza los detalles de mi encuentro y empapaba mis bragas solo de traerlos a la memoria. Recuerdo aquellas noches en mi pensión, sola en mi cama a oscuras, haciéndome pajas y sin poder dormir. El lunes por la mañana me llamó mi amigo por teléfono y me dijo: "¿qué prefieres, que te invite a comer o ir al hotelito?". Por supuesto, yo le contesté la segunda opción. Esta vez entramos al hotel a pie en lugar de en coche, ya no tenía tanta gracia como la primera vez. Cuando llegamos a la habitación, él se sentó en el borde de la cama y yo me senté encima de él para besarlo y decirle que no había parado de pensar en él. Recuerdo que me dijo: "eres tan cariñosa como ardiente". Nos quitamos la ropa y nos tendimos de costado en la cama, con las caras de frente. Él empezó a follarme en aquella posición y yo sentía mucho placer. Los dos estábamos muy calientes. Cada vez me follaba con más fuerza y empezó a mirarme con tanto deseo que salían chispas de sus ojos. No lo pude soportar y me corrí sin esperarlo. Aún hoy, hay veces que me masturbo recordando aquella mirada con tanto fuego. Quería tener su leche, así que coloqué mi cabeza entre sus piernas y me dispuse a mamársela. Primero empecé pasando mi lengua debajo de sus huevos, sintiendo el tacto especial de la piel en ese lugar del cuerpo. Me llené la boca de saliva para poder mojarle bien todo. Luego pasé mi lengua por sus ingles. Estaba rasurado, así que no tenía nada de pelo. Metí sus huevos en mi boca uno a uno y jugué con ellos. Después subí mi lengua por su polla y la recorrí en todos los sentidos, disfrutando del olor de su sexo mezclado con mi saliva. Acaricié su capullo con mi lengua, muy suavemente, y esperé a que escupiera alguna gotita para poder saborearla. Luego metí su polla en mi boca y succioné hasta arrancarle alguna gotita más. Mientras, con la lengua empujaba su polla contra el cielo de mi boca para mantenerla bien estrechita. Después moví mi cabeza arriba y abajo, deslizando su polla adentro y afuera, apretando mis labios como si le estuviera follando con mi boca. Cuando me avisó de que se iba a correr, llevé su polla hasta el fondo y sentí su leche bajando por mi garganta. Me gustó sentir la agonía de su orgasmo y su cuerpo estremecerse tirándome del pelo y apretando mi cabeza contra él. Vi que sus ojos se ponían en blanco y repetía insistentemente "has bebido mi leche, has bebido mi leche". Allí me quedé sobre su polla, disfrutando del momento y del sabor de su corrida. Él me dijo que me pusiera a su vera y quedamos así un buen rato extenuados el uno al lado del otro. Él tenía que regresar al banco, así que nos fuimos y nos despedimos. Yo ya regresaba a mi tierra y nunca más nos volveríamos a ver.

DELEITE MATINAL

DELEITE MATINAL Cada mañana era un despertar donde mi cuerpo pedia sexo Mientras la mañana transcurría y una cálida luz asomaba por la ventana Lucía se perdía en sus pensamientos. Su mente formó una imagen. Se veía a si misma sentada en una especie de escritorio en una oficina apenas iluminada e invadida por un delicioso aroma a jazmines. Mientras que el hombre la besaba sus manos discurrían por la blusa blanca abierta, dejando entrever sus grandes senos capaces de seducir hasta el más ciego de los hombres. El hombre se hallaba absorto en la blanca piel de Lucía mientras los dedos buscaban, hurgaban entre la licra del sujetador. Lo único audible en la habitación eran gemidos y jadeos que a un escaso volumen poblaban el recinto. Bruscamente el hombre cuyo nombre es Marcos cambió su centro de atención hacia la boca de Lucía. La colmó en un beso dulce y profundo, el de los adolescentes, que provocó que ella sujetara su espalda muy fuerte. Las manos de él acariciaban su corto pelo negro, provocándole unas cosquillas en la parte interna de sus dedos. De esas cosquillas que lo hacían estremecer internamente, de esas caricias quizás ignoradas por muchos hombres, pero que a él le provocaban placeres tan intensos. ¡Cómo no tentarse con la piel de Lucía, blanca, suave!. Cálida. No era parecida a ninguna otra mujer, su belleza no era común. Tampoco tenía el cuerpo de una mujer atlética, sino aquél que eventualmente arrancaba algún piropo o suspiro de los hombres con los cuales se cruzaba. Hasta quizás de alguna mujer que ella no llegaba ni a imaginar. Pero lo cierto es que Lucía destilaba pasión y una ternura pocas veces vistas. Esa mezcla de mujer tímida y pasional, dotada del don de la palabra, capaz de seducir al más ubicado. Y esa voz que hacían perder a Marcos y a cualquier hombre la cordura transitoriamente. Es así que en ese ambiente se perdían en caricias. Lucía había recobrado levemente el control. Ahora eran sus manos las que buceaban lentamente por la ropa de Marcos, desabrochando los pequeños botones de su camisa de seda y vislumbrando el panorama exquisito de su piel. La piel del hombre , desnuda, sin vellos, que es tan excitante para las mujeres. Una piel suave, apenas bronceada por el pasado verano, sumisa en parte a las caricias que Lucía le brindaba como buscando un tesoro. Ella se llevó un dedo a su boca, saboreando lentamente el sabor de la piel de Marcos. Ahora las manos iban por la cintura desnudándolo en cámara lenta. Despacio aflojó su pantalón, denotando aún más una erección presente hace rato. Le gustó mucho que él no llevara ropa interior. Era como una intención no expresada, un deseo no dicho de estar más cerca de las posibles caricias. Lo acarició lánguidamente y encontró su pene palpitante, cálido y suave tal como lo había imaginado. Sus encuentros eran siempre diferentes y entonces ella lo sorprendió otra vez susurrándole al oído algo que provocó una leve sonrisa en Marcos. El se recostó sobre el escritorio que antes ocupó Lucía y ella comenzó a dejarle suaves besos en su vientre, bajando en línea recta hacia el pubis. Al acercarse a la parte inferior la respiración se hizo más entrecortada. Entonces su boca llegó a la parte libre del pene y comenzó un suave y rítmico roce de labios y besos tiernos mientras que la lengua comenzaba a recorrerlo muy despacito. Ahora lo único audible eran los gemidos de Marcos y la respiración muy entrecortada. Lucía usó sus manos para acariciar los testículos también y ocasionalmente las piernas y rodillas algo que lo desesperaba de placer. Y entonces las posiciones cambiaron, de repente, como en un juego de ajedrez. Marcos movió a Lucía y la colocó sobre él y lentamente como las piezas de una maquinaria aceitada los cuerpos ocuparon su lugar. Los cuerpos se amoldaron uno a otro, hubo pequeños movimientos y un suspiro mutuo fue exhalado de sus bocas. Fue entonces que un suave balanceo comenzó, las miradas se encontraron y las manos se entrelazaron como ganchos en la piedra cuando se escala una montaña. La sujetaba por la cadera haciendo que la penetración fuera mas profunda en cada intento. Ocasionalmente las manos de él se escapaban hacia los pezones encontrándolos erectos y sensibles. El suave movimiento continuó mientras sus pieles llenaban el aire del aroma que causa el sexo y el amor, el amor y el sexo. Nuevamente las piezas se movieron y el próximo movimiento colocó a Lucía con sus piernas abiertas, la cola levemente levantada y los senos ligeramente rozando el escritorio. La visión que Marcos obtenía de la vulva depilada, como la de una púber lo excitaba aún más. Suavemente tomó su pene y lo colocó en la entrada de la vagina, entre los labios, ocasionando una ligera presión, provocando la penetración nuevamente. El interior lo acogió con una calidez abrumadora y su deseo de penetrarla más y más enérgicamente no pudo contenerse más. Quería sentir sus testículos rozando la suave piel de la cola, quería sentirla gemir de placer mientras sus manos la sujetaban logrando una penetración más profunda, proporcionándose más y más placer. Y en medio de todo el amor y los gemidos una erupción caliente que casi quemaba la piel invadió el interior de Lucía, mientras todos sus músculos se contraían y sus manos sujetaban con toda su fuerza los bordes del escritorio.

SALDANDO DEUDAS

SALDANDO DEUDAS Carla con voz de puta me dijo haslo nuevamente Saldando Deudas (El culo de Carla) Hola amigos del marqueze, mi nombre es Joaquín, tengo 43 años y soy de argentina. En esta ocasión les contare lo ocurrido hace no mucho tiempo, en uno de mis relatos anteriores, les conté como fue que con Ivana, mi abogada, comenzamos a disfrutar del sexo, así fue como fuimos a una discoteca swinger conocimos a Dario y a Carla, con ellos disfrutamos mucho, tanto que antes de irme de aquel encuentro, me lleve el numero de teléfono de Carla. Pasaron un par de semana y decidí llamarla, cuando lo hice, lo hice temeroso, pensando que Carla podría rechazarme o algo por el estilo. Para los que no leyeron ese relato mío, les cuento que Carla tiene 22 años, tiene un rostro muy bonito, su cuerpo es normal, tiene lindas tetas, un precioso culo y una simpatía muy entradora. Hablamos un rato por teléfono, la invite a que pasara por mi oficina, para luego ir a comer algo y charlar, sobre el final de la charla le hice hincapié que viniera sola y que no le comentara nada a Dario, su novio. No se si me hizo caso en cuanto a eso de no comentarle a su novio, lo cierto es que vino sola, yo tenia un plan, y deseaba llevarlo a cabo a la perfección. Carla llego a la hora pactada, las 13:30, arribo a mi oficina, traída por Elena, mi secretaria, pude notar, apenas Carla ingreso el impacto que le produjo un lugar con tanto nivel (seria el primero de muchos), estaba asombrada, miraba todo con admiración, desde la alfombra, los escritorios (de neto corte ingles) la decoración, en fin..., estaba embelesada con el ambiente. Carla estaba vestida muy elegantemente, llevaba un vestido rojo, largo hasta por debajo de las rodillas, tenia un muy lindo tajo, llevaba el pelo recogido y eso la hacia mas hermosa aun, su rostro brillaba. Se sentó y me dedique a explicarle el motivo de mi llamada, le conté que desde aquella maravillosa noche no había podido dejar de pensar en ella, le endulce los oídos de mil formas, ella respondía con hermosas sonrisas que me enamoraban mas y que me calentaban mas... Hablando de calentar, Carla sabia como hacerlo, se insinuaba en cada movimiento, con miradas, cruzando las piernas...primero la derecha sobre la izquierda, después cambiando la posición muy elegantemente...la verdad, esa pendeja me tenia hipnotizado... podría sacarme lo que quisiera... el punto de calentura máximo lo logre cuando Carla me dijo que ella también había pensado mucho en mi...y en mi verga... mis queridos lectores, no puedo explicarles lo que genero en mi esa frase...que de esa boca preciosa saliera semejante frase... debo confesar que adoro que las mujeres sean un poco mal habladas a la hora del sexo, y Carla lo era... Como mi deliciosa Carla había abierto el juego sexual yo solo me dedique a seguirlo...fue entonces cuando le dije exactamente lo que pensaba..."la verdad Carla, aquella maravillosa noche me falto solo una sola cosa...supongo que sabrás de que hablo..." me miro con la cara mas picara que recuerde yo en un pendeja de su edad..."si...creo que se..." lo sabia a la perfección, pero para evitar confusiones decidí ir mas lejos y decírselo con todas las letras... "entonces sabes que me quede con unas ganas terribles de hacerte la cola..., hasta llegue a soñar con tu culo amor!" ella rió... su rostro volvió a dibujar la misma cara de puta que le conocí aquella noche cuando con sumo placer me chupaba la verga. Se que te quedaste con las ganas, pero no creas que fuiste vos solo, yo también me quede caliente, sobre todo por que nunca voy a olvidar como le rompiste el culo a tu mujer....no sabes lo que me calentó verlos...o si lo sabes, por que me mirabas todo el tiempo mientras yo me masturbaba.... - dijo Carla. Entonces decidí comenzar con la acción, la tome de la mano, ella se levanto y me siguió, aquí va un detalle que nunca conté, el baño de mi oficina es una confortable habitación con una cama bien grande, con un pequeño bar y con un clima que yo mismo diseñe. Cuando Carla ingreso y vio semejante habitación volvió a impresionarse...se quedo observando las paredes, los cuadros, los espejos...entonces yo la tome por la cintura, la atraje hacia mi apoyándole mi verga en su culito (en su tan deseado culo!!!) recorrí con mis manos su bajo vientre y comencé a besarle muy suavemente su cuello, sus orejas, gimiendo lentamente...en poco tiempo logre lo que buscaba, excitarla...Carla estaba encendida y se notaba, sus pezones asomaban bajo ese precioso vestido rojo, con mi mano derecha subí acariciando su panza hasta rozarle sus pechos, le baje un bretel y deje uno de sus pechos al aire libre, la di vuelta la bese con furia en la boca, baje por su cuello hasta llegar a sus pechos, entonces me dedique primero a ese pecho que estaba delante de mis ojos y después al otro...como disfrute chupando esos pechos, me calentó mucho sentirle los pezones tan duros, cuanto mas los chupaba, mas duros se ponían y Carla mas gemía. Pronto nos deshicimos de nuestras ropas, Carla quedo con su tanga roja (desearía haberle tomado una foto a Carla, esa tanga lucia única y ese culo era...en fin, un espectáculo!!!) y yo quede con mi slip (mi bulto estaba presente!!!) nos recostamos y comenzamos un delicioso franeleo, le volví a chupar un buen rato sus tetas, mientras las chupaba con mis dedos comencé a hurgar en su concha, a penas puse un dedo ahí no te lo húmeda que estaba, me despoje de mi slip, me puse de rodillas ante ella dejando a su vista mi verga, ella, como aquella primera vez puso cara de asombro, como si no recordara el tamaño de mi verga, se le ofrecí toda, para que la chupara a gusto, y la muy perra así lo hizo, me chupo mucho mejor que aquella vez, le dedico mas tiempo, me chupo también los huevos, mientras los chupaba sus manitos recorrían el tronco de mi verga, masturbándome, pronto volvió a mi verga, se la ponía toda entera en la boca, era maravilloso, parecía que hacia magia, la hacia desaparecer toda, me excitaba mucho verla, de pronto se la saco de la boca, sus manos seguían masturbándome, Carla me miro y comenzó a susurrarme..."como me gusta tu verga mi amor!!! Te gusta como te la chupo??? Te la quiero poner bien calentita...quiero que cojas y me llenes de leche, quiero ponértela a punto...no sabes como la quiero sentir adentro!!!!" estaba a mil, quería ponérsela por todos los agujeros de su cuerpo, le quite la bombacha roja, le abrí las piernas y se la puse violentamente por la concha, Carla comenzó a gemir, a gritar, a pedir mas y mas verga, yo le daba con todas las ganas del mundo, en un rápido movimiento Carla me hizo girar, quede yo debajo de ella, entonces me cabalgo como la mejor de las putas, casi saltaba sobre mi verga que entraba y salía rápidamente de su concha, era delicioso sentir como patinaba en esa concha, la lubricación era maravillosa, eran tantos los jugos de la conchita de Carla que me mojaron toda mi verga, después de unos veinte minutos de bombeo salvaje acabamos, primero me fui yo...no aguante mas y eyacule muy rico en su concha, enseguida Carla se vino producto del terrible bombeo que me propino, quedamos exhaustos, sin embargo los dos sabíamos que todavía faltaba lo mejor... Al rato, Carla con voz de puta hambrienta volvió (una vez mas!!!) a asombrase, esta vez porque mi verga seguí bien parada, mi erección era terrible, pero pude controlarme, salí de la cama, observe a Carla recostada y con todo su precioso cuerpo ante mis ojos, tome mi teléfono móvil y llame a Ivana, "es tu turno princesa" Carla me miro entre enojada e impactada... que hiciste? Nada, creo que nos merecemos disfrutar a pleno y eso vamos a hacer...unos instantes después Ivana golpeo la puerta de mi baño/habitación, ingreso a la habitación, Ivana es mi abogada (aunque Carla supone que es mi mujer, para que entiendan mejor lean mis relatos anteriores), es rubia tiene 29 años, no tiene un cuerpo cultural y perfecto, es algo gordita y me encanta que lo sea, tiene un gran par de tetas y un culo tan grande como delicioso. Ingreso con bastante ropa, la cual dejo a un costado en muy poco tiempo, me saludo con un caliente beso de lengua, se quito su bombacha negra, y quedo con el corpiño negro de encaje dejando ver esos grandes pezones que tiene, se sentó y me invito a acariciarla, me agache y le di una exquisita chupa de concha, mi lengua jugó durante un buen rato con su concha, con su clítoris...la puse a tono con la situación, Carla observaba excitadisima la situación, entre tanto yo seguía dedicándome a la concha de Ivana, la chupe como hacia mucho que chupaba una concha, de paso, con mis dedos comencé a juguetear con el agujero de su culo, Ivana gritaba de placer, al rato, Ivana exploto, tome todo sus jugos, me levante y no pude evitar morderle esos grandes pezones que asomaban bajo ese corpiño negro de encaje. Me volví hacia Carla y allí estaba mi niña, con sus deditos en su concha, caliente por lo que había visto, entonces la di vuelta, la puse en cuatro y me dedique a saldar esa vieja deuda, Carla se dejo llevar, que culito mas lindo que tenia, Dios!!! Tome un poco de vaselina, le llene el agujerito del culo y jugué con mis dedos, cuando creí que su culo estaba listo, le apoye mi verga, Carla sintió dolor, le dije que se quedara tranquila, Ivana se acerco se puso en cuatro delante de Carla y comenzó a besarla en la boca, mientras se besaba, la temperatura de mi verga creció hasta el cielo, entonces empuje, se la puse de un tirón, no tardo en llegar el grito de dolor de mi niña, fue genial, el culo de Carla estaba invicto y se notaba, sin embargo poco a poco ese culito comenzó a dilatarse lo suficiente, en pocos minutos Carla estaba gozando del placer anal, si hay algo que me vuelve loco de romper culitos, es la presión que estos le dan a mi verga lo que me vuelve loco, entonces me la monte durante un buen rato, Carla gozo mucho y pido mucha verga mientras se la daba, todo esto estaba decorado por Ivana que besaba a Carla, que se acercaba a mi y me besaba que pasaba su lengua sobre mi tronco, cuando este salía en el entra y sale del culo de Carla, al rato los gritos de Carla anunciaron que estaba disfrutando de un delicioso orgasmo, acabo de lo lindo, fue precioso verla, cuando le saque la verga su culo estaba gigante, su agujero estaba bien grande, Carla quedo tendida sobre la cama, Ivana, bien golosa como es, quiso que le haga la cola y yo que soy bien calentón no pude negarme, se puso en cuatro (como a mi me gusta) y se la puse, con Ivana era distinto, tenia el agujero bien abierto, durante media hora mas o menos estuve ocupándome de su gran culo, gigante, magnifico, delicioso, mientras bombeaba sus tetas volaban de un lado hacia otro, pronto Carla volvió a jugar con su conchita, como aquella vez, después de tanto bombeo, mi semen lleno el culo de Ivana, saque mi verga choreando aun del culo de Ivana, Carla, desesperadamente caliente se acerco a limpiar mi verga, me chupo hasta dejármela bien limpia, cada lengüetazo suyo era una puñalada de placer, los hombres me entenderán, cuando uno recién eyacula, la sensibilidad de la verga es única. Y así fue como salde la deuda que tenia con el culo de Carla, el postre fue Ivana, mi nueva compañera de aventuras, una puta con letras mayúsculas. Bien amigos, si espero que hayan disfrutado de este relato, yo...como siempre, lo disfrute mucho, escribiéndolo y viviéndolo. Les mando un abrazo a todos y a quienes quieran escribirme por lo que sea, bueno, no tienen mas que hacerlo a joaquin43arg@hotmail.com No quiero despedirme sin mandarle un saludo enorme y laydy (vos sabes quien sos, te quiero mucho) a Viviana, a todos los que escriben a diario. Un abrazo a todos.

TRAS EL BAÑO

TRAS EL BAÑO Ella por un instante se apoderó de su boca y lo besó enérgicamente como pocas veces lo había hecho. Ahora sus manos y brazos tomaron su cuello sujetándolo contra ella convirtiendo su lengua en una especie de látigo que acechaba su boca. Mordiscos, gemidos, gritos, balbuceos poblaban aquella casa mientras un orgasmo envolvía sus cuerpos. La situación que les he de relatar ocurrió hace algunos dias en la cuidad la cual habito. La protagonista soy yo pero el relato será narrado en tercera persona. Mi nombre es Lucía y el de él continúa siendo un misterio. El día había sido arduo y lleno de trabajo. Al llegar a la casa realizó algunas breves tareas, alimentó a sus mascotas y encendió la música. Decidió tomar un baño para refrescar su cuerpo cansado y lo hizo parsimoniosamente, sin ningún tipo de apuro lo cual incrementaba el placer aún más. Mientras la bañera se llenaba pensaba en algunos hechos de ese día y mentalmente planeaba otras tareas para el día que vendría. En ese momento estaba sola. Él no llegaría hasta dentro de unas horas. Acondicionó la bañera con sales de baño y se introdujo en ella lentamente como si quisiera ser bautizada por aquellas aguas. Al salir de baño de inmersión cubrió su cuerpo con crema, lo perfumó, cepilló su largo cabello negro y se hizo una pequeña cola. Encendió unos inciensos y colocó algo de música de Ismael Serrano. Se sentó en la mecedora con los brazos extendidos hacia atrás y se entregó al placer del aroma y la música que llenaban su casa. Sin notarlo el sueño la atrapó y cuando despertó no pudo determinar cuanto había dormido ni que él había llegado a su casa. Sólo se dio cuenta cuando pudo sentir unos labios húmedos que se posaban sobre sus pies, brindándole unos suaves besos. Estos se fueron haciendo más intensos y prolongándose por las piernas, escalando lentamente por ellas. Las manos grandes y suaves trazaban líneas ascendentes imaginarias, como rieles por los cuales corrían . El cuerpo de Lucía mostraba signos de excitación. Su respiración había cambiado, su abdomen se movía más rápidamente, sus gemidos eran más fuertes y audibles, sus manos se sujetaban a los brazos de la mecedora. Los besos de él se fueron prolongando y llegaron a los blancos y grandes senos de Lucía. Esos senos con los pezones más excitantes que él jamás había visto. Como dos botones abultados llamados a ser besados. El se apoderó de ellos como si fueran el destino final de su boca. Ella por un instante se apoderó de su boca y lo besó enérgicamente como pocas veces lo había hecho. Ahora sus manos y brazos tomaron su cuello sujetándolo contra ella convirtiendo su lengua en una especie de látigo que acechaba su boca. Las manos de él intentaban escaparse hacia su cola, buscando algún lugar donde no la hubiese acariciado. Se arrodilló y ajustó su cabeza al pubis de Lucía. Allí comenzó un maravilloso viaje hacia su vulva. Le recorrió el Monte de Venus con unos besos breves y húmedos y sin usar sus manos intentó develar el misterio que escondían sus labios mayores. El regalo para su emprendimiento fue una secreción dulce y deliciosa evidencia de la enorme excitación que tenía Lucía. La boca de él parecía narcotizada frente a los efectos de las secreciones de Lucía y le repetía - " Me encanta el sabor de tu vulva. Es riquísima." Y la degustación continuó mientras las manos de él recorrían también las piernas y rodillas de Lucía. Ella no podía contenerse y acariciaba su cuello y espalda y simultáneamente apretaba sus senos pellizcaba sus pezones. Y de repente los cuerpos sufrieron un cambio de lugar. Él tomó el lugar en la mecedora y ella se colocó encima de él...Al principio sólo se colocó apoyando su vulva sobre su pubis. Luego de sentir su pene tibio y erecto. Comenzó a moverse lentamente intentando que la penetrara. Cuando con los rítmicos movimientos lo logró el pene de José encontró una vagina húmeda, tibia que permitía que él entrara y saliera, empapándose a cada centímetro. Ella recibió a su amante, con una excitación y una voracidad innegable. La pasión que ambos sentían cuando hacían el amor los llevaba a danzar con un ritmo frenético en el cual los cuerpos se balanceaban y las bocas emitían palabras sin sentido. Los senos de Lucía se agitaban arriba y abajo, las manos de ambos recorrían las manos sin un patrón fijo, abandonando aquellos rieles del principio. Mordiscos, gemidos, gritos, balbuceos poblaban aquella casa mientras un orgasmo envolvía sus cuerpos. Por unos segundos parecía que la calma se había instalado en aquel lugar. Lucía respiraba con más tranquilidad, de apoco recobraba la respiración habitual. Pero de golpe todo volvió a empezar. José abandonó la silla y se colocó boca arriba en la alfombra. Ahora ella subió a su cuerpo pero le dio la espalda. Y lo penetró y se dejó penetrar con su pene, de espalda e él como si no quisiera mirarlo, brindándole el magnífico espectáculo de su cola, de su cabellos que ahora estaba suelto cubriendo toda su espalda. La cola se movía frenéticamente y el veía que su pene se perdía entre aquellas maravillosas caderas y más hermosa cola. Sentía como el interior de Lucía lo atrapaba, lo capturaba, lo mojaba. Sentía como su pene llegaba casi al máximo permitido, y volvía a salir de ella, de su calor. Y quiso que aquel momento se prolongara para siempre. Y necio de él porque sabía que no podría prolongar su placer para siempre. Y Lucía era azotada por un segundo orgasmo. Y decidió que deseaba llenarla de sus jugos, que deseaba ver su semen en su blanca piel, en sus senos, en su boca, y comenzó a penetrarla mucho más fuerte, la sujetó por la cadera y hundió con más fuerza cada vez su pene en su vagina húmeda y tibia . Y cuando supo que el orgasmo y su semen eran inevitable le pidió que colocara su cara cerca y entonces un chorro tibio se semen salió de él y cubrió la cara de Lucia y sus labios saborearon su tibio postre.

El encuentro (II)

El encuentro (II) Segundo día Los sentidos llegan a hartarse cuando se les da mucho uso. Si escuchas sonidos muy fuertes, te llegan a doler los oídos, de la misma forma que si tus ojos soportan mucha luz se irritan. Lo mismo pasa con la conjunción de todos los sentidos en eso que solemos llamar sensualidad; se trata de lograr un estado de excitación a través de los cinco sentidos que se manifiesta, después, en un arrebato erótico. Una sobrecarga de sensualidad como la que había tenido el día anterior me causó un apagón energético, desgana. Tenía a M. dormida a mi lado, completamente desnuda y no sentía la más mínima excitación, pero psicológicamente la mezcla de morbo y sumisión que había demostrado el día anterior producía un desasosiego interior que tarde o temprano se transformaría en excitación. Me levanté sin hacer ruido y me metí en la ducha. Tenía la polla un poco irritada y le dediqué los cuidados oportunos para aliviarla, un poco de agua fría y vaselina, además de reposo la dejarían como nueva. Me vestí sin hacer ruido y salí de la habitación. Sabía que eso molestaría a M. pero no quería que el despertar estuviese rodeado de mimos o arrumacos románticos que no nos llevarían a nada. Además, yo tenía que atender asuntos profesionales que no podía dejar a un lado. Pensaba en M. y en su despertar solitario, sin una nota ni ninguna pista sobre donde podría estar yo. Sabía, por nuestros encuentros por Webcam, que su despertar está repleto de sexo, sus pajas por la mañana están llenas de pasión y dedicación, cuando se corre grita como una posesa y queda absolutamente satisfecha. También sé por experiencia, que a las dos horas necesita otra sesión masturbatoria, ésta más sosegada e imaginativa. El hecho de no tener una polla al lado y haber contado con ella la pondría de mal humor pero no me importaba porque el enfado y la rabia solía desembocar en orgasmos más intensos. Por ejemplo, uno de sus recursos para correrse era imaginarme con otra mujer. Entonces, mientras tomaba café ya se me ocurrió como podríamos empezar el día si ella estaba enfadada y caliente, la enfadaría aún más haciéndole ver como una prostituta me comía la polla. Tuve que hacer tres llamadas hasta encontrar a una chica que estaba dispuesta a someterse a mi juego y cuando hube concertado mi cita con ella llamé a M. Después de escucharle diez mil insultos la cite en la dirección que me había dado la puta. Le recordé que nada de ropa interior y que pasase por una farmacia para comprar condones. Me aseguré de que había entendido la dirección y colgué el teléfono, además lo desconecté, quería que su enfado fuese en aumento. La chica se llamaba Patricia y la conocía de "vista", me recibió con una bata y tacones dispuesta a cumplir con el encargo cuanto antes porque quería dormirse de nuevo. Era una hora intempestiva para cuestiones de sexo profesional pero cuando fijamos las condiciones económicas su sueño y sus prisas desaparecieron. En una ocasión, mientras le estaba comiendo las tetas a Patricia, llamé por teléfono a M. y ella, Patricia, le contó como se las comía y como me tocaba la polla. Lástima de cobertura del móvil porque habría sido un juego interesante. De todas formas sé que a M. el tema le gustó y que fantaseaba en sus pajas con Patricia y su mano en mi polla y mi boca en sus tetas. Patricia es un encanto, una escultural colombiana, que ha acogido con agrado el dineral que gana con su cuerpo en lugar de limpiar casas o trabajar como camarera. Si le caes bien, Patricia se entrega a su profesión con entusiasmo, siempre dispuesta a que el cliente repita. -No suelo hacer esto, - me dijo mientras yo me desnudaba. - Pero supongo que siempre hay una primera vez para todos. ¿Cuántos años tiene? -Pasa de los cuarenta, como yo... Dos maduros a pervertirte. Los veintiséis años de Patricia distaban de nuestra edad y entonces pensé que mejor hubiese sido buscar a alguien todavía más joven, de aspecto más aniñado pero bueno, no se puede ser perfecto. La escena estaba preparada. Patricia y yo tumbados en la cama esperábamos la llegada de M., que sería recibida por una de las compañeras de piso de la colombiana. La vida de estas mujeres suele ser muy curiosa y escucharlas siempre enriquece, así hablábamos cuando sonó el timbre de la puerta. La chica se amorró a mi polla ofreciendo a quien entrase por la puerta un primerísimo plano de su coño y de su culo. Y así se la encontró M. cuando pasó tras serle franqueada la puerta. -Buenos días, - saludé cortésmente. - ¿Descansaste? M. no dijo nada, se acercó a la cama y se sentó a mi lado. -Patricia, esta es M. -¡Patricia! ¿Con la que hablé? Las dos se besaron como viejas amigas. Yo ya la tenía tiesa, gracias a las chupadas que me había dado Patricia. Y así me di cuenta de que o tomaba el control de la situación o podría salir mal parado. -Cómo aguantas a este cabrón, - preguntó Patricia. -Me gusta. -Tiene su encanto. M. se puso en pie y dejó que el vestido que llevaba cayese al suelo, era vaporoso, parecido al que trajo el día anterior. Personalmente no me gustaba, pero le quedaba bien, parecía un ama de casa o una monja arrepentida. Las dos mujeres se colocaron del mismo lado de la cama, dejándome a un lado. Las cosas no iban por donde yo pensaba, ya que mi idea era que M. fuese una simple mirona. Patricia empezó a pasar sus pezones por los pechos de M. y a acariciarle el pelo. Eran caricias suaves de profesional cumplidora. Pensé que debía mostrar mis intenciones. -¿Has traído los condones? -En el bolso, - respondió M., que parecía encantada con la compañía de la otra chica. Del bolso saqué los condones y el consolador de M. Nos reímos del descubrimiento. Y más Patricia, que se levantó y sacó de un cajón de la cómoda un auténtico arsenal de juguetes sexuales. Me llamó la atención principalmente un consolador doble. A M. por el contrario las bolas chinas, a las que echó mano en cuanto las tuvo a su alcance. Patricia estaba en el medio de los dos, pero girada hacia M. de forma que a mí me ofrecía la rotundidad de sus caderas y de su culo. Le puse la polla en la entrada del coño pidiendo paso, que me dio de forma imperceptible para M., que no se dio cuenta hasta que escuchó mi carne chocar contra el culo de Patricia. Entonces se incorporó y miró como follaba a Patricia, que colaboró con la situación dedicándose a chupar los pezones de M. No es fácil hacer que una puta disfrute con lo que hace y lo estábamos consiguiendo; M. ofreciéndole una complicidad femenina que la chica no había tenido nunca y yo facilitándole una buena cantidad de dinero de buena mañana. Olvidadas las cuestiones crematísticas, la velada se iba convirtiendo poco a poco en el encuentro de tres amantes del sexo. Yo estaba a gusto, bien acoplado al coño de Patricia, sin apenas moverme, ella, de vez en cuando, se apretaba contra mí recordándome que no se había olvidado. M. se puso de rodillas, para ver como desaparecía mi polla entre los muslos de la colombiana, le hice una seña con la lengua y ella se agachó para chupar mis huevos y lanzar algún que otro lametazo al culo de la puta. M. iba entrando en el juego de forma sublime, no quería quedarse atrás y, en contra de lo que yo pensaba, no mostraba rabia ni rechazo a la situación. Eso me molestaba un poco ya que la experiencia de follar con alguien que estuviera enfadada conmigo me atraía, es el signo contrario a la manifestación del sexo consentido basado en la complicidad y la excitación mutua, pero, ¿cómo hacer que una persona pida que te la folles en pleno enfado? Tenía que lograrlo, pero estaba visto que a través de Patricia no iba a ser posible. Estos pensamientos rompieron un poco la magia del momento así que me salí del cuerpo de Patricia dispuesto, por lo menos, de un espectáculo lésbico. La puta, lo comprendió al momento. -No voy a hacerlo. Eso ya quedó claro. - Me lo dijo a mí, refiriéndose a las condiciones que habíamos pactado con respecto a sus acciones. Me había dejado claro que no le comería el coño a M. pero que si que dejaría que ella se lo comiese. -M., cómele el coño, - dije desde los pies de la cama. Patricia se espatarró en la cama. Su coño no tenía el más mínimo atisbo de pelo. M. me miró, los dos sabíamos que sería su primera vez. Yo apenas le hice caso y cogí el consolador doble. M. supo enseguida lo que yo quería. Se colocó entre los muslos de Patricia y empezó a lamerle los muslos, sacando la lengua todo lo que era capaz. Pronto se afanó en el coño de la puta, que parecía agradecerlo con gemidos, yo creo que fingidos, pero que cumplían su cometido de calentar a M., mi gran puta. Me acerqué a ella por detrás y le metí el consolador por el coño y, poco a poco, el otro extremo por el culo. Los gemidos de M. no eran fingidos, mi excitación era tan verdadera como que estábamos sobre aquella cama los tres. La propia mano de M. acariciándose el clítoris me hizo comprender que ya buscaba su orgasmo. Metía la lengua hasta dentro del coño de la otra, empujando como una perra en celo; lo chupaba como si quisiera comérselo. Y, cuando ya parecía que iba a correrse, la quité de allí, puse a Patricia cerca de mi polla y se la metí en la boca; la chupaba procesionalmente, sin pasión pero muy eficazmente. De vez en cuando la sacaba de la boca y me masajeada con las tetas. M. se hacia la paja con el doble consolador, tumbada a los pies de la cama mirando como la otra me comía la polla. Le gustaba. Nada más que se corrió decidí terminar con aquella pantomima que no había logrado enfadarla como yo pretendía. -Pareces una monja. - Le dije en referencia a su vestido. - Las putas suelen llevar tacones. -Vamos, cariño, no me jodas que ya has tenido bastante. Quiero ver Madrid, ir a museos y cosas así. -Haz lo que quieras. Me voy a trabajar. La dejé en la boca del metro y me marché en la promesa de que nos veríamos pronto. Fue una despedida fría y muy distante. Me marché intrigado, preguntándome que pasaría por su cabeza. No cabe duda que una relación basada en la distancia y en la fantasía, puede encontrar una rápida excitación en seguir con ese juego sabiendo que la proximidad puede convertir las fantasías en realidad. Comprendí que no tenerla a mi lado me excitaba y me preguntaba si a ella le pasaría lo mismo. La llamé. -Eres un gilipollas y me estoy cansando de tus chorradas. A mí me excita más estar contigo y lo de esta mañana no te lo perdono. -¿Te gustó el coño de Patricia? -Me voy a dedicar a comer coños. Cuando quieras verme me llamas. -A la una y media en el Corte Inglés de Castellana, te voy a regalar algo. Yo llegué algo más temprano porque quería ver ropa para ella y tenérsela elegida, no quería que aquella compra se convirtiese en un curioseo interminable de trapitos. Yo llevaba la imagen que quería que diese, una blusa sin mangas con la axila bien amplia y una falda blanca de corte irregular, un poco ibicenca, sandalias de medio tacón. Nos localizamos por el móvil y se presentó a mi lado a los pocos minutos. -Pruébate esto. Tan dócil como siempre se metió en el probador con la ropa mientras yo esperaba en el pasillo de los probadores, entre el ir y venir de dependientes y clientas. Un hombre en un mundo de mujeres. Al poco tiempo salió al pasillo con la nueva vestimenta puesta, estaba preciosa, con su media melena colgando y su mirada serena preguntando mi parecer. -La blusa me gusta, pero me queda grande. - Dijo. El que le quedase amplia provocaba que el cuello se ampliase a los hombros dejando uno de ellos al descubierto y también desproporcionaba la abertura de las axilas dejando que a través de ella, cuando levantaba el brazo, se viesen las tetas. Estaba perfecta. Me acerqué a ella y miré rápidamente a mi alrededor, creo que la única dependiente que quedaba por allí vio como me colaba en el probador con M. -Estás loco. - Me dijo entre risas. Le levanté las faldas y me puse de rodillas en el suelo, M. levantó la pierna apoyándola en el banquito que había pegado a una pared. Le comí el coño con fuerza y ansia, se lo merecía y siempre lo había fantaseado. Habíamos hablado de un cine, de un aparcamiento y, creo que en alguna ocasión, un probador. Pues había llegado el momento, fueron diez minutos intensos los que me costó hacerla correr, para estrenar la nueva falda. Una vez que compuso la ropa, miró fuera y me avisó cuando el pasillo estaba libre. Pagamos y nos fuimos. La verdad que la ropa no influye en depende qué personas, M. es transparente y ella da igual como vista, si ha de bajarse las bragas lo hace cuando se lo pides y punto. No da esa imagen de viciosa, pero conociéndola sabes que ahí la tienes. -Esperaba que cuando nos viésemos estarías menos animal que por la Webcam, que me demostrarías un poco de cariño. -Te lo advertí. -No te lo digo como reproche ni como desilusión. Íbamos en el coche y la conversación se hacía demasiado convencional. Parecíamos una pareja de maduros que había salido a comer. No me gustaba en absoluto. -Dime algo que quieras hacer. - Le dije. -Complacerte. - Así es M. contundente y sincera. -¿Te gustó lo de Patricia? -Me encantó porque era ella pero lo mío son las pollas, no los coños. No lo olvides y ya que he elegido la tuya, cuida un poco lo que yo te ofrezco. No le contesté. Seguí circulando hacia nuestro próximo destino. Un local que desde mediodía ofrecían servicios eróticos para ejecutivos, parejas, etc. La velada consistía en tomar un aperitivo potente en agradable compañía, de forma que podías comer y follar en el rato de la comida. Una forma de aprovechar el tiempo y descargar estrés. Nos acomodamos en la barra, yo sentado en un taburete y ella apoyada entre mis piernas. Enseguida las camareras nos acercaron una copas de cava y una bandeja con canapés. Los demás clientes, hombres y mujeres, se movían con soltura profiriéndose un trato absolutamente sensual. Ellos bien vestidos, ellas con la provocación a flor de piel se dejaban tocar y acariciar por cualquier mano que se acercara. -Será más fácil para ti que para mí. - Aquel ambiente me cohibía un poco y notaba que M. estaba ciertamente tensa. -Mira aquel tío. - M. señaló a un hombre que estaba solo, sentado en un sofá alargado al fondo de la sala principal y muy cerca del nacimiento de un angosto pasillo que llevaría sin duda a habitaciones privadas, salas de baño y saunas. -Ve con él. No tardó en dejarme solo, entretenido en contemplar aquella fauna sexual que se movía en la estancia como animales en celo. Entre todos ellos me llamó la atención una mujer que estaría cercana a los cincuenta. En su cuerpo había evidentes huellas de luchar con la cirugía contra el deterioro causado por el tiempo, su piel, excesivamente bronceada, se dejaba ver a través de una camisa sólo abrochada con su botón central, su vientre liso y moreno terminaba en un pantalón ajustado de cintura baja blanco, fino y casi, casi, transparente; su escote, muy generoso, estaba adornado por cordones dorados de calidad, el pelo rubio platino en un alarde de tinte y peluquería remataba una figura excesiva y artificial no exenta de morbo y de invitación sexual. Se dio cuenta de que la miraba fijamente y me sonrió. No tardó en acercarse. -Pilar. - Se presentó mientras me daba sendos besos en las mejillas. -Hola. Se colocó entre mis piernas, como minutos antes estaba M., pero frente a mí. -Nunca te había visto. -Yo tampoco. ¿Estás sola? -Sí. Pero suelo venir con mi marido. Las mañanas me las deja libres y hay que aprovechar. ¿Y tú? -He venido con mi amante. Es aquella. Pilar la estudió con detenimiento. M. estaba ajena a mí y a todo lo que la rodeaba ya que parecía que el tipo la entretenía más que satisfactoriamente. Los dos charlaban con los rostros muy próximos y reían las ocurrencias que salían en la conversación. -Es Adolfo. Ya he follado con él. -¿Has follado con muchos? -Sí, que se le va a hacer. Les gusto. Pilar presentaba un problema de vanidad. Lo que suele llamarse una creída. Apuró su copa de cava y pidió una copa, como clienta habitual, la camarera ya sabía que en lugar de cava ella tomaba tónica con un poco de ginebra. M. y su nuevo amigo, Adolfo, se dirigían hacia nosotros. Las presentaciones fueron frías y sólo sirvieron para acelerar el paso a una de las habitaciones privadas. -Pero ni se te ocurra tocarme, - le dijo Pilar a Adolfo. No sé si era en broma o en serio, ya que los estiramientos de piel habían restado expresividad a su rostro. -Ni se me había pasado por la cabeza, rica, tu coño apesta. M. agarró a Adolfo por la cintura y le comentó algo al oído. -Nada de secretos. - Atajó la rubia. -Le decía que ya tiene el mío. - Repuso M. Estaba clara la situación, M. me iba a hacer pagar mi desplante de por la mañana, la cita con Patricia y mi falta de romanticismo follando con aquel tío delante de mis narices. Cuando entramos en la habitación ya la tenían preparada. Era muy grande, con enormes sofás rodeando una bañera que no llegaba a ser un jacuzzi, pero que lo intentaba. En un rincón había un armario al que se dirigió la rubia. De allí sacó varias toallas que lanzó contra los sofás descuidadamente. Estaba claro que M. iba a por todas con tal de ponerme malo ya que fue la primera en desnudarse y meterse en la bañera. Adolfo, no tuvo el menor reparo en seguirla, se supone que no había que pedir permiso para nada. Pilar, por su parte, se sentó en uno de los sofás y encendió un pitillo. Yo me acomodé a su lado, los dos vestidos nos disponíamos a ser espectadores de aquel encuentro que estaba comenzando en el agua. Adolfo estaba apoyado en la pared de la bañera, dándonos la espalda, sentado en el suelo del mismo; M. se sentó sobre su polla y adiviné por sus movimientos que se la estaba metiendo en el coño, encontró la posición adecuada y se dejó hacer mirándome a mí, mostrándome esa cara de placer que tan bien conocía. Me agaché y fui en busca de su boca, apreté su lengua entre mis labios y la succioné. Adolfo no prestaba la más mínima atención. Tal y como estaba, M. se puso en pie y dejó su coño en la boca de Adolfo, mientras buscaba más besos míos y me acariciaba el pelo atrayéndome hacia ella. Me encantaba que tomase la iniciativa de aquella forma, porque aunque otro hombre estaba con ella, su principal preocupación seguía siendo yo. M. agarró la cabeza de Adolfo y la apretó contra su coño como si ya sólo fuera una herramienta, un simple consolador. Estaba lanzada para hacerse con la dueña de la situación y entonces comprendí el porque: rivalidad con Pilar. Cuando estaba desnudo y me acercaba de nuevo a mi única puta, Pilar se interpuso en mi camino. Me agarró la polla, que ya estaba dura, y se desabrochó el único botón que mantenía unidos los dos lados de la camisa. Eran unas tetas llenas de silicona, impersonales, muy morenas pero con unos pezones que por su artificialidad resultaban sumamente atractivos y excitantes; grandes y duros como pocos. -No me gusta el agua. - Me dijo. - Ven. Tenía que estar con ella, parecían las reglas del juego, aunque la idea de estar con M. y que ella me dedicase sus caricias, mientras aquel tipo le comía el coño me atraía, era una forma de asentar mi propiedad sobre su placer. Me dejé llevar al sofá pero sin perder la mirada de M., yo sabía en qué estado se encontraba en cualquier momento y me gustaba estar pendiente de su placer. Me senté en el sofá y Pilar empezó a lamerme por todo el cuerpo, gemía de forma forzada, como lo era toda ella. M. era muy superior sexualmente y me fastidiaba estar con aquella mujer que de tanta preparación sexual terminaba por convertirse en algo asexuado y frío. Terminó por desnudarse y mostrarme su coño absolutamente afeitado y un culo que me llamó la atención por la cantidad de marcas que tenía. Le acaricié alguna de ellas. Ella sin decir palabra se acercó al armario y sacó una fusta que, ante mi asombro, me la puso en la mano. A M. no le hizo ninguna gracia y se lo noté en la cara. La mezcla de placer y dolor había sido asunto de alguna fantasía nuestra; generalmente había salido a relucir en momentos en los que yo me encontraba especialmente estresado y ella quería satisfacerme de una forma especial, episodios como las pinzas en los pezones y en los labios de la vagina, las gotas de cera caliente y meter algo especialmente grande por el culo habían supuesto, generalmente, el colofón de jornadas especialmente calientes en los que M. llegaba a masturbase cuatro o cinco veces; suponía la búsqueda de placer a través de caminos menos explorados. Con la fusta en la mano, me dirigí al armario, si el sitio era tan sofisticado como parecía en cuestiones sexuales tendría lo que buscaba. Allí estaba: una vela. Con ella de la mano me dirigí hasta Pilar. Le puse la fusta en la barbilla. -Túmbate. Obediente hizo lo que le pedía y noté, por fin, una expresión de ansiedad en su rostro. Me puse de rodillas a su lado ofreciéndole mi polla; abrió la boca desmesuradamente y la metí en ella como si fuese un túnel del que no se vislumbraba salida. Lancé una mirada a M., que se dejaba secar por Adolfo, digna como una diosa y seria como un juez que desaprueba el delito. ¡Lo estaba cometiendo yo! La mamada de Pilar podría figurar en cualquier base de datos de cosas increíbles, dejaba que la polla entrase hasta su garganta, la apretaba contra el paladar y con la lengua la sacaba fuera, para volver a abrir la boca y dejar que entrase, de nuevo, hasta el fondo. La fusta, mientras tanto, hurgaba en su coño haciendo que su pubis se levantase en busca de mayor profundidad en su caricia. Encendí la vela. Pilar sabía lo que seguiría. -Sólo de cintura para abajo, - me advirtió. Los muslos, la parte interior, son lo suficientemente sensibles como para recibir con dolor las gotas de cera. Pilar las esperaba con una ansiedad que se traducía en su esmero en chupar mi polla. Cada gota que caía se reflejaba en un gemido, no un grito de dolor, si no un gemido de placer. Caerían cuatro o cinco antes de que Pilar cogiese la fusta y se la metiese en el coño con fuerza completando una breve masturbación que desembocó en un orgasmo escandaloso y no falto de artificio, como toda ella. El caso es que se desentendió de mi polla como yo me había desentendido de M. y me había perdido como había empezado a follar con Adolfo. Él estaba tumbado en el sofá y ella entraba y salía de su polla con fuerza, con algo de rabia. Pilar me había dejado a las puertas del orgasmo, me separé de ella y me dirigí a M., me coloqué a su espalda y la incliné sobre Adolfo de forma que su culo me quedó en pompa a mi disposición. Lubriqué mi polla con su propio flujo y se la metí sin muchas contemplaciones. Pilar se recuperaba unos metros más allá, sin perder detalle de aquellos dos hombres follando a la otra hembra que había en la sala. Se acercó a la mesita en la que estaban las bebidas y se sirvió una generosa ración de tónica con ginebra; después de dirigió al armario y extrajo de él un enorme consolador eléctrico que acopló al suelo de la sala. Encendió la vela, se sentó sobre el consolador y dejó que la empalara con movimientos más próximos a un martillo neumático que a un objeto de placer; mientras tanto, las gotas de cera iban cayendo desde las puntas de los pies hasta la zona de los muslos que yo le había trabajado minutos antes. Ya estábamos en una carrera hacia el orgasmo. La primera corrida fue la de M. que compitió en escándalo con la anterior de Pilar. Poco después Adolfo y yo, casi a la vez inundamos a M. que se separó rápidamente de nosotros para ponerse en pie, cerca de Pilar que estaba muy pendiente de lo suyo, abrir las piernas y dejar que la leche le cayese por sus muslos. Adolfo se incorporó y me miró con complicidad masculina. M. siguió caminando hacia la mesita de bebidas y nos sirvió unas copas. Los tres nos sentamos dispuestos a seguir viendo a Pilar, ajena a todo lo que la rodeaba, y empezamos a charlar desenfadadamente. M. y yo les contamos nuestra historia y que había sido el día anterior la primera vez que nos habíamos visto. Pilar, con los ojos cerrados, terminó por correrse y sin decir palabra se fue a beber otro lingotazo de ginebra y tónica. Pasaba de nosotros. Empezó a vestirse y, cuando se fue, ni se despidió. Eran casi las cinco de la tarde. Yo estaba derrotado y le propuse a M. irnos al hotel a descansar. La propuesta fue aceptada con agrado. Cuando M. salió de la ducha yo ya debería estar dormido, porque mi siguiente recuerdo son las caricias de M. por mi cuerpo, eran las once de la noche, había dormido cinco horas largas. -¿Qué vamos a hacer? - Me preguntó cuando se dio cuenta de que ya era persona. -Yo dormiría un poco más, la verdad. - Estaba claro que mi vida de fumador sedentario pasaba factura. -Eres un cabrón. -Tú también deberías dormir, luego saldremos pasaremos la noche fuera. -Ya no se te pone tiesa, eso es lo que pasa. Estás que no puedes con tus huevos, menudo amante que me he buscado, joder. Me daba lo mismo lo que dijese. Como hombre soy egoísta por naturaleza, aunque me guste el placer ajeno, pero la verdad es que no podía. -A lo mejor es que ya no me pones, ¿no lo has pensado? - Era un comentario recurrente que habíamos utilizado algunas veces y que M., inevitablemente tomaba como un reto. - Además, la cita no sólo era para follar también lo era para hacer realidad nuestras fantasías. -Lo único positivo es que te has portado bien cuando me ha follado otro delante de tus narices, eso me da mucha libertad porque he comprobado que cuando me animabas a follar por ahí no me lo decías de boquilla. -Siempre voy por derecho. Me acosté boca abajo, quizá protegiendo mi polla de un ataque que difícilmente podría aguantar. Ella se sentó a horcajadas sobre mi culo, sus tetas contra mi espalda, su consolador en su boca. Era una sensación placentera que se iba tornando excitante; M. paseaba sus pezones por mi espalda, arriba y abajo, hasta que, al poco tiempo noté como empezaba a mordisquear mis nalgas y a pasar su lengua por ellas; noté como el consolador empezaba a recorrer la raja de mi culo, llegaba al centro y trataba, muy despacio, de abrirse camino. Esperé a ver qué pretendía, pero no tenía ninguna intención de perder mi virginidad. Al momento, note su lengua entrando entre mis nalgas. Me recorrió un escalofrío que M. sintió y profundizó en el beso. Nunca me habían hecho algo así y a ella, pendiente como ninguna mujer de mi placer, le halagaba cada espasmo de mi cuerpo provocando una mayor dedicación a lo que estaba haciendo. -Me meto el consolador. - Me dijo, ya que yo no podía verla. - Nunca dejes que nadie te haga esto, amor. Era increíble, M. volvía a estar en la carrera al orgasmo yo escuchaba el ruido que hacía el consolador al entrar y salir de su coño repleto de flujo; mientras que su lengua recorría mi culo, dura y húmeda. De vez en cuando, sus lamidas llegaban hasta mis huevos que recibían una chupada, succión, que les hacían entrar en la boca de M. Yo empezaba a sentir un placer inmenso y, además, unas ganas de mear que apenas podía aguantar. Me moví, indicando que aquello tocaba a su fin. Mi vejiga estaba a punto de estallar y mis huevos llenos de leche. No le pregunté, la cogí con cierta premura y violencia y la tumbé en la cama boca arriba. Su consolador en el coño, su cara demostrando el placer que estaba sintiendo; me coloqué encima de ella, de pie, ella entre mis piernas. -Voy a mear encima de ti. -Espera, por favor, espera. - Fue una súplica, un ruego, al tiempo que se masturbaba con mayor ansiedad. - Espera a que me corra. Yo apenas podía aguantar, tenía la polla en la mano dirigida a sus pechos dispuesta a mearla, no podía aguantar y dejé que saliese un chorro de orín hacia sus tetas. Ella lo recibió extendiéndolo por ellos y por su vientre, solté otro chorro hacia su cara y ella lo buscó con la boca con cierta avidez. Estaba a punto de correrme y ya sabía lo que quería, cuando empezaron sus gemidos previos al orgasmo dirigí el último chorro, el grande y definitivo hacia su coño. Se retorció como una culebra, pusimos la cama perdida, pero todo daba igual. Cuando terminó se puso de rodillas y empezó a chupármela. Yo la agarré con el pelo, ella terminó por abrir la boca todo lo que pudo y la follé, porque fue una follada, por la boca. Empezaron a salir unas gotas de semen, que le salpicaron la cara, agarró la polla y se la metió en la boca para recoger en ella todo mi semen. Cuando terminé, me mostró su boca abierta, llena de semen y la cerró ceremoniosamente tragándoselo todo. Ya eran más de las doce, a M. le salió el ramalazo de ama de casa y ordenó un poco la habitación. Ya tenía que hacer la maleta, pues su vuelo salía a las siete de la mañana y el plan era salir a pasar la noche por ahí. No podía ocultar un cierto desasosiego, mientras guardaba la ropa dejó fuera la blusa que había comprado aquella mañana y la falda que llevaba la noche anterior. Nos duchamos juntos, acariciándonos y dándonos jabón por todo el cuerpo. Mi polla estaba en un estado de letargo que para mí era desconocido. Estaba gorda, pero medio muerta en una dimensión adecuada y trataba de responder a las caricias de M. Pero era una misión imposible. Mi excitación ya sólo podía ser psicológica y rogar que lo uno llevase a lo otro, es decir, a la excitación física. En la ducha fue el único momento tierno. Le dije que ya no podía más y que ya todo quedaba de su mano, que era consciente de que a lo mejor me había pasado. Se abrazó a mí, no le hicieron falta palabras, sus gestos indicaban que seguía estando a mi disposición y que le hacía feliz, nos quedamos un rato abrazados debajo de la ducha.

El encuentro (III)

El encuentro (III) Tercer día Nos quedaban cinco horas juntos y, en aquel momento, yo era consciente de mis limitaciones. Ella, sin embargo, podría estar todo el día provocándose orgasmos y esas últimas horas suponían una excitación añadida. Charlamos en la habitación sobre nuestras aventuras en el cyber espacio. Sus pajas en el despacho, sus pajas en casa, aquel día en el que instaló la Webcam en su dormitorio y se hizo tres pajas seguidas. En como se sentía satisfecha satisfaciéndome y sabiendo que yo estaba al otro lado, pendiente de ella. Poco a poco, la conversación fue derivando en la clasificación de nuestras fantasías llegando a la conclusión de que a los dos la que más nos excitaba, por prohibida y depravada, era la que ella tenía con su propio hijo. M., me contó en una ocasión que le excitaban los calzoncillos de sus hijos manchados de semen y que en alguna ocasión los había olido, olor de macho joven, y que se había masturbado oliéndolos. Yo le había ido preguntando, mientras se masturbaba, si no había pensado en follárselo. Claro que lo había pensado y la idea la ponía sumamente cachonda, por su deseo y su rechazo a partes iguales. Incluso una vez, en plena conversación madre / hijo, éste se abrazó a ella sin mucha intención filial, más bien con intención de besarla en la boca y tocarla más allá de la ropa que llevaba puesta en ese momento. M. se retiró espantada ante la posibilidad de que pasara lo que estaba a punto de pasar. -Me da miedo, - me había dicho en cierta ocasión, - porque si tu me mandases hacerlo sería capaz y no quiero. Pero la idea era demasiado perversa como para dejar que pasase por la mente caliente de M. sin que causase efectos inmediatos. Los dos estábamos desnudos, tumbados en la cama. Ella empezó a fantasear con aquella posibilidad. -Me abriría de piernas para él, que me miraría sin terminar de creérselo. - M. se abría de piernas escenificando la fantasía. - Ven, ven conmigo... -Se tumbaría encima de ti, metería su polla en el coño de su madre. M. empezaba a meter sus dedos en el coño y empezaba a lamerse los labios. -Ven hijo, ven... Le acariciaría la cabeza, despacio, con suavidad. -Él te chuparía las tetas, como cuando era pequeño. M. estaba en plena masturbación. Me levanté de la cama y le busqué el consolador que ya estaba guardado en el bolso, lo lancé a la cama y me senté en uno de los sillones de la habitación, con la polla en la mano, dispuesto a disfrutar de aquella fantasía en directo. Cuando se masturbaba conmigo, llegaba un momento en el que M. entraba como en trance, de forma que admitía todo era una carrera en busca de un orgasmo que a veces tardaba y a veces explotaba inesperadamente. Ya estaba en ese estado y respondía a mis preguntas como si la entrada del consolador en su coño hubiera significado que entraba en un trance hipnótico y contestaba a mis preguntas como si convirtiese en realidad su fantasía. -¿Estáis solos en casa? -No, no. Están los otros, los pequeños. - Contestaba entre jadeos. - Abren la puerta y nos ven. Les digo que su hermano está malito y que le estoy curando. Se marchan. -¿Pero tu hijo ya no quiere seguir? -Sí, si... sigue con más fuerza. Dale tu leche a mamá, dásela... M. se movía con fuerza, con los ojos cerrados y ajena a mi presencia. Realmente sentía a su hijo dentro de ella y se movía buscando provocarle el orgasmo. Mi polla no había llegado a ponerse bien dura, pero estaba gorda, grande y sensible. Yo estaba disfrutando y ella más. El orgasmo no tardó en llegar, M. gritó de forma escandalosa y se quedó rendida en la cama. Me acerqué a ella y la besé en la boca, le lamí la lengua que ella sacó en busca de la mía. Le coloqué los huevos sobre la boca y los lamió. -¿Vas a follarme antes de que nos despidamos? -Depende de ti. Tendrás que excitarme mucho más. Apenas tengo leche. Se incorporó y se metió la polla hasta dentro, contestando de esa forma, respondiendo que estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de llevarse mi leche en el coño. Quedaban tres horas. Era hora de ir saliendo hacia el aeropuerto. -¿Que me pongo? - Me preguntó. Busqué en el armario y le saqué la falda abierta por delante y la blusa que había comprado y que dejaban al descubierto sus pechos gracias a las aberturas de las axilas. Ella, sumó a la vestimenta una chaqueta de punto muy liviana para no dar el espectáculo en el aeropuerto. -Ya veremos, - le dije. Ya en el viaje fueron momentos tristes o serios, no sé como calificarlos. Silencio y poca excitación. Habían sido jornadas muy intensas y de todo se cansa uno, aunque había sido un escape que ambos necesitábamos. Sólo el paso del tiempo colocaría nuestra peculiar relación en su sitio. La noche estaba terminando, las aceras de la ciudad repletas de noctámbulos que regresaban a sus casas, confundiéndose con quienes acudían a sus trabajos. El tráfico era fluido por lo que nuestra llegada al aeropuerto no se demoró. Dejamos el coche en el parking y fuimos a facturar el equipaje y a tomar un café, con algo dulce ya que yo notaba que me hacía falta azúcar. La cafetería estaba llena de gente que esperaba vuelos o transbordos, dormidos por los bancos o esperando pacientemente la llamada de sus respectivos vuelos. -Al final me voy sin tu leche. Yo asentí. -Aunque si quieres intentarlo te ofrezco el servicio o el coche. M. se puso en pie como impulsada por un resorte. -Vamos al coche. La acerqué a mí y, disimuladamente, metí la mano entre sus muslos. La muy puta estaba chorreando. No tardamos en llegar, decidimos colocarnos en el asiento del copiloto, echándolo para atrás. La situación era un tanto excitante porque, aunque el coche estaba en un lugar discreto, a lo lejos, de vez en cuando llegaban más vehículos o gente a recoger los allí estacionados. Yo me senté primero y me bajé los pantalones, ella abrió la falda del todo y se montó sobre mi polla metiéndosela bien adentro. Su calidez me estremeció, levanté la blusa y atraje sus tetas hacia mí. Notaba que mi polla no estaba dura del todo, pero ella sabía como sacarle partido y como hacerme disfrutar. Desde fuera sólo se la veía a ella, inclinada sobre algo, ella veía a través de los cristales. Entre jadeos me iba comunicando el movimiento del parking, le excitaba la situación, pero yo no podía corresponderle de la forma que ella requería. A los dos nos costaba conseguir el orgasmo, no se como metí la mano en su bolso y saqué el consolador. Se lo coloqué a la entrada del culo y apreté buscando penetrarla con él. Sabía que era imposible, ya que algunas veces ella lo había intentado y sólo lograba hacerse daño. Pero a mi no me importaba el daño que pudiese sentir y ella, colaboraba apretando su culo contra el artefacto. Su dolor me excitaba y ella lo notaba porque mi polla se ponía dura dentro de su coño. Fueron unos movimientos rápidos que sirvieron para sacar mi polla de su coño, meter el consolador y lubricar el consolador con su propio jugo, de esa forma el consolador se abrió camino de forma más fácil, aunque no tanto como yo deseaba. M. se retorcía encima de mi tanto de placer como dolor. El aparato iba entrando. -Cabrón, me vas a romper el culo. -Lo dejo. -No. No lo dejes hasta que te corras, siento como tu polla crece. Ella se movía, gritaba y gemía. Era admirable que a pesar de hacer el papel de sumisa, M. fuese capaz de controlar la situación de esa forma para satisfacer a su dueño, para irse llena. De vez en cuando, me sujetaba la mano, oponiendo una cierta resistencia pero eso me excitaba más y yo empujaba más fuerte. Enseguida comprendió el juego, era una auténtica violación consentida. De pronto, el consolador se introdujo mucho, de golpe, como si hubiese vencido toda resistencia. Ella gritó de dolor y pocos segundos después se corrió empalada en el coño por mi polla y con el culo en pompa y el consolador metido. No se quiso mover, siguió quejándose de dolor porque sabía que eso me gustaba, dio dos o tres movimientos certeros con su pubis y me susurró tres o cuatro insultos al tiempo que me pedía leche. Yo tuve un orgasmo muy intenso, ella lo aprovechó moviéndose despacio a cada sacudida que sentía. Noté que me salió mucha leche pero poco espesa. Saqué el consolador de su culo y se lo mostré. Estaba manchado de sangre. Ella lo guardó en su bolso y nos compusimos para salir de allí como si nada hubiera pasado. Ya todo fueron prisas por coger el avión. Sentía que se fuera, aunque era una sensación contradictoria. Con M. no había más que sexo y no se podía estar follando siempre. Nos dimos un beso esperando una nueva sesión de Webcam, porque de momento eso sería todo lo que tendríamos. -Me voy como una puta, sucia de ti. Noto como me cae tu semen por los muslos. -Cuídate. Creo que los dos sentíamos lo mismo, nada de cariño, nada de nada. Despareció como había llegado, sin darme cuenta, sin esperarlo. P. S. Cuando llegó a su destino, M. me mandó el siguiente mail, que transcribo íntegramente: Hola cielo: Nada más llegar a casa me he conectado para ver si estabas. Sólo decirte que he estado en el avión tocándome, aunque no me he corrido pero estar recordando estos días me calentaba y no podía evitarlo. Ahora me voy a duchar porque todavía tengo tu leche pegada en mis muslos y si no apareces me meteré en la cama... y ya sabes... pensaré en ti cuando me corra, cabrón. Tu puta. M.

Un breve romance

Un breve romance Un breve romance Había pasado toda la noche excitada por las cosas que ambos nos dijimos. Había pasado toda la noche excitada por las cosas que ambos nos dijimos. El día finalmente habia llegado y la tarde invadió la casa. Por suerte estaba allí y pase gran parte del día a ver fotos imaginándome que estaba con vos. Lo que más deseaba era volver a escucharte. Cuando el teléfono sonó y tu voz se escuchó todo en mi se estremeció. La excitación se hizo más y más notoria. Me encontraba en la cama boca abajo, con una mano sostenía el teléfono y con la otra me acariciaba suavemente la vulva. Los dedos jugaban buscando la humedad de mi vagina, la que discurría por los escasos vellos que crecen en mi Monte de Venus. La charla comenzó. ¡Cómo me gusta esa sensación de adolescente que provocas!. Me haces disfrutar con cada palabra que tu voz emite. La excitación era gigantesca, pero temía que tú lo supieras, ya que tú estabas en un lugar público. Entonces mientras me tocaba mi mente comenzó a elaborar imágenes de lo que deseaba que sucediera. Había llegado el día de vernos por fin los rostros. Yo conocía más de ti que vos de mí. Habías leído algunas cosas que había escrito, habías compartido muchísimas palabras y nuestras voces. Ya en un lugar más íntimo nuestras miradas se fundieron y nuestras manos n os recorrían a su antojo. Las mías se dedicaron a tu piel, a reconocerla, como un cartógrafo. Mis labios sumaban otra perspectiva. Los labios, las orejas, el cuello fue un lugar donde perderme sumándole más calor a mi cuerpo. Las manos descendieron por tu pecho el cual fue plagado de pequeños y dulces besos. La espalda sería deleitada más tarde. De vez en cuando nuestras miradas se encontraban y volvíamos a perdernos en las caricias. Tu excitación era evidentemente visible. Ahora podía ver tu pene, erecto, desafiante y presumiblemente sabroso, aquel que había ya visto en unas fotos que me enviaste, mi primera visión de ti. Mi boca se fue aproximando suavemente. Los labios rodearon tu pene, primero llenando de besos el homologo del Monte de Venus. Las manos rodeaban tu cola, tus piernas hermosas y fuertes. Te miré diciéndote con la mirada lo que ahora iba a suceder. Aunque tu lo supieras no podrías imaginar quizás toda la pasión que iba a ser desatada. Mi boca se acercó suavemente y comenzó a besar tu pene mientras las manos acariciaban lentamente los testículos y la cola. Continué besándote por un rato de esa manera y en un segundo te miré y hundí mi boca en tu pene. Estaba muy duro, sabrosísimo como lo había imaginado, caliente. Cerré los ojos y un rítmico movimiento de entrada y salida se produjo. Sentía que volaba de placer, sentía tus gemidos por toda la habitación, tus frases inconexas diciéndome que no parara, que te volvía loco, pidiéndome más y más. No eran necesarias, ya que no pensaba parar de hacerlo hasta que tu semen fuera expulsado de ti. Hasta que un tremendo orgasmo te invadiera, hasta escuchar tus gritos de placer. Las manos trataban de seguir con las caricias, con esos mimos que tanto habían soñado. Mientras mi boca se deleitaba besándote, chapándote, saboreándote tus manos me acariciaban con una ternura sin par. Nos mirábamos de vez en cuando encontrando unas miradas de pasión y ternura. Tus gemidos se fueron acelerando, tus respiraciones se hicieron más y más profundas y supe que el orgasmo era inevitable. Me dijiste que deseabas ver tu leche en mi cuerpo, cayendo por mis senos, por tu pancita y así fue. Un chorro caliente de placer salio de ti y se derramó en mi cuerpo.

Mi amante

Mi amante Desprendí cada botón sin premura, deslicé cada manga sintiendo el sonido que emitía al rozar tu piel. Apenas había anochecido en aquel invierno. El sol recién se había ocultado. Llamé a tu timbre y esperé a que bajaras a abrirme la puerta. Te besé en los labios y subimos a tu apartamento. En el trayecto intercambiamos algunas palabras sobre las actividades que habíamos hecho ese día. El lugar me recibió cálidamente, con aroma a libros provisto de una luz tenue. Luego de entrar me despojé de mi abrigo y otras pertenencias y nos besamos nuevamente. Esta vez el beso fue más prolongado, más profundo. Me condujiste a tu habitación aquella que ya tantas veces había cobijado nuestros cuerpos y toda su pasión. -Desnúdate. Quiere verte desnuda- dijiste. Lentamente comencé a hacerlo, sin bailes ni llamativos movimientos. Sólo despojándome de las prendas que habían cubierto de mi cuerpo. Luego me dijiste que te desnudara. El pedido fue cumplido parsimoniosamente. Desprendí cada botón sin premura, deslicé cada manga sintiendo el sonido que emitía al rozar tu piel. Escruté cada detalle , tus lunares, tus vellos, el color de la piel, la manera que mis dedos se deslizaban al acariciarte. Fui cartografiando cada mínimo detalle, cada mínimo pliegue de tu piel. Fui haciendo un croquis mental de las caricias que se irían aproximando. Mi boca se apoderó de tu lengua, mis manos recorrieron tu piel, inventaban nuevas caricias, nuevas fantasías. Mis deseos se fueron desplegando, armándose como un gran juego de piezas, como un mecano. Nuestros cuerpos ocuparon la cama y tu boca se desplazó a mi vulva. La rozó tus labios encontrándola inundada lo cual provocó que mencionaras ese aspecto. Y para mí pensaba como no estar empapada si cada vez que pensaba en él mi vagina empezaba a exudar líquidos, sus paredes se separaban, mi útero se elevaba y una sensación de ansías recorría todo mi cuerpo. Ahora era la lengua quien se adentraba en la vagina y buceaba con la habilidad de los que lo hacen a decenas de metros, de los que buscan nueva fauna en los arrecifes de coral. Tu boca mordisqueaba los labios mayores, abrían hábilmente los labios menores, masajeaban el clítoris . Los dedos se veían empujados como si en mi interior existiera un imán para tus dedos. Mis manos sujetaban como podían tu espalda. Tu cuerpo se movió cambiando de posición y me ofreció tu pene erecto, con su piel suave y su increíble aroma un manjar que no pensaba rechazar. El sabor de tu sexo, más el aroma de tu piel formaban una de las combinaciones aromáticas mas sensuales que jamás percibí en un hombre. Deslicé la lengua por el tronco, hice círculos en la cabeza del pene, tome los testículos con mis manos, presioné fuertemente las paredes laterales del pene como tanto te excita. Hundí mi boca permitiendo que entrara en mi boca. Lo sentí rozar las paredes de mi boca, la parte interna de las mejillas. Por su parte te movías haciendo que la penetración fuera más profunda. Ahora movía tu cuerpo hacía mí. Te sujeté con fuerza de las caderas y llevé mi boca a tu ano. Cuando se produjo el primer rozamiento, tu boca exhaló un fuerte gemido. Esto provocó mi mayor excitación y comencé a lamer tu ano, a recorrerlo con la lengua, a introducirla dentro suavemente sintiendo como a cada segundo tu excitación aumentaba. La visión que tenía de tu cuerpo era grandiosa, tus nalgas suaves y redondas, tus piernas, tu pene erecto. Tú por tu parte me introducías un pequeño consolador en mi ano. Lo ibas introduciendo lentamente provocando que mi esfínter anal se abriera muy despacio tal como me lo habías prometido. Pero eso es cuestión de otro relato. Luego de transcurrir un tiempo con estos juegos y caricias te moviste y te sentaste sobre tus nalgas con las piernas flexionadas y colocaste tu pene erecto sobre mis labios menores presionando ligeramente la entrada de mi vagina. La penetración fue suave y comenzaste con el movimiento de vaivén. Estaba tan excitada que comencé a decirte al oído lo que quería que me hicieras lo que provocó que como si fueras sumiso de mis deseos los cumplieras. Lo que provocaba que te dijeras más y más cosas. Tus gemidos se fueron haciendo más y más profundos, mas enérgicos y un rápido movimiento introdujiste tu pene nuevamente en mi boca y un tu semen invadió mi boca y un beso apasionado nos permitió saborear el fruto de nuestro encuentro.

Una cita inesperada

Una cita inesperada Una cita inesperada Metí los dedos en mi coño y los saqué mojados de leche. Me los llevé a la boca y los chupé. Me daba igual que estuviese acompañada en la cama ya que necesitaba de momentos propios, momentos para disfrutarlos yo sola. Metí los dedos en mi coño y los saqué mojados de leche. Me los llevé a la boca y los chupé. Me daba igual que estuviese acompañada en la cama ya que necesitaba de momentos propios, momentos para disfrutarlos yo sola. Aquel día había comenzado como tantos. Respondí a la llamada de mi amante para hacerme una paja para él a través de la webcam y me fui a trabajar. Rutina. Charlas con mi amante a través del messenger, saber que está al otro lado de la línea me pone cachonda y me da seguridad. Aquel día, ¿de qué hablábamos? ¡Ah, si! Sobre si mis pajas eran producto del vicio o de la necesidad, del hambre que pasaba, del tiempo que hacía que no cataba una polla. Son conversaciones que van dejando poso, que nos van haciendo que nos conozcamos mejor, que nos calientan y que inexorablemente nos llevan al sexo. Con él me siento una puta viciosa, llegamos a la conclusión esa misma mañana, pero su puta viciosa, que quede claro. Nuestra relación está sustentada en el sexo, en el vicio, en el placer por el placer. Él me encuentra atractiva y deseable, le gusta ver como me muevo con el consolador en el coño buscando desesperadamente un orgasmo tras otro. Para cerrar la charla de aquella mañana me hice una paja en el despacho, llamándole a él en el momento en el que me corría, es como nuestro sello de identidad una respiración entrecortada; un comentario intencionado nos llevan a seguir buscando sexo. Soy suya y eso no lo dudo. Poco después me llamó un amigo de San Sebastián. Bla, bla, bla... Yo acababa de correrme, mis pensamientos todavía estaban con mi amante. Me dijo que un amigo suyo estaba en Tenerife y que si le podía dar mi teléfono. Claro, porque no. Incluso me mandó una foto del tipo para que lo conociese, alguien anodino, una de esas personas que se pueden decantar hacia lo insoportable o hacia lo agradable con igual facilidad. Cuando se lo dije a mi amante, a mi dueño, me dio permiso y me animó a que comportarse como una auténtica puta, me empujó a que me lo follase y a que lo disfrutase aunque no podríamos cumplir nuestro pacto de llamarnos por teléfono en el momento de estar con otras personas ya que él estaría ocupado. Me sentí libre y deseosa ante la posibilidad de follar realmente, pero también tenía dudas, prejuicios que nos inculcan y que tardamos años en liberar o que nunca llegamos a deshacernos de ellos. No obstante quería estar preparada para cualquier eventualidad y, cuando el tipo me llamó por teléfono confirmando la cita, como primera medida me rasuré el coño para dejarle el camino abierto a su lengua. Luego me vestí, estrené un conjunto de ropa interior que tenía guardado para una ocasión especial y me vestí sexy, pero no agresiva. Desde que lo vi supe lo que iba a pasar. Era alguien agradable, anodino pero perfectamente válido para follar, por lo menos a primera impresión. Ya, desde que me dio dos besos de saludo, mi cabeza se llenó de sexo, me resultaba difícil seguir las conversaciones porque me estremecía cada vez que nos rozábamos accidentalmente; estaba claro que ambos lo buscábamos y el problema radicaba en encontrar el punto de unión de los deseos de cada uno. Un bar, tras otro hasta que nos quedamos en la calle con todo cerrado. Era el momento, o eso parecía, al borde del mar, con su brazo sobre mi hombro y yo pasando suavemente las yemas de mis dedos por su piel. La situación requería un beso, que no se produjo, pero, en su lugar comenzó una conversación interesante: sexo. Anécdotas y sucedidos que nos demostraron que ya estábamos los dos en el mismo terreno. Nos fuimos a su hotel. Yo conducía pensando en las alternativas que tenía: o esperar a que él me dijese algo o aparcar el coche y bajarme con él, dando por supuesto que yo estaba dispuesta. La solución, como suele suceder en estos casos, llegó sola ya que mientras aparcaba el coche él me dijo que subiría a su habitación, dándolo también por supuesto. Mejor así. Mientras subíamos notaba como latían los labios de mi vagina y ya en la habitación, cuando me senté en la taza del water y dejé que se vaciase mi vejiga comencé a pensar en lo que pasaría a continuación. Ya no sé si tenía presente a mi dueño, a mi señor, sólo pensaba en la polla que me esperaba en la habitación de al lado. Pero también me sentía mal, un poco mal, sólo eso, un poco. Era un tío al que acababa de conocer, me sentía como una puta barata en un hotel con su cliente de aquella noche. Deseché rápidamente esas ideas y salí del cuarto de baño. Sus primeros besos y caricias me recordaron que era una hembra y que al fin tenía un macho. Sentir su lengua en mi boca y sus manos en mi pecho difuminaron cualquier atisbo de prejuicio que pudiera quedarme y me entregué en busca del placer. Nos quitamos los pantalones y me tumbó en la cama, yo tenía las piernas abiertas y mi coño buscaba su polla con insistencia. No la tenía del todo dura, pero ya me encargaría yo de ponerla a tono. Se ofreció a lamerme el coño y le dejé hacer, terminé de desnudarme y le entregue mi coñito recién rasurado empapado de deseo. Me lo comió bien, de atrás adelante, frotándome el clítoris que estaba sensible y deseoso. Yo cerré lo ojos y me dejé hacer, lo necesitaba. Luego fue mi turno y me metí su polla flácida en la boca, no sé si recordaba la polla de mi amante que se la veo dura como un palo, la necesitaba asi, pero aquel tipo era incapaz de empalmarse como es debido. Me trabajé su polla con dedicación, el capullo, los huevos, pero nada, además de pequeña no se terminaba de poner dura. Pero no me importaba en ese momento, la quería en mi coño y ya me había dado cuenta de que me sería muy fácil llevar la iniciativa. Lo monté y me metí la polla en el coño. Conozco bien mi cuerpo y los resortes de placer que tiene. Me coloqué de forma que mi clítoris pudiese frotarse contra su pubis y así completaba la carencia de aquella polla blanda que tenía dentro de mí. Era placentero, él estaba excitado, me agarraba por las nalgas y alababa la calidad de mi culo, yo le ponía las tetas en la boca y él chupaba con ganas. Eso me hacía falta y así se lo demostré corriéndome enseguida; luego sólo me hicieron falta un par de movimientos certeros sobre su polla para que me llenase de leche. Me dejé caer a su lado. Metí los dedos en mi coño y los saqué mojados de leche. Me los llevé a la boca y los chupé. Me daba igual que estuviese acompañada en la cama ya que necesitaba de momentos propios, momentos para disfrutarlos yo sola. No tardé en tener ganas de más pero el reculó como un buey. Me dijo que sería imposible echar otro polvo tan rápido. A mi me daba igual, ya era yo la que mandaba, era yo la que estaba dispuesta a disfrutar y le utilizaría para ello. Me gustaba estar allí desnuda a su lado, no por él, si no por sentir otro aroma a mi lado, por poder hacer todo lo que tantas veces había soñado. Charlábamos sobre nuestras experiencias sexuales y le conté como me había estado metiendo una zanahoria en el culo para que, al encontrarme con mi amante de entonces me pudiese follar por ahí. Eso le calentó sobre manera y, sin decirme nada, se colocó encima de mí metiendo su polla en mí. Yo ya estaba empapada de mis flujos y de su leche por lo que entró fácilmente. Me entrelacé a su culo con mis piernas para ayudarle un poco, ya que su polla seguía siendo deficiente. Me cambió de postura para follarme de lado, por detrás. Eso le gustó, a mi también me gusta y fantaseado mucho con mi amante para que cuando nos encontremos me folle así, y así terminó corriéndose pero a mi me dejó a medias. No le di tiempo a que se quitase y casi le obligué a que me masturbara con sus manos, así lo hizo y disfruté mucho. Aquello había terminado. Sexo por sexo. Le conté que estaba liada con mi dueño y que si él hubiese podido le tendría que haber llamado para que me escuchara correr. El tipo no pareció entenderlo así que ¿para qué más? Me duché y me fui. Llegué a casa, me comí un yogurt y me metí en la cama. Sólo dormí una hora ya que me despertó un sms de mi chico que me preguntaba si había follado. Me conecté al messenger, desnuda, hembra, zorra caliente para mi chico y le conté mi aventura sexual. Y, como siempre pasa, una cosa llevó a la otra. Me hice una paja para él y volví al trabajo, a la rutina, hasta que mi dueño me vuelva a requerir para que me masturbe para él, para que sea su puta viciosa. Y así lo haré.

JAVIER

JAVIER JAVIER Me encuentro de espaldas al colchón con ella encima, viendo cómo con su agitado respirar, pasea sus manos sobre mi pecho, mientras sus caderas comienzan un rítmico baile circular sin levantarse de su puntiagudo asiento Lo que voy a contarte sucedió a finales de julio, antes de que nos dieran las vacaciones de agosto que en la empresa en que estoy, nos las dan a casi todos los empleados juntos, aunque tendré que remontarme a los últimos días de junio para ponerte en antecedentes. Dos de mis compañeras; sentadas a unos tres metros del ordenador enfrente del cual me siento "a producir"; llevaban unos días cuchicheando y con gestos de frustración, pesar y rabia. Eso es lo que yo veía, al principio, y como soy el último mono que llegó a este lugar, me dedico a lo que me pagan (que ya todos sabemos cómo está el panorama...). Pero claro, yo, ahí, dale que te pego a las teclas y revisa este número, pon este dato correcto... y ellas dos raja que te raja... así que al final empecé a saber de qué iba el tema, porque entre susurro y cuchicheo alguna voz más fuerte se escapaba... reconozco también que afiné el oído. Una de las dos, la más joven, tenía un serio problema con el chico con quien salía... por lo que medio entendí se trataba de una infidelidad. Y el resultado de esas conversaciones en la cumbre consistía en pensar qué iba a hacer con él esa compañera, qué es lo que el día anterior había pasado en una conversación que habían mantenido... Eso es lo que hubo día tras día durante dos semanas. Ocurrió, en junio principios de julio, que se puso enferma la confidente-consejera de mi compañera. A la chica se la veía todas las mañanas (que es cuando yo tengo mi media jornada, seis horas que en realidad son ocho, todas de mañana)... Perdón por el comentario personal... pero es algo que me pica... y comprenderás bien el porqué... Pero, a lo que iba, se veía a mi compañera intranquila, desesperada... y yo lo único que hacía era mirarla, de vez en cuando entre factura y escrito, o en las llamadas de teléfono... Ella se daba cuenta, pero yo no tenía ni idea de qué hacer... al final fue ella la que se decidió a acercarse, me propuso irme con ella en la media hora del café, y estando en ella, y tras algo de charla intranscendente, entablamos una conversación bastante directa que aún recuerdo. -¿Sabes lo que me está pasando? - me preguntó mirándome a los ojos -Algo os oigo... -dije intentando no pasar a mayores, y a la vez, reconozco interesado. -Y ¿qué nos oyes...? - seguía mirándome a los ojos, los tiene muy bonitos, oscuros, como a mí me gustan... -Que tienes problemas con tu chico... -¿Sabes por qué? Negué con la cabeza... algo sobre una infidelidad, pero cómo se lo puedes decir así... -Lo pillé con una dándose el lote contra la pared de un local... - lo decía, creo, con rabia, pero a la vez me pareció de una forma fría - salíamos un día del fin de semana con nuestras amistades, separados, y me lo encontré una noche... con otra. No dije nada, que se iba a poder decir... y tras este silencio fue ella la que empezó a contarme, cómo los encontró, que llevaban diez años saliendo, desde los diecisiete, que incluso tenían planes para comprar una vivienda y dejar las casas de los respectivos padres, ahora que les iba bien a los dos. Básicamente eso fue lo que me contó en el primer café que tuvimos. Puedes imaginar el panorama. A ese primer café lo siguió otro y a ése otro, hasta que "su" compañera se repuso y se reincorporó. Creo que me cogió mucha confianza, pues en los cafés que nos tomamos me contó muchas cosas, que quería arreglar el asunto, que no sabía cómo hacerlo, pero que al final tras que hubieron hablado no había nada que arreglar... Me pidió consejos y el único que le di fue el de "rehaz tu vida si no hay, ya, nada que arreglar", que creo es el único sensato y a mano que se puede dar sin quemarse los dedos. Me habló, y esto me sorprendió, también de que con ese chico tuvo que aprender muchas cosas de sexo que jamás creía que haría... Bueno, así fueron nuestros cafés. Con relación a ese tema. Extrañamente, en esas conversaciones decidí, contarle algo sobre mí, sobre que una vez quise y que ahora me costaba mucho confiar, y muchísimo más querer (de hecho no he vuelto a querer), que ella se había ido con otro... de esto ya hacía algunos años y que, desde entonces, no me había acercado a ninguna otra mujer. Y en este ambiente de "confesiones" y al final de risas, me contó que ellas creían que tenía novia en la ciudad de la que soy, porque vuelvo casi todos los fines de semana, que puedo... Me reí mucho... ¡si ni siquiera soy capaz de acercarme a una ahora! Y en un momento de estupidez suprema, le comenté que el primer día que la vi, me asustó... porque en cierta forma, y en parte de su aspecto, me recordaba en algunas cosas a la chica que quise... ahí debí de cagarla... o asustarla... Pero, bueno... en definitiva llegó su compañera y volvieron las tornas al otro confesor. Ya a finales de julio y antes de cerrar la empresa por vacaciones, se organizó una cena para los empleados a la que asistimos casi todos. Así que el viernes de esa semana todos arregladitos y dispuestos para una cena. A ser posible alejado de los jefes... y vaya que estuve alejado, comí al lado de esta chica y de otras cuantas... con lo cual estuve muy bien acompañado... y alimentado. Ahorraré la descripción del menú. Lo que sí te diré es que mi cena estuvo muy animada y con ellas "desmelenadas" me lo pasé muy bien... Los puñales, las bromas y las directas volaban en todas direcciones; y las miradas de envidia del bando aquí nos sentamos "todo hombres" también. Tras el restaurante acabamos en la zona de copas. Algunos compañeros desaparecieron del grupo antes de llegar al primer local, en el primer local, o tras el primer local, perdimos a más... y de esta forma quedamos los justos para no discutir sobre a dónde iríamos. Acabamos yendo a locales, de la zona centro (más o menos cerca de dónde tengo la buhardilla alquilada), en que se pudiera bailar... y claro... no podían haber escogido mejores sitios para demostrar que soy un pato mareado... Todos, pues éramos menos hombres, comenzaron a sacar; o eran sacados; a bailar a alguna de las compañeras... yo intenté arrinconarme en el lugar más oscuro posible, allí donde no se me viera... pero claro, no me puedo hacer invisible y al final acabé en el ruedo demostrando lo patoso que soy. En uno de estos locales, al final acabé bailando con la compañera de la que antes te hablaba. Fue ella la que se acercó, me dijo un "sal a bailar conmigo, que ya has bailado con casi todas". Y, nada, allá "tuve" que ir. Comenzamos algo alejados, y al final pegados. Estuve "bailando"; bueno, mal moviéndome e incluso intentando aprender a bailar alguna otra cosilla que no fuera la rumba el resto de la noche, las conversaciones, entre local y local, ya ni las recuerdo, algo de cine, que me encanta... también algo sobre la empresa y dónde se habían ido algunos de los compañeros... Lo que sí recuerdo muy bien fue la forma en que ella se acercaba, pegaba su cuerpo al mío... Al final acabamos marchándonos, bien entrada la madrugada, otras dos chicas, ella y yo. Dimos un rodeo para dejar a las dos primeras en el coche de una de ellas y "mi compañera" siguió conmigo a por un taxi. Pasamos por delante del portal en el que vivo y a unos metros está una de las paradas de taxi del centro (al igual que la del autobús que todas las mañanas me lleva al trabajo). Y allí me paré, sacando las llaves del bolsillo de los pantalones. Viendo que dos taxis, con sus lucecitas verdes encendidas, esperaban a sus próximos clientes. -Lo he pasado bien... hacía tiempo que no me reía tanto, y menos que sudaba así... -llevaba la camisa empapada, del baile y del calor que hacía en los locales. Y la verdad es que estaba cansado, soñoliento. -Yo también... - me dijo plantándose delante de mí. Y no fue la primera vez que me quedé mirando en esa noche a Raquel, que así se llama la compañera. Suspiré. Yo creí que menos sonoramente. -Bueno, Raquel, ahí tienes un taxi libre... ve hasta él que espero hasta que montes. Se me quedó mirando fijamente, una mirada que en cierta ocasión ya vi en otro rostro, en el pasado; y preguntó: -¿No me invitas a subir? -¿Subir...? - De verdad no sé de dónde me salió la voz de pito - ¿Quieres subir? -pero mirándola vi que iba en serio - Bueno...Metí la llave en la cerradura, ya me empezaban a temblar las manos. Y subimos... Realmente subimos en silencio los cinco pisos, yo delante y ella detrás. Llegamos arriba, abrí la puerta y le franqueé el paso. Encendí la luz. -Ésta es mi casa - dije cerrando la puerta; una tontería como otra cualquiera, para romper el incómodo silencio. Mi casa son dos habitaciones, una el cuarto de baño, y la otra el amplio salón-cocina-dormitorio. Un gran ventanal lo llena todo de luz. -Vaya, es... bonita... - dijo mientras realizaba una inspección ocular -. Oye ¿para qué tienes esa pizarra? - dijo señalando una pizarra que estaba sobre un caballete. -Para dar clases... - avanzamos hacia donde estaba el sofá. -¿Das clases? - preguntó depositando ese bonito trasero en el sofá. -Sí, me gano así un dinero extra... -¿De qué las das...? -De casi todo, matemáticas, lengua... - dije haciendo un gesto vago con la mano - ¿quieres algo de beber? ¿Una última? -Bueno... así que eres además profesor... -Sí... no tengo mucho que ofrecerte, una botella de whisky, licor de mora... o un vino blanco, que no creo yo... -Mora... así que el chico de la oficina es además maestro, - dijo en un tono suave, pensativo diría yo. -Durante el curso sí, por qué crees que no hago "horas extras" por la tarde... - busqué dos pequeños vasos de chupito en el armario de los licores, y cogí la botella. -¿Lo sabe el jefe? -Sí, - llené ambos vasos, tendiéndole uno - lo hablamos casi el primer día que me contrató, cuando supe que haría ocho horas, pero sólo tendría contrato de algo más de media jornada, le comenté esta idea y me dijo que por él no había problema... Faltaría más, ¿no? -Así que profe... - dijo, y dio un sorbo. Me senté a su lado en el sofá. -¿Qué tal se portan? -¿Los chicos? El que viene aquí sabe a lo que viene... -¡Vaya!, tipo duro... -... aunque a veces tengo que recordárselo. -Ufff... Me miró con la sonrisa bailando en sus ojos. Acto seguido dejó el vaso de chupito encima de la mesa que hay frente al sofá. Se giró, levantó un poco el vestido, y pasó una de sus piernas sobre las mías para sentarse sobre ellas. -¿Y sabes a lo que yo he venido...? - me dijo acercando su cabeza a la mía. -Algo, voy imaginando... Sus manos subieron hasta mis hombros, a mi cuello. -En uno de los cafés dijiste que hace mucho que no te acercas a una mujer, ¿es cierto? -Ahora mismo, no del todo, pero hasta esta noche, sí...Sonríe. -¿Recuerdas cómo somos?Trago saliva. -VagamenteMe besa levemente en la frente. -Bien, entonces déjame que te lo explique, déjame que esta noche sea yo tu profesora. -¿Sí? -¿Harás aquello que tu profe te diga? - inquiere con una profunda mirada. -Sí, señorita, lo que usted diga señorita. Sus manos bajan hasta los botones de mi camisa. Comienzan a desabrocharlos, uno a uno, desde el más cercano al cuello, hasta acabar con la fila. Acabado esto se levanta y se sienta junto a mí. -Ponte en pie - me ordena. -Sí, señorita - digo obedeciéndola. Me coloco en pie, frente a ella. Se adelanta en el sofá y lleva sus manos al cinto. Lo abre. -Quítate la camisa. Desabrocha el botón del pantalón. Arrojo la camisa sobre el sillón que hay a mi derecha. Baja la cremallera, del pantalón y tira de él hacia abajo. -Acaba de quitártelo, mi niño. -Sí, señorita, - digo agachándome, y sacándome los pantalones. Se fija en el bulto que se nota en los calzoncillos. Alarga la mano y lo roza por encima de ellos. Una leve caricia, lenta, suave, excitante, enloquecedora... -¡Vaya, vaya! - exclama. Sus manos se deslizan por mis caderas hasta llegar a la cinturilla del slip, la sujetan y tiran hacia abajo, deslizándolo por mis piernas. Mi pene erecto bota al ser liberado. -¡Vaya, vaya! Que poco control tenemos, Javierín - dice con una sonrisa de oreja a oreja. -Es que mi profe es muy guapa... y claro... -Ya, ya veo, cómo me idolatra mi alumno preferido. Ven siéntate aquí, - dice golpeando con la mano derecha al lado de ella. - Pero quítate los calcetines. Levanto las piernas para librarme del calzoncillo, me siento y retiro los calcetines. Dejándolos esparcidos, con el resto de la ropa por el suelo. Ella se levanta y se coloca junto a mí. -Javiercito, mírame y atiende. -Ya lo hago seño, ya lo hago. -Las mujeres somos algo diferentes... físicamente... a los hombres...La estoy devorando con los ojos. Ahí, plantada delante de mí, con un vestidito de tirantes color negro... -... tenemos dos ojos, dos orejas, una boca, dos brazos, dos piernas... como vosotros; pero tenemos también algo que os gusta mucho... - mientras habla desliza sus manos sobre le vestido, sobre sus senos, bajando hacia su cadera, deslizando una mano por las piernas y la otra por su sexo. - Mira bien Javier. Vuelve a ascender dibujando su silueta por el vestido, hasta llegar a los tirantes, desliza el uno y el otro por sus hombros, abre ligeramente los brazos y el vestido comienza a deslizarse, cada vez más deprisa hacia los pies. Delante de mí queda cubierta por un sujetador y un tanga de color lila. Deslizo mi mirada por su cuerpo... ufff. Sus manos van a la espalda, desabrochando el cierre de su sujetador. Se inclina ligeramente hacia delante, sujetando la pieza. Mis ojos no pierden detalle. La deja deslizar sobre sus brazos. Puedo ver libres los senos, el color de sus aureolas, sus pezones. La pieza llega al suelo. Se inclina más, seguida con mi vista. Sus manos se han perdido en la cinturilla de su tanga. Lo desliza por sus piernas, pero yo sigo más atento a sus senos. Se vuelve a erguir. Desnuda por completo. Levanta los pies, librándose de la pieza enredada en ellos, avanza y como hizo anteriormente, se sienta de rodillas en el sofá, sobre mis piernas. -Vamos a comenzar de nuevo la lección, Javier, que te veo muy distraído. Y haz lo que te diga; a ver si aprendes. -Sí seño... - asiento, colorado. - Pero es que mi seño está muy b... es muy guapa. -Gracias. Pero ahora estate atento. Coloca una de sus manos bajo mi barbilla, levanta mi cabeza hasta que la miro a los ojos. -Bien. Éstos - dice pasándose los dedos de la mano libre por ellos - son mis ojos. Unos ojos oscuros, profundos, negros, muy bonitos. Asiento. -Ésta es mi nariz - la mano, como antes, se desliza verticalmente sobre ella. Una nariz redondita, nada respingona, pero tampoco achatada. Vuelvo a asentir. -Estos son mis labios - un dedo se desliza por ellos, unos labios gruesos, pintados en unos tonos entre granates y morados; para finalmente entrar en ellos, y volver a salir muy lenta, sensualmente humedecido por su saliva - que forman mi boca - asiento -. Bésame. Acerco mis labios a los suyos. Me da un ligero beso. Atrapa mi labio inferior entre sus dientes. Muerde, ligeramente, sin hacer daño. Me suelta, y me empuja, con las manos sobre los hombros, hacia atrás un poco. -Y ésos eran mis dientes. -Sus manos van a su cabello -. Éste es mi pelo. Pelo negro, liso, que le llega a la altura de los hombros. -Y ahora no te me distraigas, - me dice dejando de atusar su pelo, descendiendo con las manos por su cuello -. Éste, mi cuello. Mis hombros -las manos siguen deslizándose mientras nombra su anatomía -. Mis brazos - cada mano acaricia el brazo contrario, al llegar a los hombros, vuelven a descender sus manos para pasar por encima del vientre, para luego elevarse y recoger con cada mano uno de sus senos -. Y éstos son mis dos senos. ¿Te gustan? -Sí... Como para que no me gusten... No son grandes, pero en sus manos lo parecen, de areolas morenas y ya con los pezones semi erectos. -Y ves estas zonas de color marrón, se llaman areolas, y en el centro de ellas están los pezones... - me mira pícaramente - ¿Quieres probarlos? -Sí, sí... Se adelanta alzándose ligeramente sobre sus rodillas, y con su diestra ofrece a mis labios su pezón derecho. Extiendo la lengua, rozo el pezón, lo circundo por la aureola. Acerco más mis labios; lo atrapo, deslizo sobre él la lengua mientras aprieto ligeramente los labios y los dientes sobre él. -¡Hey! - exclama arrancándome el dulce de mis labios -. No sigas, que te me vas a perder en la explicación. -Sí, seño... - digo poniendo un puchero. -Tranquilo que ya te empacharás de ellos. Me gusta cómo le baila la sonrisa en los ojos, como en este momento. Promete tanto. -Por dónde íbamos en la explicación. Ah, sí, por los pechos de una mujer. ¿Ves? ¿A que son diferentes a los de un hombre? Mírate tú - su mano se posa sobre mi pecho, enreda los dedos entre el pelo -. Tú también tienes aureolas, y pequeños pezones... y pelo - juega con él. Con su otra mano alza el seno izquierdo -. Pero ves, no son de la misma forma que los míos. -Sí...Retira con un pequeño tironcillo la mano que se enredaba en el vello. Llevándose, seguro, algunos entre los dedos. La lleva al seno derecho. Eleva ambos ligeramente, los sigo con la mirada. -No te distraigas... - desliza sus manos por su vientre y la cadera -. Éstas son mis caderas, y aquí en el centro por encima de todo este pelo - que más bien es poco y arreglado - está mi vientre. Coge mis manos y las lleva a su cadera, cada una agarrando de un lado. Me doy cuenta en este momento del calor que ella despide. Desliza unos instantes sus manos por mis brazos. Vuelve a bajar por ellos para coger mis manos y llevarlas más abajo. -Éstas son mis piernas, y al final de ellas mis pies - deja mis manos sobre sus muslos, mientras una sube para coger mi barbilla y levantar mi vista, para que la mire a sus ojos -. Te me distraes mucho, Javiercito. Sin dejar de apartar sus ojos de los míos; la mano que aún está posada sobre la mía la indica un recorrido a través de su pierna, deslizo la diestra sobre su piel, hacia la cara interior de su muslo izquierdo, sobre su ingle. Rozo con mis dedos el arreglado vello púbico. -Y esto que comienzas a tocar es mi sexo, ¿muy diferente al tuyo verdad? - asiento, sin dejar de mirarla a los ojos. Mi mano guiada por la suya, se desliza sobre sus labios vaginales, girada, desde la zona más cercana hacia atrás, mi dedo corazón sobre "la hendidura", ella lo presiona. Abriéndola. -¿Lo notas? -asiento- éstos se llaman labios vaginales, y hay dos pares, los mayores y los menores. Y por aquí -arrastra mi dedo corazón con el suyo hasta colocarlo sobre un pequeño agujero, se abre ligeramente al contacto. -Aquí está el lugar donde los hombres - suelta su mano de mi barbilla y la baja hasta mi pene, acariciándolo- queréis meter esto. ¿Comprendida la lección?No dejo de mirarla a los ojos, sintiendo la humedad sobre los dedos de mi mano derecha. Asiento. -Y una última cosilla, desliza tu dedo a través de sus labios vaginales, hacia delante, -sigo la indicación noto un bultito rugoso - y a eso se le llama clítoris, no se te olvide...Ella retira mi mano de su sexo, con la mirada, esa, en la que bailan la sonrisa, la picardía y las promesas de lo que puede ser... Me gusta esa mirada. Mi mano es elevada hacia su rostro. -Bien pues hasta aquí la teoría, y ahora tenemos que pasar a la práctica, ¿no crees?Vuelvo a asentir, con la cabeza, sin palabras. Mi dedo corazón se desliza entre sus labios, dentro de su boca. Y sigo sin poder apartar mi mirada de ese par de ojos oscuros. -Bésame. Nuestros labios se funden en un beso, largo sensual... ella atrapa mi labio inferior con los suyos; vuelve a plantar su boca sobre la mía, y a retirarse con los labios atrapando el mío. Mis manos acarician sus caderas... descienden hacia su culo, atrapando ambos glúteos con las manos extendidas... primero acariciando, luego apretando ligeramente, amasando... y vuelta a empezar subiendo hacia las caderas... El encuentro de nuestras bocas parece interminable... hasta que ella decide separarse... pero aún continuamos unidos por un finísimo y brillante hilillo de saliva. Me adelanto para besarla nuevamente... lo hago sobre su barbilla. Vuelvo a hacerlo bajando a su cuello, sobre su traquea... sobre su clavícula... -Llévame al dormitorio -me susurra. Beso sus labios. Y me retiro... me pierdo en esos ojos negros, profundos y brillantes. Nos muevo hacia el borde del sofá, Ella, se mueve, cruza las piernas tras mis riñones. Afianzo mis manos sobre sus nalgas. E intento izarnos... No consigo hacer la fuerza suficiente en el primer intento. Deslizo una mano al sofá, la otra sigue sujetándola, ella me rodea el cuello. Me doy el impulso suficiente para ponernos en pie. En pie ya, balanceo su cuerpo para acomodarla. Vuelvo a sujetar ambas nalgas. Ella busca mi boca. Volvemos a besarnos. Sus manos me atraen desde la nuca a esos labios tan brillantes. Voy dando pasos hacia la zona de la habitación donde está la cama. Pensándolos. Intentando no tropezar con nada, y seguir perdido en esa boca, y en esos ojos. Sintiendo el calor que despide su cuerpo. Sintiendo sus erectos pezones, sus senos sobre mi pecho. Sintiendo mi miembro atrapado contra su vientre en cada paso. Oliéndola... Me acerco a la cama. Al llegar al borde. Coloco mi rodilla izquierda sobre la cama y me inclino para depositarla. La deposito sobre la colcha, con la cabeza sobre la almohada aún cubierta. Sus piernas abren la presa que mantenían sobre mi cintura, apoyando los pies sobre la cama y conteniéndome aún con las rodillas. Mis labios abandonan los suyos. Las manos que rodeaban mi cuello se deslizan sobre mi mandíbula en una caricia, sobre mi cuello. En el último momento cuando ya estoy a punto de erguirme sus dedos se vuelven a entrelazar tras mi pescuezo. Sin palabras, mirándome intensamente, me guía hacia su cuerpo... Su cuello en primer lugar. Lo beso. Siento a través de los labios el ritmo de su respiración... algo agitado. Desliza su cuerpo hacia el centro de la cama, llevándome con ella, arrodillándome contra sus nalgas, conteniéndome entre sus piernas apoyadas sobre la colcha, con mis manos a cada lado de sus caderas. Sus manos me empujan. Me deslizo besando. De su cuello paso a su clavícula. De la clavícula izquierda al nacimiento de su seno izquierdo, que se eleva en una inspiración para recibirme... al derecho. Alzo la mirada, sin despegar los labios de la cálida piel. Me observa con la intensidad de su mirada. Lanzando miradas desciendo besando el seno hasta el pezón, que me recibe erecto. Alzo la vista. Lo beso delicadamente... -Muuuy bien... Javierín. Saco la lengua, mostrándosela un instante, a modo de burla por el diminutivo... y la deslizo sobre su pezón, lamiéndolo lentamente como un helado. -¡Ahhhh!Sus rodillas se cierran sobre mi tronco. Engullo el pezón, como un bebé sediento, lo succiono... en algunos momentos con toda la delicadeza de la que soy capaz... y en otros mezclando algo de rudeza, y cierta torpeza. Sus manos se han deslizando hasta mi cabeza. Sus dedos han atrapado lo que pueden de mi corto cabello y me la presionan. Hasta que deciden llevarme al otro seno. Cuando lanzo mi boca para engullirlo como un bebé vicioso, soy consciente de la agitación de su respiración, del calor aún mayor que despide su cuerpo... del mío propio. De la forma en que se levanta su pecho en una rápida y profunda respiración del momento de espera hasta que siente mi boca cerrarse alrededor de su pezón... y la verdad tengo un sentimiento eufórico... no lo debo estar haciendo tan desastrosamente mal como esperaba; que desaparece en cuando noto la dureza de pezón erecto sobre mi lengua. Lamo con ansia... poso una mano sobre el pecho libre, el erecto pezón se pierde entre mis dedos, lo amaso... por el quejido que escucho con demasiada fuerza. Sin soltar la presa de mi boca, deslizo la mano que está en el seno, bajo él, en una suave caricia. Atrapo el pezón que estoy degustando entre mis dientes. Me retiro, manteniendo una presión, el seno parece venir conmigo hasta que se libera, de mi boca, de mis dientes. Me yergo sobre ella. La imagen me parece un tanto ridícula. De rodillas, sobre la colcha. Mis muslos pegados a su culo. Sus rodillas conteniendo mi cadera. Mi miembro erecto y brillante de líquidos pre seminales entre sus piernas. Sus senos ascendiendo y descendiendo, al ritmo de su agitada respiración. La boca abierta, los labios brillantes de su saliva. Mis manos acariciando sus caderas, sus muslos. Yo y mi sentido del ridículo. Alargo mi cuerpo sobre el de ella, ladeándome. Abro el cajón de la mesilla de noche. En ella está la caja de preservativos. Abro la tapa de la caja y con la ansiedad, el nerviosismo, vuelco sobre la mesilla y el suelo el contenido. Cojo uno de los sobrecillos, para dejarlo más a mano, como si no fuera suficiente la escasa distancia. Su mano aferra mi muñeca y entonces soy consciente de lo que me tiemblan las manos. Ella se hace con el sobrecillo. Lo abre. Mis manos se deslizan por sus caderas. Mientras las suyas bajan para colocarlo. Retiran del todo la piel de mi prepucio. Y desenrollan el preservativo sobre el erecto miembro. Con el puño de su diestra cerrada sobre el pene, lo dirige hacia su vulva. Sus ojos me miran fija, intensamente. Desliza mi miembro sobre sus labios, separándolos en una caricia... se estremece al igual que yo ante esa sensación. Apuntala mi miembro sobre su entrada, guiándolo con esa mano. -Ven - me susurra. Inclino mi cuerpo sobre el suyo. Las manos apoyadas a sus costados. Mi cara frente a la suya. Mis labios sobre los suyos. Empujo. Comienzo un tranquilo, lento, y profundo movimiento de penetración. Pero... Nuestras bocas se abren. La suya exhala un suave gemido. La mía intentando respirar para contener el orgasmo que prácticamente ha llegado. Intento no moverme dentro de ella. Se me está yendo la cabeza. Aguanta. Calor sofocante. Imposible. Sus manos acarician mi cabeza, sus labios rozan mi oído. Se cierran en el lóbulo. Lo estiran. Y lo liberan en un beso. Estoy derrumbado sobre ella... aplastándola. -Lo siento... - artículo. -No te preocupes. Pero espero que no me vayas a dejar así, verdad Javierín - me susurra al oído. Meneo la cabeza ligeramente, negando que vaya a hacer tal cosa. Me apoyo sobre los codos, pegados a sus costados, me alzo. Dejo de aplastarla. -Bien. Escucha, quítate ése y vete a tirarlo a la basura y vuelve rápido. Sus manos liberan mi cabeza. Y como si me hubieran dado la señal de inicio de una carrera. Me retiro del interior de su cuerpo. Vuelo a la cocina para cumplir lo ordenado. Y al momento estoy de vuelta, pasando por el servicio y aseándome mínimamente. Con el miembro semi erecto votando con el movimiento voy nuevamente a la cama. La veo sonreír. Una palmada sobre le colchón me indica dónde debo ir. Ha retirado la colcha y se ha metido entre las sábanas, de costado. Me escurro a su lado. Se pega a mi costado, se alza sobre un codo para mirarme. -Bien Javierín, -comienza con voz melosa- Vamos a intentarlo de otra forma- su mano se posa sobre mi pecho, me acaricia suavemente... baja hasta mi vientre. Me echo sobre su cuerpo, tumbándola de espaldas en el movimiento. Los brazos a sus costados apoyándome en los codos y mis piernas entre las suyas, intentando no aplastarla. -Creo que me sé la lección seño - le digo juguetón mirándola a los ojos. Dios me pierdo en ellos. Negros, brillantes. - Este es su pelo - mis manos acarician su pelo,- sus orejas -digo bajando las manos a sus orejas, y sigo enumerando su mentón, su cuello bajo una suave caricia. Pego mis labios a los suyos, comenzamos un nuevo beso. Sus piernas han vuelto a cerrarse en torno a mi cintura. Y sus manos ya me están aferrando tras el cuello. Guiándome tras un prolongado beso empujando por los hombros en dirección a sus senos donde me apodero de tan magníficos senos, amamantándome en ellos, acariciándolos, amasándolos suavemente porque a la primera rudeza de mis manos con las suyas me refrena. Hunde mi rostro con un pezón en la boca en su seno. Y todo se repite sobre el otro. Ya no sé por donde andan mis manos, se han perdido entre su cintura, su sexo, su cuello, sus labios. Las suyas tras amamantarme de ambos senos se colocan sobre mis hombros nuevamente para empujarme hacia su vientre. Para volver a soltarme colocar los codos en el lecho e izarse, haciendo desaparecer su vientre de mi visión para contemplar su sexo humedecido. Un momento de calma. Observo el cuerpo de esta mujer bañado en sudor. Acaricio con mis manos sus caderas, su vientre, las llevo a sus muslos, a sus rodillas. Me escurro por sus piernas besando la cara interior de la derecha, acariciando la izquierda... acercándome despacio a su sexo... saltándomelo para besar la cara interior de su muslo izquierdo. Ahora la miro a la cara, antes de descender sobre su sexo. Está expectante. Y yo embriagado de su olor, mis dedos acarician el exterior de sus labios vaginales. Arquea el pecho. Aproximo mis labios a sus labios vaginales besando lentamente sin dejar de mirarla. Abre la boca. Y yo la mía para comenzar a lamer los labios mayores, besarlos, y lamer, pasear la punta humedecida por la hendidura que forman. Abrir con mis manos sus piernas, sus labios dejan al descubierto los menores, para lanzarme voraz sobre ellos. Intentando no dejar un centímetro sin atender. Besando, lamiendo, sorbiendo, culebreando con la lengua o lanzándola como si se tratase de un helado caliente. Las piernas de ella han acabado sobre mi espalda, presionando con los talones. Sus manos sobre mi cabeza conteniéndola ¿cómo si quisiera evitar que me escapase? Su clítoris se ha descubierto del capuchón de piel que lo guarda. Y si fuera un termómetro juraría que ahora mismo está ardiendo... Yo también. Me separa de ella. Es como quitar una lapa de su asidero. En sus manos hay un preservativo sin envoltorio. Busca mi pene, con la mano que está libre. Que pasa a estar ocupada. Vaya si ya estaba preparado nuevamente. Me prodiga caricias o aferra el falo con fuerza, mezcla ambas. Me masturba lenta y rápidamente. Cuando está satisfecha de la dureza que palpa enfunda mi miembro en el látex. Y como hiciera la vez anterior vuelve a guiarme. A situarme en su orificio de entrada. Presiono. Y me hundo en sus entrañas con facilidad. Comienzo lento. Apenas saliendo de su interior mínimamente para volver a enterrarme en ese volcán que es su interior. Poco a poco desentierro algo más de carne para volver a hundirme con mayor rapidez Y así poco a poco voy aumentando el ritmo. Escucho sus jadeos y sus "asís" entrecortados. Beso su cuerpo cada vez que puedo al descender sobre ella. Así sigo un tiempo hasta que me hace parar. Se escurre bajo mi cuerpo para ladearme y al final acabar yo debajo. No sé cómo lo hemos conseguido. Pero sin salirme de ella ahora me encuentro de espaldas al colchón con ella encima. Viendo cómo con su agitado respirar, pasea sus manos sobre mi pecho, mientras sus caderas comienzan un rítmico baile circular sin levantarse de su puntiagudo asiento. Se lleva sus manos a la nuca, y como si se estuviera desperezando, y sin cesar su circular baile, me muestra su cuerpo del cual no pierdo detalle. Se echa sobre mí, apoya las manos a los costados, las mías vuelan a su espalda, a su maravilloso culo, a su cuello. Exhala su aliento junto a mi oído. Y comienza un desenfrenado cabalgar. En el que siento los golpes de sus maravillosas posaderas sobre mi vientre. Siento cómo el hirviente sexo aprisiona y se desliza a endiablada velocidad sobre mi miembro. Escucho brotar de su interior la exhalación de su placer. Se abandona sobre mi pecho. Y junto a mi oído martillean sus jadeos. Su hirviente e inundado interior se contrae sobre mi miembro enterrado, con una presión que podría llegar a ser dolorosa. Mis manos acarician su espalda y mis labios buscan su cuello, huele a sudor y a cabello. Al cabo de unos instantes busca mi boca. Me besa. Y sus manos aferran mi cabeza, acaricia con la yema de sus dedos mi pelo. Comienza a mover nuevamente, su cuerpo su vientre me libera, para lentamente continuar follando, despacito, sin cambios de ritmo. Tras lo que me parece una eternidad en la gloria se levanta, y me hace sentar. Me da la espalda y se agacha para acabar colocándose a cuatro patas. Menea el culito delante de mis ojos insinuantemente. Mientras retorcida me mira. Me acerco a ella de rodillas. Su mano surge para aferrar mi pene y guiarlo de nuevo a su sexo. Bueno está decidido. Como antes sin ninguna dificultad acabo por completo en su interior. Ella comienza a poner el ritmo que desea arrojando sus caderas contra mí. Es fantástico verla así. Lanzando su trasero contra mi cuerpo para empalarse. A un ritmo lento pero constante. Viendo como se agita. Intuyendo como se bambolean sus pechos. Afianzo mis manos a sus costados y comienzo una penetración más rápida. Saliéndome prácticamente de su interior. Para hundirme totalmente en ese volcán. Sus gemidos se mezclan con mi rápida respiración. Se derrumba en un fuerte gemido sobre el colchón. Y poco después yo me derrumbo sobre ella. Sin ver, pues los ojos se me cierran por la fuerza del orgasmo. Permanecemos un rato así. Escuchando la respiración fatigosa del otro. Me retiro de su interior. Poniéndome en pie como puedo me dirijo a la cocina para deshacerme del preservativo, y al instante volver junto a ella. Acurrucarme a su lado envolverla con mi cuerpo, hundir mi cara en su pelo y sin quererlo, dormirme a su calor.

FOTÓGRAFO AMATEUR

FOTÓGRAFO AMATEUR Sus gemidos y gritos de placer sonaban como música a mis oídos, su aroma de mujer, me tenía más que embriagado en esos momentos El siguiente relato, se trata de una confidencia de un conocido mío. Hola mi nombre es Joaquín, y durante un tiempo tuve como pasa tiempo la fotografía, nada del otro mundo, en principio lo hice por sencillamente distraerme, pasar el rato. Fotografiaba todo lo que tenía a mi alcance, ustedes se lo podrán imaginar. Ya que me encuentro jubilado, mi mujer Paca, también me alentaba a diario a que tomase fotos de todo, ya que me la pasaba más tiempo en casa, mejor dicho en mi laboratorio. Pero un buen día la pille sin ropa y le tomé unas cuantas fotos semidesnuda, antes de que ella se diera cuenta. Ya que aunque tiene sus cincuenta y tantos años, tiene un cuerpo que muchas mujeres más jóvenes que ella desearían tener. Tras revelar las fotos, no se que me pasó, que enseguida fui como un niño, a mostrárselas. Paca al principio se enojó mucho conmigo, que eso eran cosas de enfermos sexuales, y pare usted de contar, las cosas que me dijo. Por lo que me desanimó, aunque para mi las fotos, modestia a parte, habían quedado estupendas, a pesar de su edad pude captar la belleza de su cuerpo, en glorioso blanco y negro. Ya que no trabajo fotos a color, a parte de que salen más caro los químicos y la técnica es diferente, mejor uno va a cualquier tienda, de foto revelado y hasta en menos de una hora te la entregan. Pero volviendo al tema, a los pocos días, mi mujer me pidió, estando en la sala, justo antes de irnos ha acostar que le volviera ha mostrar las fotos, y tras mirarlas me pidió que le dijera sinceramente que opinaba de las fotos. Honradamente le dije que para mí, eran las más bellas fotos que había tirado. Me dijo que no me burlase de ella, y le volví a repetir que en realidad para mí lo eran. En ese momento, aunque con bastante cortada y con mayor vergüenza de su parte, me sugirió que si lo deseaba le tomase más fotos. En esos momentos salí de la sala, para ir a buscar mi cámara, cuando regresé me preguntó tímidamente que debía hacer. A mi solo se me ocurrió decirle, que hiciera lo que a ella más le agradase, como medirse un vestido, o darse un baño caliente con sales aromáticas, o sencillamente peinarse frente al espejo, en pocas palabras lo que ella gustase. Ya en nuestra habitación, Paca comenzó por ir quitándose la ropa, y a medida que lo hacía yo le sacaba una que otra foto, a fin de que se fuera acostumbrando al ruido de la cámara. Cuando terminó de desnudarse, aun con bastante vergüenza de su parte, se enrolló en su toalla, y se dirigió a la tina, la que preparó para darse un caliente baño con sales aromáticas. A medida que ella se iba moviendo, de un lado a otro yo le tomaba una que otra foto. Al meterse en la tina, comenzó a relajarse, aproveché y le tomé más fotos, pero luego le indiqué que yo estaría en nuestro cuarto, que cuando fuera a secarse, lo hiciera en la habitación. Paso más o menos una media hora cuando Paca salió del baño, a medida que comenzaba a secarse continué tomándole fotos, la mayoría de ellas bastante atrevidas, ya que me centraba en su bello coño, a medida que se secaba las firmes carnes de sus muslos y las entrepiernas. Sin que yo le dijese nada, Paca se recostó en la cama y comenzó como a darse masajes en las piernas, para posteriormente de manera delicada y hasta accidental a tocar su coño. Primera vez en mi vida, que veía a mi mujer, acariciándose de la manera en que lo estaba haciendo. A medida que Paca se comenzaba a introducir los dedos en su coño, desde luego que yo me iba poniendo más y más caliente. Pero fue como si entre ella y yo en eso momentos hablásemos sin palabras, casi la podía escuchar decirme. Déjame disfrutar de esto, un rato más. Toma las fotos que quieras, pero no me detengas. Las que desde luego seguí tomando, para mi mayor disfrute. Me encantó el verla como introducía no tan solo ya sus dedos, sino casi la mano entera dentro de ella, al tiempo que se quejaba y gemía de placer, divinamente. Su cuerpo se movía, de un lado al otro sobre nuestra cama. Al punto que ya no me pude aguantar, y dejando mi cámara a un lado, me tiré sobre el desnudo cuerpo de Paca, que se encontraba con todas las piernas bien abiertas, y las rodillas ligeramente dobladas, presentándome su coño, que prácticamente chorreaba, su mano salía y entraba de su lubricada vulva una y otra ves, como invitándome a que estuviera con ella. Al tiempo que me deshice de la cámara, casi arrancándome la ropa. Los botones de mi camisa, volaron por los aires. Lo primero que hice fue poner mi boca directamente sobre su mojada vulva. En medio de todo Paca se sorprendió, al igual que yo. Ya que teníamos muchos años, que no hacíamos locuras como esas. Ya saben, los hijos, luego los nietos, y un sin fin de cosas más. Pero en esos instantes, como les dije yo también me sorprendí, de lo que estaba haciéndole a mi mujer. Como un desesperado comencé a lamer su coño, concha, chocho, cuca, crica, panocha. Como quieran llamarla. Al tiempo que Paca continuaba moviendo, sus caderas y restregándome su vulva contra mi rostro. Sus gemidos y gritos de placer sonaban como música a mis oídos, su aroma de mujer, me tenía más que embriagado en esos momentos. Cuando Paca alcanzó uno de sus orgasmos, colocó sus manos sobre mi cabeza, restregándomela con fuerza contra su vulva. Una ola de placer recorrió todo mi cuerpo, tenía tiempo que no veía que mi mujer disfrutase tanto, como lo estaba haciendo en esos momentos. Cuando me incorporé sobre mis rodillas, por unos segundos observé su rostro. Una picara y lujuriosa sonrisa, apareció en su faz. Como dándome luz verde, para que continuase. Sin pensarlo más, dirigí mi erecta verga a su divino coño. Sentí como la iba penetrando con gran facilidad, al tiempo que Paca movía sus caderas hacía el frente y hacía atrás. Mi rostro todo mojado por mi propia saliva y sus líquidos vaginales, lo dirigí a sus bien formados y hermosos senos, los que me he puesto a chupar y morder suavemente, sin desespero. A medida que la penetraba y sacaba mi verga de su húmedo y caliente coño, Paca comenzó a decirme que le diera más y más duro. Como cuando éramos jóvenes, y recién casados que hacíamos de todo en la cama. Mi Paca en esos momentos se encontraba tan borracha por el sexo como lo estaba yo, por lo que no me extraño mucho, el escucharla pedirme que le diera por de tras. Era algo que hacíamos con cierta frecuencia, hasta no hace muchos años, Pero cuando se fue suspendiendo su regla, como que lo fuimos dejando de practicar. Por lo que en la misma posición en que nos encontrábamos, saqué mi verga de su coño, y tomándola por los tobillos, levante un poco su cuerpo, y dirigí mi caliente miembro contra sus bellas y bien formadas nalgas. Aunque Paca se quejó un poco por el dolor, fue ella misma la que casi me rogó que continuase. Cosa que hice, con todo placer y gusto de mi parte. Yo cada vez que estaba a punto de venirme, dentro de su sabroso culo, me detenía, y ella con una de sus manos me agarraba y apretaba los testículos con fuerza. Para de esa manera, ambos disfrutar más, de esa fogosa relación. En par de ocasiones más, cambiamos de posición, hasta que tanto ella como yo, alcanzamos el clímax más divino que en años habíamos tenido. Todavía hoy por hoy, mi mujer le encanta el que le tome fotos, en los más raros lugares, cuando podemos hacerlo completamente a solas, y yo lo disfruto enormemente. De paso no se molesten en pedirme copias, ya que soy por naturaleza, sumamente egoísta en lo que respecta a eso. PD. Los personajes de Joaquín y Paca son reales, así como el hecho en sí. No son sus verdaderos nombres, desde luego. Por accidente, mientras estaba de visita en su casa, vi unas cuantas de esas fotos, en su laboratorio. Cuando le pregunté, al respecto. Un poco cortado, me explicó ligeramente lo ocurrido en esos momentos, sin tanto lujo de detalles. El resto es creación de la mente de Narrador. Atentamente Narrador...

Loli da clases particulares

Loli da clases particulares Gracias por los correos que he recibido, que me animan a seguir contando mi activa vida sexual como profesora madura y muy sensual. Gracias por los correos que he recibido, que me animan a seguir contando mi activa vida sexual como profesora madura y muy sensual. El caso es que en uno de mis anteriores relatos Javi y su madre nos habíamos entrevistado en mi casa para proponerme que le diera unas clases particulares. (Podéis leerlo buscando en el índice correspondiente a mi e-mail, los relatos que he publicado). Pepa, su madre, resultó ser una mujer muy caliente, como yo, insatisfecha y deseosa de sexo con mujeres o con hombre, incluso con su hijo, al que enseño el secreto supremo del más conspicuo sexo duro. Yo ya había comenzado el curso en un instituto cerca de mi casa, donde conocí a la directora he hicimos amistad enseguida (véase el relato correspondiente). Por las tardes, al llegar a casa me preparaba algo para picar y luego esperaba que subiera a las 7 de la tarde Javi. El chico era aplicado, y como dije en otra ocasión, muy guapo, deportista, y físicamente muy preparado para las maravillosas artes amatorias. Buen pene y mucho aguante y resistencia a la eyaculación, en fin, lo que todas las mujeres deseamos en un buen amante. De todas formas la primera hora era sagrada y dedicada a la cultura clásica. Estabamos dedicados a analizar algunos capítulos destacados de ese gran libro de la literatura universal 'El Quijote'. Dedicamos la tarde a leer y entresacar lo más destacado del capítulo en el que a Sancho se le convence para que que se dé o haga dar tres mil azotes para que Dulcinea quede desencantada. Nos reímos un buen rato por las ocurrencias de este gran escritor, Cervantes. -Bueno Loli, me encanta cómo me explicas lo que estudiamos, y me haces amar los libros y la literatura, pero ¿por qué no descansamos un poco? -De acuerdo pero tienes muy cerca los exámenes de septiembre y tenemos que dedicar a los estudios un poco más de dedicación, mentalízate o si no, no los aprobarás. -Vale profa, pero ahora quiero tomar un refresco y que me cuentes cosas de ti. -No tengo mucho que contar, estoy un poco cansada con las clases de hoy porque tengo una clase un tanto difícil. Son al menos 50% de repetidores y son ya chicos y chicas mayores, de unos 18 años, más o menos como tú. Son un poco difíciles de tratar porque si les das confianza es peor, no sé, noto que me miran un poco raro. -A lo mejor es porque como te gusta vestir de esa manera, tan provocativa... A mí me cuesta horrores concentrarme teniendote ahí con esas medias negras y esa minifalda. En serio, no te rias, es muy difícil pensar en Cervantes cuando tienes delante ese par de tetas agarradas por ese sujetador de encaje negro. -No exageres, eres un adulador, ¿cómo te voy a atraer a ti y chicos como tú? Si soy una abuelita para vosotros. -Loli, no digas eso, estás buenísima y lo sabes. Mira cómo me tienes, si me van a explotar los pantalones. Eres una mujer con experiencia y eso es lo que los de mi edad necesitamos, porque somos nuevos en esto del sexo y estamos un poco confundidos. Por eso me pone tanto cuando lo hago con mi madre, que también es una viciosa como tú, con perdón. Las chicas de mi edad son solo bollicaos, muy buen cuerpo pero no saben hacerte que disfrutes, son meras receptoras de penes, pero son pasivas, no tienen ni puñetera idea de cómo hacer que se vuelva loco un chico. -La verdad es que puede que tengas razón que la experiencia es un grado, y en cuanto a lo de viciosa, ya te daré yo vicio..ja, ja. Me senté a su lado en el sillón grande, rozando mis piernas con las suyas. Su paquete estaba en plena erección. Se notaba que mi escote y minifalda que se había subido lo suficiente para dejar a la vista mi tanga negro semitransparente, estaba haciendo efecto inmediato en su pene. Y eso que no era la primera vez que me veía desnuda. Puso sus manos en mis rodillas, acariciandome por encima de mis medias, buscando los ligueros. -Loli, eres la profesora más preciosa que conozco. Me vuelves loco y quiero follarte aquí mismo. -Javi, es mejor que sigamos con 'El quijote' No podemos hacerlo cada tarde, qué pensará tu madre que cada tarde nos pilla en plena faena en vez de estudiando. Dirá que no me gano en sueldo que me paga. -Lo que dice es que estás muy buena y que es una suerte que vivas aquí, cerca de nosotros. Que te desea tanto como yo y que estaría chupandote el coño cada día. Los dos creemos que te ganas muy bien el sueldo y que si quieres podemos subirte un poco la paga para que nos dediques un poco más de tiempo. Al fin y al cabo, si te dedicaras a ser puta de gente importante o que conoces ganarías mucho más y tienes un cuerpo perfecto para hacerlo. -Eres un adulador y mientras me hablas tu vas a lo tuyo, a desnudarme y a meterme la mano en mi vagina. Es mejor que estudiemos. -Loli, lo que yo quiero es estudiar tu anatomía, que me vuelves tarumba, no pienso más que en venir a tu clase y luego follarte hasta reventar. Eres como una droga para mí y ahora mismo necesito mi dosis de hoy. No paraba de darme placer y caricias sobre mi tanga, acariciando mis vellos púbicos, y buscando la manera de que me mojara antes de introducir su mano directamente en mi coño. Sus labios bajaron a mi cuello, y seguían mordisqueando mi piel, mis tetas se excitan con facilidad y ya las había liberado, cada vez lo lograba con más rapidez, era todo un experto. Su lengua chupaba mis pechos, mis aureolas rosadas y enormes. Mis pezones eran grandes y duros a estas alturas de la excitación. Yo ya no podía resistirme porque me había llevado a ese estado de no retorno en el que no me quejaba no le pedía que me dejara, más bien, mis jadeos, y movimiento pelviano era clara indicación de que me moría porque me follara y dejara relajada del duro trabajo de ese día. Era mi medicina, mi alivio, sentirme querida y deseada por un jovenzuelo que me volvía loca, que me llevaba a cimas del placer que no recordaba. Mis manos habían comenzado a bajarle a su vez sus pantalones que bajaron junto con los slip, pues con el sudor se habían pegado y su pene saltó disparado, en su máximo explendor. Me acercó a sus piernas para que le montara a caballito, le pasé mis piernas por detras de su espalda y me fui sentando sobre su pene, de manera que mi coño se iba introduciendo en su pene lentamente, a medida que yo iba teniendo sensaciones placenteras a cada momento. Mis sentidos estaban a 1000 muy sensibles y excitados. La respuesta de ese gozo no se hizo esperar, mis flujos corrían por mis labios vaginales y lubricaban el contacto con el pene de Javi. Yo dirigía ahora las acometidas, subía y bajaba a voluntad, mientras él me succionaba los pechos con verdadero deleite. Sus manos me acariciaban la espalda desnuda y bajaban hasta mis nalgas que al parecer le excitan muchos porque las amasaba con rabia mientras gemía y suspiraba acercándose a su climax deseado. Yo llevaba en la gloria ya un tiempo, dosificaba mis acometidas para que mi clítoris se rozara a mi gusto con su pene, subía y bajaba ahora rápido ahora lento, estaba chorreando del elixir del placer, mis orgasmos se encadenaban y ya no recordaba si me había corrido cuatro o cinco veces cuando sonó el timbre de la puerta. -Yaaaa, vamossssss. ¿Quién es? -Soy, Pepa, supongo que sigue estudiando Javi. -Síí, estamos estudiando, enseguida te abro. Desmonté a mi querido vaquero, y me puse una bata transparente. -Hola Loli, es que mi marido se acaba de ir y yo sola me aburría, así que quise subir a ver si aprendía algo yo también, si la profesora no lo tiene a mal. Me decía esto mientras me daba un beso húmedo en mis labios. Venia vestida de una bata rosa que apenas le cubría nada, más bien lo contrario era muy excitante porque se le veía todo su cuerpo. No llevaba sujetador, así que sus enormes pechos firmes y duros abultaban lo suyo en el borde superior de la batita. Lo que más resaltaba eran los grandes pezones que se le ponían a Pepa cuando se excitaba o cuando esperaba una buena corrida. Eran como pequeños meñiques. Yo los tenía grandes pero los de Pepa no eran de este mundo. Era una auténtica potranca del sexo. Que pena de marido, lo que se estaba perdiendo. Cómo pueden ser tan tontos algunos hombres. Lo que también se veía bajo la bata eran unas medias negras de seda y encaje amplio floreado en la parte superior y sujetas con una portaligueros en su cintura. Las braguitas eran minúsculas, negras y apenas dejaban nada a la imaginación pues sus pelos coñiles sobresalían por arriba y a los lados. Todo ello coronado con unos zapatos altos de aguja, negros y muy eróticos. -Vaya, qué guapa, parece que fueras de fiesta. Espero que no te hayas encontrado a nadie por el pasillo. -Mira Loli, creí que a estas horas no vería a nadie pero el vecino del quinto bajaba por la escalera y casi le da un infarto al verme así. Luego me sonrió muy amigablemente y me dijo que cualquier cosa que necesite solo tengo que pedirselo. Ja, ja, ja. Sabes, es bastante guapo y creo que es médico, así que, si algún día queremos algo, lo que sea, una nueva fantasía.... -Anda pasa, tu hijo y yo habíamos acabado de estudiar y para relajarnos... -Mamá, qué buena estás!! no te había visto ese modelito antes. Anda ven a mi lado. -Hijo, pero si tienes la polla a punto de explotar. Qué te estaba haciendo la mala de Loli? -Mamá, dame de esas tetas tan geniales que tienes, quiero volver a recordar las mamadas que me pegaba de chico. -Toma teta mi niño, y tú Loli, chúpame el coño que lo tengo todo mojado y te voy a mojar el suelo, pedazo de zorra. Excitada por la escena, me tumbé desnuda en el sofá y Pepa puso su coño jugoso y peludo sobre mi cara, mi lengua jugueteó con sus labios mayores y menores y luego persiguió toda su raja en busca y captura de su clítoris morado y erecto por el deseo que sintió al ver que estabamos en plena faena, maestra y alumno. Mientras yo trabajaba los bajos, Javi le succionaba los pezones hasta hacérselos enrojecer, incluso le extrajo un líquido semitransparente que no creo fuera leche ni calostro pero sí producto de la tremenda excitación a que estabamos llegando esos días. Con las manos libres Pepa le cogía el pene a su hijo y le subía y bajaba el pellejo circundante hasta logran su tamaño pleno y que sus venas se marcaran como no le había sucedido antes. Con la otra mano le tocaba y acariciaba los testículos, con pequeños masajes y pellizcos que le hacían rebuznar como el asno de Sancho Panza, parando y apretándolos cuando notaba que se iba a correr y eso frenaría la excitación de todos y el orgasmo compartido que estabamos gozando. Seguimos así un buen rato hasta que en plenos gritos y jadeos de los tres sonó mi móvil. Tuve que levantarme y dejar que madre e hijo siguieran retozando en la alfombra no sin dejarme libre de placer sino mientras contestaba, Pepa me metía un dedo en mi coño y lo movía en círculos penetrantes y helicoidales. -Sí, soy yo Loli. Ahhhh! Estoy en casa, es que como te conté doy una clase particulaaaaar. No es nada. Estoy bien. Mañana te cuento en el insti Isabel. Vale, hasta mañana, cielo. Era Isabel, la Directora del instituto en el que trabajo. Me interesa la opinión de mujeres maduras que se sientan reflejadas o quisieran tener experiencias como las mías. Un beso.

LO QUE NO ME IMAGINABA ESA NOCHE

LO QUE NO ME IMAGINABA ESA NOCHE LO QUE NO ME IMAGINABA ESA NOCHE Despues de bañarme y jabonarme todo el cuerpo, bailo delante de mi Hace poco tiempo relativamente, que me divorcié. Sencillamente por consentimiento mutuo, tan es así que mi ex y yo se puede decir que tenemos una excelente amistad, solo que ya francamente no nos soportábamos. Por lo que vivo solo desde hace algún tiempo, como soy comerciante, abro y cierro mi negocio, cuando se me antoja, cosa que por lo general hago bastante tarde, y luego me voy a caminar un rato, me tomo unas cervezas, hasta que se me da la gana de ir al apartamento que tengo tras el negocio. En una de esas caminatas, ya cuando estaba por entrar a mi apartamento, observo lo que de primera impresión me pareció una joven escondida tras unos barriles que uso para recoger la basura, minutos antes había visto unas cuantas patrullas de esas que llaman perreras, por lo que pensé que estaban practicando una redada por el área, cosa rara que suceda por donde yo vivo, ya que aunque mi negocio es de suplir herramientas de construcción se encuentra ubicado en una zona comercial y residencial buena. La chica al verme trató de ocultarse, yo de todas maneras como seguro mató a confianza, me llevé la mano a la cintura donde porto por lo general mi pistola, una Walter PPK 765, o mejor conocida como un nueve corto. Para subir a mi apartamento, tengo que pasar frente a los pipotes de basura, antes de hacerlo, le dije a la persona que se ocultaba, que saliera con las manos en alto. Casi de inmediato, salió tras los barriles una hermosa chica con sus brazos en alto, un poco más alta que yo, de abundante cabellera rubia, aunque de color de piel morena aceitunada, delgada, con muy buenas curvas, vestida con una pequeña mini falda de color negro, y una pequeña chaquetilla roja que apenas y le cubría sus esplendorosos y grandes senos, y dejaba su plano vientre y su lindo ombligo adornado con un arito de plata ante mis ojos. De uno de sus brazos colgaba una pequeña cartera pequeña, de color plateada. Al terminar de ponerse de pie al lado de los barriles de basura, la luz que ilumina la entrada de las escaleras de mi apartamento le dio en el rostro, sencillamente bella, fue lo que pensé, tratándose de una caminadora, o mejor dicho de una puta. Al terminar de levantarse, lo primero que me pidió fue que no la entregase a la policía, que ella nada más se ocultaba para que no la llevasen presa, casi hasta llorando me pedía que la dejase ir, y volvía a repetirme que nada más se ocultaba, que no pensaba hacerme nada. Cuando la escuche hablar de verdad se me partió el corazón, ya que en ocasiones por la prensa y por boca de más de un policía, me he enterado de las cosas que pasan esas muchachas, cuando llegan a ser arrestadas, aparte de obligarlas a quitarse toda la ropa, en ocasiones las violan y hasta las ultrajan más de un uniformado. Sin soltar mi arma, caminé hasta la entrada de las escaleras, viéndola detalladamente de arriba a bajo, le pregunté que estaba haciendo, y me vino con el cuento de que era estudiante, y se encontraba en una fiesta, en casa de una amiga, pero como no le agradó la gente que estaba decidió irse y pensó que podía encontrar un taxi que la llevase hasta su casa, cuando vio ese montón de patrullas por todas partes y le dio miedo, por lo que se ocultó en ese lugar. Yo mientras la escuchaba pensé, ésta puta me vio cara de inodoro, y piensa que me voy a tragar toda esa mierda que esta diciendo, de ser estudiante y todo lo demás. Pero como entendí que no me podía hacer nada, le dije que bajase los brazos, y que si quería se podía quedar oculta, hasta que el supuesto taxi llegue a buscarla, o que la policía la encontrase. Pero que si lo prefería podía subir a mi apartamento, y esperar tranquila a que las patrullas se marchasen. Ella pareció pensarlo detenidamente por unos momentos, y cuando ya estoy por cerrar la puerta de mi apartamento, veo que con rapidez sube por las escaleras, al levantar la vista observo que una patrulla comenzaba a rondar por el otro lado de la calle. Ya dentro la observé con más detenimiento, y como tenía un largo y ardiente verano, pensé que lo menos que esperaba esa noche, era que bien podía acostarme con ella, mientras esperaba que pasase el peligro. Pero no le dije nada, esperando a ver como ella actuaba. Al cerrar la puerta, ella de inmediato se asomó por las persianas de mi apartamento, y justo en el sitio donde se ocultaba se paró la patrulla, los policías se bajaron caminaron por los alrededores, y luego se volvieron a montar en su patrulla para continuar con la ronda. Para ver como reaccionaba le dije, bueno ya te puedes marchar que los policías de seguro no vuelven a pasar hasta dentro de una hora más o menos. Pero ella poniendo cara de tragedia me preguntó si podía esperar a que llegase el otro día, y en ese momento dijo las palabras mágicas, soy capaz de hacer cualquier cosa que usted me pida, si me deja dormir aquí. Yo como si pensara en la oferta que me había realizado, me serví un trago seco de ron, entré en mi habitación guardé el arma y mi cartera en la caja fuerte que tengo oculta en el closet. Regresé a la sala y mientras tomaba asiento en mi butaca preferida frente a mi televisor, le pedí que fuera más descriptiva, en cuanto a que se refería con eso de cualquier cosa. Cuando escuchó mi pregunta, tomó asiento en una de las sillas del comedor y cruzando sus largas piernas dejándome ver claramente sus lindos muslos, y parte de sus nalgas, puntualizó con voz melosa. Me refiero a cualquier cosa. Yo siguiendo el hilo de la conversación, le dije que me diera algún ejemplo. Ella desde la silla donde se encontraba sentada, delicadamente se llevó su dedo índice de la mano derecha hasta sus labios, y colocando su boca como quien va a dar un beso comenzó a chuparse de manera lenta y tan particular ese dedo, que no me quedó la menor duda a que se refería con eso. Luego lo sacó de su boca, y me comentó, pero para ello me gustaría ante todo, lavarte. Ya realmente me estaba excitando su manera de hablar como de comportarse, y sin más rodeos le dije, mira negra vamos hablar claro, yo no pensaba esta noche tener nada, pero ya que tu estas aquí y dispuesta a todo vamos a meter mano ahora mismo. Diciendo es me comencé a levantar de mi sillón, pero la gata tenía otras ideas, así que se levantó de la silla antes que yo, y con mucha agilidad se colocó frente a mí, pidiéndome que no me levantase. Yo permanecí sentado, esperando que pensaba hacer ella. Sin mucho protocolo, dirigió sus finas manos a la cremallera de mi pantalón y con gran facilidad extrajo mi verga semirrecta, por unos segundos jugueteó con ella entre sus dedos, la vio detenidamente antes de comenzar a meterla dentro de su boca. Yo disfruté en esos instantes, de esa soberana mamada, que la chica me estaba dando. Pero mi intención era hacer algo menos pasajero, por lo que no deseaba venirme dentro de su fina boca en esos momentos. Pero justo antes de que yo agarrase mi verga con la mano, ella la sacó del todo de su boca, y se levantó del piso. Dirigió sus dedos a los botones de mi camisa, y comenzó a soltarlos uno a uno, pasando sus manos por sobre mis pechos, y jugueteando con los vellos de mi pecho. Me fue sacando la camisa hasta que me la llegó a quitar del todo. Posteriormente se dedicó a soltarme los pantalones, y acariciando mis piernas muslos y verga me los fue quitando lo mismo que el interior que cargaba puesto en esos momentos, hasta que me quedé únicamente con mis medias y zapatos puestos. Los que de inmediato retiró también de mi cuerpo, quedando yo del todo desnudo ante ella. Sin perder tiempo traté de darle un buen agarrón de nalgas, pero ella con esa gran agilidad, lo evitó. Pero me tomó del brazo y me preguntó donde era el baño. De verdad que tenía unas ganas locas de saltarle encima, pero algo en su manera de comportarse me detuvo, y le enseñe donde se encontraba el baño, al llegar me propuso que ella quería darme un baño como nunca antes me lo habían dado, de verdad pensé en mandarla al carajo, y llevarla para la cama, pero decidí seguir con el juego para ver no mas que pasaba. Ella agarró una pequeña toalla y comenzó a pasarla llena de jabón por todo mi cuerpo, el que una joven como ella hiciera eso, me comenzó a gustar hasta el momento que sentí sus dedos entre mis nalgas, y le dije que lo dejase así, pero ella en tono de broma me dijo, no te preocupes que no te voy hacer nada, pero con todo y eso le dije que prefería que no lo hiciera, y centró su atención en mis bolas y verga. Auque cuando menos lo esperaba me volvía a pasar sus manos por mis nalgas, para continuar luego enjabonándome la verga y los muslos. Como también me enjabonó el pecho, las axilas, el cuello, en fin todo el cuerpo. Posteriormente, retiró todo el jabón de mi cuerpo, para con otra toalla dedicarse a secarme. Al finalizar de secarme, me pidió que me volviera a sentar en mi sofá, mientras que ella prendió mi equipo de música y mientras sonaba comenzó a bailar frente a mí. Lentamente se comenzó a quitar parte de su ropa, primero la chaquetilla roja, luego la pequeña blusa semitransparente que usaba y dejaba ver casi con toda claridad sus bellos y redondos senos, por un buen rato jugó con ellos restregándolos contra mi rostro, al tiempo que yo comenzaba a masajearme la verga a medida que ella se quitaba la corta y pequeña falda negra que usaba. En esos momentos, la verdad que estaba a punto de saltarle encima, pero quería ver como se quitaba las pantis frente a mí. Pero cuando tras darme la espalda y quitárselas, cuando se volteó con sus piernas bien juntas, vi una cosa rara. En realidad no era una chica, sino un tipo. Al verlo y darme cuenta que lo que tenía entre sus piernas no era lo que yo esperaba, me levanté con ganas de darle un buen coñazo y partirle la cara, pero como que adivinó mis intenciones, y con gran agilidad corrió al otro lado de la mesa. Yo estaba que si lo agarraba creo que lo mataba, y pensar que casi hasta lo he llegado a besar, cuando me pasaba sus enormes tetas por la cara. En eso con esa voz que me había embaucado me dijo, si quieres un escándalo, me pongo a gritar como una loca y salgo corriendo desnuda para la calle, y cuando llegue la policía les digo que me querías violar. Bastante encojonado, y deseando caerle a golpes, me puse a pensar en lo que me había dicho, y aunque ya no tengo mujer, no sería bien visto el que un maricón me acusase de eso, la policía, los vecinos, mis familiares que pensarían cuando la noticia llegase a la prensa, por que así son las cosas. Aun bastante molesto, le ordené que se vistiera y saliera de mi casa. Pero el o ella en fin lo que sea, me preguntó de manera bien sensual, mientras me mostraba su hermoso culito, sino deseaba probarlo, o prefería que me continuase dando una buena mamada a mi verga, y mientras decía eso ponía su boca de mamadora profesional y se chupaba uno de sus dedos con bastante gusto y placer. Lo encojonado se me fue pasando, a medida que, bueno ella me mostraba sus bellas y bien formadas nalguitas. Las movía de lado a lado como mostrándome lo que me podía hacer en la cama. Yo para tranquilizarme un poco nuevamente me serví otro trago de ron, y "ella" se me acercó ocultando su verga con una de sus manos, al estar a mi lado, se tiró nuevamente al piso, y comenzó a jugar con la punta de sus dedos con la cabeza de mi verga, la que de la impresión de darme cuenta de que se trataba de un hombre, se me desinflo. A los pocos segundos, ya me estaba masturbando con sus dedos y luego comenzó a pasar su lengua por sobre la cabeza que no piensa, entre esas lambetadas y las buenas chupadas que me fue dando, mi verga volvió a resurgir, poniéndose nuevamente erecta y dura dentro de su boca. Yo creo que estaba a punto de venirme cuando de manera rápida me templó las bolas, y nuevamente comenzó a mamar. Eso lo hizo en par de ocasiones, mientras que yo, no se creo que sin darme cuenta de lo que hacía realmente, le comencé acariciar sus redondas y perfectas tetas. Después de un rato me preguntó que sino prefería que fuéramos para la cama, para que le comiera el culo. La verdad en ese momento ni siquiera pensé que se trataba de un trasformador quemado, lo que en gran parte yo veía era ese hermoso par de grandes y redondas tetas, y un hermoso culito respingón, al que deseaba caerle a palo. Sin pensarlo mucho me levanté de mi sillón, y tomándola por una de sus finas manos, la llevé hasta mi dormitorio. Digamos que ella, se acostó boca abajo, y colocó unas cuantas almohadas bajo su vientre, pero antes se untó en todo el centro de su hermoso culito una crema que sacó de su pequeña cartera plateada. Yo me coloqué a su espalda, arrodillado tras ella, y con mi mano dirigí mi verga directo al centro de sus nalgas, las que ella mantenía separadas con sus propias manos. Por unos pocos segundos, le pasé la cabeza de mi verga por sobre el centro de su apretado hueco, para luego comenzar a presionarla contra su carne, asombrado vi como lentamente mi verga se desaparecía dentro de su parado culo, hasta que mi cuerpo y el suyo se pegaron, a medida que se lo estaba metiendo, gemía como una verdadera mujer, por un corto instante me quedé tranquilo, hasta que eso, comenzó a moverse de lado a lado. Yo por mi parte metía y sacaba mi verga, y para hacerlo o sentirlo mejor le agarré ese enorme par de tetas que tenía, de las que me sujetaba con fuerza al tiempo que se lo empujaba por ese sabroso culo. En mi vida había disfrutado tanto de un polvo como hasta esa noche, la verdad es que nunca llegué a comerle el culo a mi esposa, pero esa noche el placer era infinito. Cuando finalmente acabe del todo dentro de su culo. Quedé bastante cansado, y me quedé me tendido boca arriba, a un lado de su cuerpo. Al poco rato se levantó y se fue al baño donde escuché correr el agua del inodoro, y luego la de la ducha. Cuando regresó, con una toalla húmeda, me limpió la verga, y cuando menos lo esperaba me la volvió a mamar. Sentía como su lengua jugaba con mi glande, de cuando en cuando me chupaba las bolas, y de repente siento que divinamente me ha lamido mi propio culo, pero hasta ahí llegó eso, le pedí que continuase mamando la verga únicamente, hasta que me hizo acabar nuevamente. El resto de la noche creo que me le dormí encima, al día siguiente preparó rápidamente un suculento desayuno, por que cuando me levanté el o ella se encontraba del todo vestida, me pidió que le llamase un taxi pero le ofrecí llevarla hasta su casa en mi auto. En el camino, me dijo llamarse Ursula, pero cuando me iba a decir su verdadero nombre le pedí que se callase. En una que otra ocasión hemos vuelto ha estar juntos, ella sigue con su mala costumbre de querer tocarme las nalgas, pero mientras me lo siga mamando y moviendo el culo como lo hace, no me molesta.

LA QUITA NOVIOS

LA QUITA NOVIOS LA QUITA NOVIOS Esa tarde escondidos tras una de las dunas, yo permanecía con mis piernas abiertas cuando él comenzó lentamente a penetrarme con su cosa, por unos instantes sentí una pequeña molestia dentro de mi vulva, resultó ser que Jacinto en esos momentos me quitó la virginidad. Mi amiga Julia y yo, nos conocíamos desde que las dos estudiábamos, en el colegio parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria. Ella desde bien niña fue siempre muy voluntariosa, contraria a mi manera de ser, que siempre he sido más llevadera. En infinidad de ocasiones la vi, como le coqueteaba a los novios de otras chicas, solo por darse el gusto de quitárselos. Ya estando en nuestro último año en el colegio, antes de entrar a la universidad. Me hice novia de Jacinto, no me preocupé en lo más mínimo de que Julia me lo fuera a quitar. Para empezar no era de su agrado ni del tipo de chicos que a ella le gustaban, Jacinto no era el capitán del equipo de fútbol ni de baloncesto, sus padres era personas muy humildes y la verdad que Jacinto no tenía nada que le llamase la atención a Julia, o por lo menos eso pensaba yo inocentemente. Un fin de semana que fuimos a un pasadía en la playa, Jacinto y yo nos perdimos por las dunas. Mi novio me besaba apasionadamente, y yo al igual que él me encontraba bastante excitada, por lo que cuando me insinuó que tuviéramos relaciones, no lo pensé, de inmediato le dije que si. Así que ocultos tras una de las dunas, Jacinto me soltó la parte baja de mi traje de baño de dos piezas. Con sus manos guió su miembro directamente a mi vulva y comenzó a penetrarme divinamente, esa fue la primera vez que él y yo manteníamos una verdadera relación sexual, ya en ocasiones previas, él me había estado tocando con una de sus manos metiéndola bajo mi falda y acariciando mi clítoris, cuando nos besábamos en el cine, o yo lo había masturbado dentro de los terrenos del colegio. Hasta en más de una ocasión le había chupado su miembro, que para mi era de lo más normal, ya que no tenía medios para compararlo con otros, para esos momentos. Esa tarde escondidos tras una de las dunas, yo permanecía con mis piernas abiertas cuando él comenzó lentamente a penetrarme con su cosa, por unos instantes sentí una pequeña molestia dentro de mi vulva, resultó ser que Jacinto en esos momentos me quitó la virginidad. Pero luego entre los dos disfrutamos como locos de lo que estábamos haciendo. Al principio me mantuve con las piernas bien abiertas recostada sobre la arena. Pero a medida que el introducía y sacaba su pene de mi cuerpo, yo lo fui apretando con mis piernas, mientras nos seguíamos besando y abrazando salvajemente. Después de un buen rato me pidió cambiar de posición, lo que yo acepté gustosa. Extrajo su miembro de mi vulva, y me coloqué de espaldas a él. Jacinto me tomó por las caderas y nuevamente me volvió a penetrar de manera divina por mi coño. Desde ese día casi lo hacíamos diariamente, hasta que me volvió a bajar la regla. Yo pensé que eso sería motivo para que Jacinto y yo por unos cuantos días nos estuviéramos de tener sexo, y por bocona se lo comente a Julia. Mi amiga me dio una clase completa de lo que era el sexo anal, y hasta me describió con lujo de detalles todo lo que pasaría y hasta lo que pudiera llegar sentir. Al día siguiente cuando vi a Jacinto y le informé que tenía la regla, él puso una cara de tristeza y desaliento que me partió el corazón. Por lo que haciéndome la tonta, le pregunté si no se le ocurría otra cosa que no hubiéramos hecho, poco me faltó decirle que me lo metiera por el culo. Cuando Jacinto tímidamente me propuso, que me dejase dar por detrás, para su gran sorpresa acepté de inmediato. Gracias a mi amiga Julia, que me propuso esa tarde a solas en su casa, que me dejase meter por un corto rato, uno de sus juguetes por detrás, estuve preparada. Al ella y yo estar por terminar me dijo de manera sarcástica, no te hagas ilusiones que de seguro el pobre Jacinto no le llega ni a la mitad a esto que tienes metido ahora. Fue cuando de tonta nuevamente y bocona le pregunté si se había dado cuenta de lo largo de los pantalones cortos de mi novio en la playa. Ella a manera de burla dijo, es que el pobre es tan y tan pobre que no tiene para comprarse un verdadero traje de baño. A lo que yo bastante orgullosa y tontamente le dije, que la verdad era que como lo tenía tan grande y grueso, le avergonzaba que se le fuera a salir. Desde ese momento, Julia no perdía oportunidad de preguntarme por Jacinto, y que cosas habíamos estando haciendo. Un día me propuso que los dejase vernos teniendo relaciones, yo le había dicho que no, pero nuevamente atacó mi amor propio diciéndome, que la verdad era que Jacinto lo de día tener como un lápiz usado flaquito y corto, y durante varios días, se la pasó vacilándome preguntándome por mi lapicito. Hasta que no pude más y le dije que esa noche Jacinto y yo iríamos a bailar al club, que de seguro me invitaría a pasear por el mirador y que hay en su auto como de costumbre tendríamos nuestra fiesta privada. En efecto fuimos al club, y en el estacionamiento del mirador nos pusimos a tener relaciones dentro de su auto. Yo estaba algo nerviosa, hasta que vi el rostro de mi amiga pegado al cristal del auto de Jacinto, sus desorbitados ojos eran muestra más que suficiente, para que yo supiera que estaba bastante impresionada por el miembro de mi novio. Cuando nos volvimos a ver al día siguiente, me preguntó asustada como le podía hacer yo, siendo tan chiquita soportar una cosa tan grande y gruesa como la de Jacinto. Pero después de eso no me volvió a tocar el tema. Pero Jacinto comenzó a portarse diferente, ya no me buscaba como al principio, ni se interesaba en tener relaciones conmigo, por lo que me comencé a preocupar de verdad. Fue cuando charlando con Dora otra de mis amigas, me dijo. Te voy ha decir algo, pero no digas que te lo dije yo. Al escucharla decir esas palabras, me imaginé que me hablaría de mi novio. Tras tomar una buena bocanada de aire, Dora me dijo sin más rodeos. Jacinto y Julia se entienden. Una vez que la escuché decir esas palabras, no me hizo falta que me aclarase nada. Ya yo misma, me lo sospechaba. Pero no había tenido el valor de aceptarlo, y mucho menos preguntárselo a mi novio. Así que tras llorar como una loca, mi amiga a tono de consuelo me dijo. Sí tu quieres los puedes agarrar juntos ahora mismo, al escucharla de inmediato le pregunté donde. Dora me volvió a pedir encarecidamente que no dijera que era ella quien me lo había dicho tras lo cual, me indicó que lo más probable era que se encontraran en el mirador. Ya que mucho más temprano escuchó casualmente a Julia hablando por teléfono diciendo que le encantaría ir nuevamente al mirador. Ese día por suerte buena o mala, mi madre me había dejado su auto para que yo realizara algunas gestiones relacionadas con mis estudios. Por lo que no lo pensé dos veces y me fui al condenado mirador ese. Apenas estuve bastante cerca, vi el auto de mi novio o mejor dicho, del que era mi novio. Me estacioné a cierta distancia y caminé hasta ellos sin hacer ningún ruido. Cuando me asomé por una de las ventanas del auto, vi a la puta de Julia chupándole la verga a mi novio. Fue cuando lo escuché a Jacinto decirle a ella. Date por vencida, por mucho que lo trates no le das ni por los tobillos a Mari Luz, o sea yo. En ese instante que pensaba abrir la puerta del auto y darle una paliza a Julia, me detuve. Jacinto de inmediato dijo. No se por que Mari Luz te mandó a ti si no puedes aguantarme un solo polvo por el culo. Al parecer cuando Julia lo escuchó decir eso como que se molestó, y para demostrar que Jacinto estaba equivocado se sacó la inmensa verga de mi novio de la boca, y se puso de espaldas a él, mostrándole el culo. Jacinto como no es un santo empuño su cosa y la colocó entre las nalgas de mi amiga. Comenzó a presionar cuando ella comenzó a gritar como una desesperada. Pidiendo que se lo sacase, pero Jacinto continuó haciendo una de las cosas que más le agradaban. Mientras que yo me moría de la risa. A diferencia mía, Julia por lo visto no podía aguantar la enorme cosa de mi novio. Lloraba pataleaba, gritaba como una demente, pidiendo que se lo sacara. Para mi sorpresa Jacinto se lo sacó, pero terminó de masturbase sobre Julia derramando toda su caliente leche sobre las adoloridas nalgas de ella. Al terminar le dijo, se que engañantes a Mari Luz y a mi. Tras decir eso prendió el auto, por lo que yo me retiré de inmediato. Al llegar al auto de mi madre, me di cuenta que Jacinto la había sacado de su auto a Julia la que estaba toda desnuda sentada sobre la brea del camino, un poco más adelante vi como mi novio tiraba las prendas de ella por la ventana. Julia se incorporó sobándose las nalgas, y asustada o por miedo a que otras personas la vieran sin nada de ropa se dirigió a recoger sus prendas. Fue cuando moví el auto de mi mamá y me detuve exactamente sobre sus ropas para después acelerar y ensuciárselas con las gomas del auto. Julia se dio cuenta de que era yo, pero se quedó callada, recogió su ropa y como pudo se vistió, después de eso regresé a casa. Al día siguiente Jacinto pasó por mí y yo actué como si nada supiera, fue cuando detuvo el auto y de inmediato me pidió que lo perdonase, y sin que se lo pidiera me explicó todo lo que sucedía. Julia supuestamente le presentó a su padre, y este le ofreció un buen empleo a mi novio, pero al finalizar de hablar con el padre de Julia, esta le dijo en secreto que deseaba hablar con él. Jacinto aceptó, por lo que en varias ocasiones lo citó, pero no le decía nada hasta que finalmente lo amenazó que si no se acostaba con ella, le diría a su padre que no lo emplease. Por ese motivo la llevó al mirador. Lo demás yo misma lo escuché. Jacinto y yo estamos viviendo juntos, de Julia no hemos sabido nada nuevo aparte de que se encontró con la horma de su zapato, un chulo vividor.

LA NOCHE DE BODA

LA NOCHE DE BODA LA NOCHE DE BODA La inexperiencia de una novia Desde que tengo conciencia y uso de razón, siempre escuché a mi madre decirme. Los hombres son de la calle y las mujeres de la casa. Por buena parte de mi vida de joven adulta, acepté eso como una ley, al igual que otras falsas ideas. Aunque en el fondo me molestaba, que hasta mis hermanos menores hicieran lo que les venía en gana, y para todo el mundo eso estaba bien. Mientras que a mí, sí por alguna razón justa y valedera, llegaba cinco minutos tarde a la casa, después de salir de la escuela. Prácticamente me mataban a insultos, gritos y malos tratos. Entre otras cosas y por otras razones, me casé muy joven. En el fondo después entendí, que lo hice por salir del hogar de mis padres. Donde la que se suponía era mi madre y me apoyase, un poco por lo menos, resultaba ser la persona más dura conmigo, pero siempre protegiendo a mis hermanos. Tan pobre o mala era nuestra comunicación que cuando llegué a mi noche de bodas, la verdad es que no tenía la menor idea de lo que me esperaba. Sí algunas de mis amigas me habían comentado algo, además en la clase de puericultura, unos años atrás, ligeramente se tocó el tema por la maestra, que era una monja, se podrán imaginar las cosa que nos dijo, sobre las relaciones sexuales, pero las más importantes fueron las que no nos dijo, de seguro. Cuando Renato mi primer novio y esposo llegó a la habitación del hotel, junto a mi, lo único que escuché decirme fue. Ponte cómoda. Yo estaba bien asustada, sin idea de que hacer, por lo que me senté en la cama y me puse a llorar. Renato al verme así, se me acercó me comenzó a pasar la mano por la espalda, o por lo menos eso pensaba yo, la verdad era que me bajaba el cierre de mi vestido. Sin decir nada me comenzó a besar, al principio suavemente, pero a los pocos momentos se volvió como loco. Lo que me asustó más todavía. Yo apenas y pude preguntarle que le pasaba, y lo único que me dijo fue quítate la ropa. La verdad que eso me asustó más y más me puse a llorar. Renato como que se molestó, y a la mala comenzó a desvestirme, a pesar de que yo me trataba de oponer. Prácticamente me rompió mi traje de novia, en su afán de quitarme la ropa. Mientras que yo entre bastante confundida y asustada, no hacía otra cosa que tratar de ocultar mi semidesnudo cuerpo, mientras seguía llorando, y preguntándole que le sucedía, ¿Qué si se había vuelto loco? Renato sencillamente me agarró y me tiró sobre la cama, y aunque lloré pataleé y creo que hasta traté de morderlo y arañarlo, me arrancó las pantaletas. Mientras que él con casi toda su ropa puesta se me tiró encima. Con sus piernas y manos me obligó, a mantener las piernas abiertas, cuando sentí su miembro forzando la entrada dentro de mi vulva. Me sentí ultrajada, impotente de poder defenderme a mi misma, con miedo a que me golpease, en fin se lo podrán imaginar. Cuando finalmente a la fuerza logró meterme su cosa, sentí un dolor interno, casi como un ardor, sus manos me sujetaban las mías y su boca me besaba a la fuerza. Después de eso me di por vencida, y Renato comenzó a introducir y sacar su miembro de mi cuerpo. No les voy a decir que después de un rato creo que comencé a sentir algo agradable, pero mi temor, la vergüenza y el malestar era tal. Que no creo que lo haya disfrutado, para nada. Por un buen rato se dedicó a hacer eso hasta que luego comenzó a moverse con mayor fuerza y rapidez, hasta que finalmente se quedó quieto. Al poco rato se levantó de la cama, se fumó un cigarrillo, se debe haber lavado, me supongo y salió de nuestra habitación. Yo me quedé, no se por cuanto tiempo acostada sobre la cama llorando, con mis piernas abiertas, lamentándome de lo que había pasado. Como pude me levanté, me dolía todo por dentro. Creo que por sentido común me fui a bañar, fue cuando me di cuenta de que sangraba, no era como cuando tenía la regla, realmente no era tanto, pero me dolía mucho. Después de sequé sin saber que hacer, me puse mi ropa de dormir y me acosté todo eso sin dejar de llorar. Hasta que de seguro me quedé dormida. Al día siguiente al despertarme encuentro a Renato acostado a mi lado, durmiendo como un maldito. Cuando me sintió que me vestía, se despertó, diciéndome. Tremenda noche la de anoche. Espero que las demás sean iguales. Eso me dejó más confundida. Al bajar a desayunar, mientras que estábamos en la mesa, se nos acercó una pareja mayor que por lo visto conocían a mi marido, el señor se fue con Renato después del desayuno con la idea de rentar un bote, mientras que Judit su esposa se puso a charlar conmigo. Debido a mi estado me fue difícil el disimular y apenas pude me puse a llorar. Gracias a Dios que conocí a esa señora, al darse cuenta de lo afectada que yo estaba, se puso a charlar conmigo, cuando terminé de hablarle me dijo. Mira hija anoche lo que te pasó fue que tu marido te violó, y no por malo sino por bruto de seguro. Durante el resto del tiempo que las dos charlamos me explicó, lo que ni la monja ni mi madre, me habían dicho. Hasta me dijo que hacer y como hacerlo. Después de eso, las cosas en la cama, entre Renato y yo, cambiaron totalmente por completo, ahora la que mas gozo soy yo....

INFIDELIDAD PROVOCADA

INFIDELIDAD PROVOCADA INFIDELIDAD PROVOCADA Todos los dias invariablemente haciamos el amor con mucha pasion, empezabamos en la cama y terminabamos tirados en la alfombra Conoci a la que durante dos años vivio conmigo, ella tenia 19 de edad, morenita, 1.58 de estatura, delgadita, con unos pechos muy grandes, talla 36 b, en ningun momento podiamos correr juntos, pues le botaban como pelotas, por eso solo caminaba a mi lado. Desvirgarla me llevo como tres sesiones, aun no viviamos juntos, y cuando estabamos solos nos besabamos apasionadamente, la desvesti, le bese todo el cuerpo, la excitaba demasiado, hacerle el sexo oral fue una delicia, abri sus piernas, miro mi verga y lo primero que penso segun me dijo despues, fue "a poco todo eso me vas a meter" . acerque mi pene a su vagina, abri con mis manos sus labios, puse el glande en su cueva y empuje despacito hasta donde aguantara para no lastimarla, y alli me paraba. La tercera ves fue cuando entro completamente, su desvirgada no fue dolorosa, disfruto muchisimo, solo al final su Mirada se perdio por la ventana, su cuerpo, su amor, todo, desde ese momento seria totalmente mia. Al mes aproximadamente se fue a vivir conmigo, yo vivia solo en la parte superior de la oficina donde laboraba. Todos los dias invariablemente haciamos el amor con mucha pasion, empezabamos en la cama y terminabamos tirados en la alfombra, probamos todas las posiciones, era una mujer manejable, disfrutaba todo lo que le hacia, y le encantaba terminar encima de mi en la posicion de caballito, al mismo tiempo que la penetraba le besaba sus pechos grandes y deliciosos que daban a mi cara, mientras mis manos tomaban sus nalgas y mi verga la penetraba hasta al fondo. En la oficina trabajaba un muchacho de 19 años, Moreno , alto, Delgado, se encargaba de hacer la limpieza, ir a dejar depositos al banco, se llevaba bien con ella, mientras yo trabajaba abajo en la oficina, el subia a platicar con ella, arriba solo era un cuarto sin puerta, baño y cocina, asi que la cama era donde se podia sentar uno mas comodo, como si fuera un cuarto de hotel. Todo empezo una ocasion, cuando me dijo estando en la cama, que le habia visto como tenia parada su verga el, como si le fuera a salir del pantalon, y que le llamo mucho la atencion, y mi primer pregunta fue: y te gusto?, me dijo que si, a partir de ese momento paso a formar parte de nuestras relaciones, cada que lo haciamos, le decia que si le gustaria que se la cogiera el, al principio me decia que no, pero yo le insistia, y cuando le tenia mi verga dentro, mis palabras eran: andale perra asi dejate coger, siente como te mete su vergota el, disfrutala asi, asi putita, te gusta que el te coja verdad? Di que si, y ella: si quiero ,asi cojeme y mencionaba su nombre, meteme tu vergota, y me decia que la insultara, y de puta y perra no la bajaba, hasta que nos veniamos juntos. Pero al terminar, me decia que no le hiciera caso a lo que decia, que no lo haria, que solo me amaba a mi, que no sabia lo que haria si algun dia me llegara a ser infiel. A veces nuestras relaciones eran de mucho amor, sin insultos, pero la idea de que se la cogieran seguia pasando por mi cabeza. Siempre la vesti provocativa, llamaba la atencion de mis amigos cuando la llevaba al futbol, pero la idea que el se la cogiera seguia dandome vueltas. Una ocasion invito a su amiga para salir juntos con el, abajo en la oficina habia otra recamara, nosotros nos subimos y los dejamos solos, no sin antes decirle que subiera para darle un condon. A sabiendas que subiria desvesti a mi esposa, solo la deje con su calzon de hilo dental blanco, lo hice a un lado y la penetre suavemente, solo para darle tentacion a el , aunque ella me decia que no, que la cobijara, yo no le hice caso, y al llegar vio la escena, solo dijo: hey que hacen?, le di el condon y le dije que no dejara de usarlo. Despues el le conto a mi esposa que no habia usado condon porque se le habia roto y yo le dije a ella si se le rompio es que asi lo debe de tener de grande, para que se le antojara, tambien me conto que habia sido su primera vez, en eso vi la expresion de la cara de ella y le pregunte, te hubiera gustado ser la primera verdad?, me dijo que si. Luego le pregunte, oye y que dijo tu amiga?, dijo que lo tenia muy grande y gordo, que le dolia, que lo sentia hasta la garganta y que ya queria que terminara, te dieron celos?, si, fue su respuesta. Sabia que cada momento ella lo deseaba mas, pero a mi era al que me amaba, y no podia serme infiel, asi que una tarde, como muchas, el subiria a platicar, asi que un poco antes saque un libro donde venian fotos de posiciones sexuales explicativas, la bese, la desnude toda, la calente, pero no la penetre, tenia que dejarla a punto para cuando el subiera, y asi fue, les dije que llevaria la ropa a lavar, se quedaron solos, el horario de oficina era hasta las 7, dieron las 7:30 y me llamaron por la extension telefonica, que si ya lo ibamos a dejar, porque yo lo llevaba a su casa casi todos los dias. Al subir vi el nerviosismo de ambos, ella se puso roja, pero se veia feliz, discretamente le pregunte a ella mientras el colocaba la cortina del baño: lo hicieron verdad?, me dijo que si. Lo fuimos a dejar, regresamos, y le dije que me contara,mientras nos estabamos besando. Me dijo: estuvimos viendo el libro en la cama,estaba muy caliente y pregunto que si todo eso haciamos nosotros, le dije que si, que si queria le enseñaba, y entre broma y broma, me subi en el, lo bese, mis nalgas sentian su verga aun con mi pants puesto, parecia que reventaria su pantaloon, tomo mis nalgas por encima del pants, (para eso mientras me platicaba, nosotros estabamos haciendo lo mismo) , luego se calento tambien tanto, que se paro y me dijo: bueno yo no respondo, tu lo quisiste, se desabrocho su pantalon de mezclilla, se los quito, su camisa tambien, y al bajar sus calzones salio una verga morena hermosa que me asusto, era muy grande y gorda, mas que la tuya, me quito el pants, yo no traia calzones, abri mis piernas y se monto encima de mi, asi melo metio todo, tenia razon mi amiga lo senti hasta mi garganta, pero lo estaba disfrutando muchisimo, no senti nada de dolor, luego lo voltie y me subi encima de el metiendome toda su verga, cabalgue a mi ritmo. En ese momento mi verga estaba dentro de ella y le dije: asi te cogio mi amor, si asi asiiii, dime por favor que yo soy el, llamame por su nombre, si asi cojeme jack, te encanta mi verga?, si, me amas?, si te amo jack, de quien seran tus nalgas ,tuyas mi amor, llamame con su nombre, tuyas jack, te dejaras cojer todo el tiempo por el? Si . le chuparas la verga? Siiii , dime que me amas, te amo jack, te amo, me voy a venir, quieres que me venga contigo, ? si por favor,vente jack, te amo, te los voy a echar adentro, si damelos todos, y en ese momento tuvimos un orgasmo delicioso juntos. La bese , le dije que la amaba, la abrace, la acaricie dulcemente y le pregunte que es lo que mas le habia gustado de el, pense que me responderia que su verga, pero me contesto que su boca, que los dientes los tenia como luis Miguel. Haganme favor. Esa fue la realidad de esa primera infidelidad que provoque y fue la mas excitante que tuve. Cualquier comentario, favor de escribirme a:

LA SORPRESA QUE ME DIO IVANA

LA SORPRESA QUE ME DIO IVANA LA SORPRESA QUE ME DIO IVANA Entramos y ya en el living comedor comenzó la acción, Dario e Ivana se abrazaron salvajemente y comenzaron a saborearse como si nadie mas hubiera en esa habitación Hola a todos, soy Joaquín de argentina y tengo 43 años, voy a contarles lo que empece a vivir con Ivana Ibañez, mi nueva abogada. Desde que Ivana resolvió el asunto de mi divorcio (si no lo leyeron, pueden leer mi relato anterior), y desde que descubrí en ella a una puta perfecta estamos pasando mucho tiempo juntos. Tomamos la costumbre de encontrarnos dos o tres veces por semana, ir a comer, y después... bueno, casi todas esas noches terminábamos cogiendo en algún hotel y pasando noches maravillosas. Les cuento que Ivana tiene 29 años, mide aproximadamente 1.65, es rubia y tiene un cuerpo muy generoso, nada de eso cuerpo flacos, hay de donde agarrar, es rellenita, tiene un culo delicioso y unas tetas que a simple vista funcionan como un imán, todos los ojos se fijan en ellas. Además de ser una abogada de primera línea, Ivana es un puta genial y con muchas fantasías, una noche, después de haber cogido de lo lindo, me pregunto si no me gustaría asistir con ella en busca de acción, le dije que si, entonces ella me pidió que dejara todo en sus manos, que la Proxima salida, seria ella la que organice todo. Acepte y durante los tres días que no la vi, me quede pensando cual seria la sorpresa que estaría preparando Ivana. Llegado el momento, fui donde ella me indico, nos encontramos en un bar muy lindo de la zona de recoleta, yo fui, como a ella le gusta, con el jaguar, adora pasear en ese coche. Primero, fuimos a comer y después, fuimos donde ella me guío, llegamos a un boliche que a simple vista parecía normal, no había nada que lo hiciera parecer distinto al resto, sin embargo lo era... Pedimos algo para tomar y nos pusimos a bailar, mientras bailábamos Ivana me pregunto si me gustaba una de las chicas que estaba en el boliche, le dije que estaba muy buena, pero parecía tener unos treinta y pico de años, y de elegir, prefería que fuera mas joven (ya saben, me atraen las chicas jóvenes!) entonces ella me respondió que aunque me gustara, a ella no le gustaba el hombre que estaba con esa chica, ahí comprendí todo, era un boliche swinger, yo le seguí el juego a Ivana, mientras seguíamos bailando un flaco se acerco a Ivana, aprecia tener no mas de 25 años, se pusieron a charlar durante unos minutos, acto seguido Ivana me presento ante Dario (así se llamaba el muchacho) como su marido. Unos instantes después Dario nos presento a Carla, según el, su pareja. Nos pusimos a charlar muy amenamente entre los cuatro, en un determinado momento, Ivana me pregunto si me agradaba Carla, no lo dude ni un segundo, Carla tenia 22 años, llevaba un pantalón blanco que dejaba ver una bombacha blanca y dimuta, tenia lindas tetas, un escote bien pronunciado y un rostro angelical, dije que si. Nos pusimos a bailar y en movimiento muy rápido Dario tomo por la cintura a Ivana, que se dejo llevar, Carla se acerco a mi, se puso delante mío a bailar, me pregunto la edad, le conteste con temor que tenia 43, su rostro se ilumino, me dijo que miles de veces había soñado con estar con alguien de mi edad, para mi sorpresa, me dijo que no aparentaba tener 43, Carla era divina, hasta sabia como halagarme... en un momento tuve la intriga de saber si era la primera vez que hacia algo así, me dijo que si, que su novio (Dario) la había convencido, pero que no pensaba que podía ser tan agradable... mientras conversábamos, note como Ivana y Dario ya estaban bastante mas avanzados que nosotros, estaban sentados y matándose a besos. Entonces la tome por la cintura a Carla, se dejo llevar, me acerque a su boca y la bese muy lentamente, fue un beso suave, profundo y prolongado. Al terminar de besarnos, Carla me dijo que besaba muy bien, de pronto Dario se acerco y nos pregunto si estabamos listos para ir a un lado un poco mas tranquilo...Ivana, estaba muy excitada con su chico y se le notaba. Salimos, fuimos yo y Carla en mi coche e Ivana y Dario en el coche de el, fuimos a la casa de Dario, era una casa vieja, remodelada en el barrio de Palermo. Entramos y ya en el living comedor comenzó la acción, Dario e Ivana se abrazaron salvajemente y comenzaron a saborearse como si nadie mas hubiera en esa habitación, debo confesar que me quede medio paralizado, me senté con Carla en un sillón, mientras Carla me comentaba lo que la excitaba la situación Ivana ya estaba dedicándose a la verga de Dario, que no era muy grande que digamos, cosa que me dio mas ímpetu, fue entonces cuando Carla me dijo que no me habíamos ido ahí para mirar, me volvió a besar esta vez mas salvajemente, yo comencé a tocar sus piernas, su cadera, sus tetas... que tenían los pezones tan duros, entre tanto Carla comenzó a tocar mi bulto, noto un tamaño interesante y me pregunto si podía ver esa cosita que asomaba bajo mi pantalón..., me pare delante de ella, ella me quito el cinturón, bajo el cierre, mis pantalones cayeron, bajo mi slip y pudo recién entonces contemplar toda mi verga..., estaba bien grande y caliente, me encanta ver como la mayoría de las mujeres se asombran por el tamaño de mi verga, Carla no fue la excepción, me la agarro con su mano derecha y comenzó a masturbarme, unos instantes después me la empezó a chupar, no les puedo explicar lo bien que la chupaba esa pendeja...una delicia!!! Mientras Carla me la chupaba gire mi cabeza y pude ver a Dario dándole a Ivana por el culo!!!, me excito tanto verla, no podía creer lo que disfrutaba Ivana cuando se la dan por el culo, Carla seguía chupándomela y halagándomela, me preguntaba si toda esa verga se iba a ser para ella y cosas por el estilo que me calentaban todavía mucho mas, Carla se incorporo, se fue quitando la ropa de a poco, muy sensualmente, primero la musculosa, después se dio vuelta y se fue bajando el pantalón dejando ver una colita maravillosa, la tome por la espalda besándole el cuello comencé a masajearle ese precioso par de tetas, le besaba y le chupaba el cuello tan eróticamente que sus pezones se pusieron como dos rocas, con mi mano derecha fui bajando por su pancita, deslice mi mano por dentro de su bombacha blanca y llegue a su concha...era bastante peludita, pronto ya estaba tocando el clítoris, sintiendo la humedad que la habitaba, mientras la tocaba ella no dejaba de resfregar su culo contra mi verga, era fascinante la situación con Carla, además del placer que nos estabamos proporcionando estaba el maravilloso espectáculo que nos brindaban Ivana y Dario, el pendejo a pesar de no tener una gran verga debía de coger muy bien por que Ivana gritaba desesperada...solo como ella sabe. Le quite a Carla la bombacha, la recosté en el sillón y la penetre muy suavemente, estuvo de maravillas, me moví, primero muy lentamente, aumentando el ritmo de acuerdo a los gemidos de mi pendeja...cogimos sin parar durante un buen rato, no tardo mucho en acabar, a los pocos minutos fue mi verga la que acabo y la que derramo blanco semen sobre las tetas de Carla, casi sin descansar la di vuelta, la puse en cuatro patas y le pase la punta de mi verga por la puerta del su culito, Carla se dio vuelta y me detuvo, me dijo que tenia miedo, que nunca lo había hecho por el culo, mi tamaño la asusto, obviamente que no la obligue, creo que se sintió culposa y comenzó a chupármela, mientras lo hacia Ivana se acerco hasta nosotros y le dijo a Carla que ella si quería mi verga en su culo, se puso en cuatro y yo me acerque hasta ella, se la puse como a ella le gusta, de a poco pero con firmeza, otra vez el living estaba inundado con los gemidos de Ivana, Carla comenzó a masturbarse, Dario comenzó a hacer lo mismo, los dos se estaban masturbando ante nosotros, mientras tanto, yo seguía dedicándome al precioso culo de Ivana, le di con todas mis fuerzas, a Ivana las tetas le bailaban endiabladas por el ritmo que le estabamos dando a esa maravillosa cogida. Habremos estado así durante unos treinta minutos, mi verga ya estaba sintiendo el trajín que ese culo me daba, de pronto sentí unas terribles ganas de acabar, Ivana como buena puta, me pido que aguantara un poquito mas, así lo hice, aguarde unos instantes, apenas ella me dijo que estaba por acabar, le dije que lo haría por ella, en ese instante pude ver a Dario acelerar el ritmo de su paja, en el mismo instante que yo llenaba el culo de Ivana con estocadas se placer Dario acabo y lanzo todo el semen sobre el cuerpo de Carla que yacía recostada en el piso, desvanecida por tanto placer. Fue maravilloso, nos levantamos como pudimos y nos bañamos, tomamos algo y al rato nos fuimos con Ivana, yo, aprovechando el idilio que había creado en Carla le pedí un teléfono, ella me lo dio, sin que Dario se diera cuenta, a pesar de todo lo que había gozado, me había quedado con las ganas de romperle el culo a esa pendeja preciosa. Mientas volvíamos en el auto, Ivana me pregunto si había disfrutado de su idea, le dije que mucho y que esperaba repetir cuando ella quisiera, la deje en su casa y yo me fui a tomar unas cervezas a un local que estaba lleno de putas, aunque no lo crean, no me lleve ninguna otra puta a la cama esa noche... creo que son los años... en otra época de mi vida, no hubiera dudado ni un instante... Bueno amigos y amigas, hasta aquí llega este relato, espero que haya sido de su agrado, ya que yo la pase muy bien esa noche y también la pase muy bien escribiéndolo y recordando. Les mando un saludos a todos y ya saben, cualquier duda, comentario o lo que ustedes deseen lo pueden hacer a

Made by miab and sexhistorias.startspace.com
Hosting by: MPlay.nl
This website contains 13 link.
Suggest a site!